Refugiados republicanos en Francia en marzo de 1939. Foto de Robert Capa

¿Cuántos republicanos se exiliaron realmente de España? Las cifras que no cuadran con la ley de nietos

Este análisis histórico estima en unos 170.000 los españoles que permanecieron en el exilio tras la Guerra Civil. Argentina, Cuba y Brasil presentan los mayores contrastes entre los refugiados que acogieron y las actuales solicitudes de nacionalidad española

Desde que Isabel Durán planteó en El Debate el potencial impacto electoral de la Ley de Memoria Democrática y su disposición adicional sobre la adquisición de la nacionalidad española, también llamada ley de nietos (ley 20/2022 de 19 octubre de 2022), mucho se ha hablado del sentido de la ley y de las posibles irregularidades o sospechas del proceso, pero poco de la raíz del problema, es decir, del volumen real de exiliados.

Según publicó la página oficial del Palacio de la Moncloa el 19 de septiembre de 2025, desde la entrada en vigor de la ley se había concedido la nacionalidad española a 237.145 personas. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores, a 31 de marzo de 2026 las inscripciones en el Registro Civil Consular eran 306.500 y, apenas dos meses después, a finales de mayo, el número ascendía a 333.696 inscripciones. Si se mantuviese la evolución desde mayo de 2026 a finales de octubre, debería haber ya 400.000 nacionalizaciones realizadas por dicha disposición de la ley.

Cuadro tomado del Informe 25/CEU CEFAS: Españoles en el extranjero, censo electoral exterior y Ley de Nietos de octubre de 2026, bajo la dirección de Joaquín Leguina y la coordinación de Alejandro Macarrón

Según la página oficial de la Moncloa, el 95 % de las solicitudes proceden de Hispanoamérica. De ellas, el 40 % procede de Argentina, el 12 % de Cuba y el 11 % de Brasil.

La población española al final de los años treinta del siglo XX era de unos veinticuatro millones, mientras que su descendencia ronda los cuarenta y dos millones, es decir, nos hemos multiplicado por 1,75. Sin entrar en disquisiciones de carácter numérico o demográfico, suponiendo dos generaciones posteriores con natalidades similares a las de España, resulta difícil alcanzar multiplicadores significativamente superiores a siete u ocho descendientes por exiliado.

Desde un punto de vista histórico, las cifras de nacionalizaciones resultan sorprendentes cuando se comparan con el volumen estimado del exilio republicano por países que se expone a continuación.

Las cifras del exilio permanente de posguerra son muy controvertidas, como ocurre con casi todas las relacionadas con la guerra civil española. Historiadores como Alted, Tuñón de Lara o Llorens sitúan el número de exiliados permanentes entre 200.000 y 300.000 personas. Sin embargo, estas cifras suelen presentarse como estimaciones generales y con frecuencia no se acompañan de una reconstrucción detallada de los flujos migratorios que las justifican.

Cuadro tomado del Informe 25/CEU CEFAS: Españoles en el extranjero, censo electoral exterior y Ley de Nietos de octubre de 2026, bajo la dirección de Joaquín Leguina y la coordinación de Alejandro Macarrón

Otros autores, como Francisco Olaya (La gran estafa de la Guerra Civil, 2004), elevan el volumen hasta el medio millón apoyándose en documentación inmediatamente posterior a la Guerra Civil. Un estudio muy preciso y ampliamente documentado es el realizado por Javier Rubio (La emigración de la Guerra Civil 1936-1939, 1977), que cifró en 162.000 los «emigrantes políticos permanentes». No obstante, este último trabajo presenta ciertas limitaciones y carencias a la luz de la información disponible medio siglo después de su publicación.

Con los datos disponibles hoy, puede proponerse una estimación global de exiliados permanentes en torno a 170.000 personas, de los que la mayor parte se establecieron definitivamente en Francia y en Hispanoamérica, quedando un pequeño contingente en la URSS.

A efectos de este trabajo, se consideran exiliados permanentes únicamente aquellos españoles que continuaban residiendo fuera de España a finales de la década de 1940. Este criterio excluye a quienes regresaron durante la guerra o en los años inmediatamente posteriores y permite minimizar dobles contabilizaciones derivadas de desplazamientos sucesivos entre Francia, América y otros destinos.

Llegada de refugiados republicanos del campo de Argelès-sur-Mer al campo de Le Barcarès, marzo de 1939

De los más de seiscientos mil refugiados que cruzaron la frontera, según Albert Sarraut, ministro del Interior francés, en marzo de 1939 había aún cerca de 450.000 en Francia (Journal officiel. Débats parlementaires de la IIIe République, 15 de marzo de 1939). Sin embargo, en diciembre del mismo año quedaban solo 140.000, pues la mayoría había regresado a España (Sarraut ante la Asamblea, Journal officiel, 14 de diciembre de 1939). De estos últimos, parte viajó a América y otros regresaron voluntariamente a España en los años cuarenta.

En cualquier caso, el dato más sólido para Francia es de 125.000 exiliados en 1949, conforme a los datos del INSEE (Institut national de la statistique et des études économiques de Francia). Este número incluye a más de 30.000 españoles que pasaron clandestinamente a Francia tras el año 1945 y fueron reconocidos como refugiados, aunque se podría cuestionar su condición real de exiliados.

Un pequeño colectivo de altos cargos del Partido Comunista, junto a un reducido grupo de militares de filiación comunista y pilotos que estaban en cursos de formación en la Unión Soviética, permaneció en la URSS.

El dato más preciso sobre los exiliados en la Unión Soviética nos lo aporta el Archivo Histórico del Partido Comunista de España, que considera que 4.221 personas quedaron en la URSS. Esta cifra incluye 2.895 «niños de la guerra» que se trasladaron a Rusia durante la Guerra Civil. De todo este colectivo, al menos 166 murieron combatiendo durante la Segunda Guerra Mundial (según el Centro Español de Moscú). Por lo tanto, podemos afirmar que unos 4.000 españoles permanecían todavía en la URSS a finales de los años cuarenta.

Exiliados republicanos desembarcando en Orán el 30 de marzo de 1939

El exilio en otros países de Europa tuvo una escasa dimensión tras el traslado a España de la mayor parte de los «niños de la guerra» acogidos en países europeos tras reclamarlos los gobiernos de Franco.

Tras Francia, el principal destino del exilio republicano fue Iberoamérica, donde Javier Rubio propone una cifra de 30.000 españoles desplazados a causa del exilio, si bien, con base en la documentación hoy conocida, se puede considerar una cifra al alza próxima a los 41.000.

Este colectivo se desglosará a continuación, pues es el que tiene mayor impacto en las nacionalizaciones derivadas de la llamada ley de nietos. Según la información oficial, más del 95 % de las solicitudes de nacionalización las están tramitando personas que alegan ser descendientes de exiliados que llegaron a esta región.

Nada más terminar la Guerra Civil, solo tres países iberoamericanos aceptaron la recepción masiva de exiliados enviados por las organizaciones oficiales republicanas. Fueron México y Chile, por la proximidad ideológica de sus gobiernos con el Frente Popular español, así como la República Dominicana del dictador Trujillo, que aceptó exiliados a cambio del pago por recibirlos.

El principal destino del exilio republicano en América fue México. La razón fundamental fue el alineamiento ideológico y el apoyo que el Gobierno de Lázaro Cárdenas prestó a la causa republicana. Gracias a esta política favorable, las organizaciones republicanas del exilio (SERE y JARE) pudieron organizar el traslado de más de veinte mil refugiados.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (INEGI), el número de exiliados establecidos en México fue de aproximadamente 25.000 personas, incluyendo a los 456 «niños de Morelia» trasladados en 1937. También incluye 327 refugiados enviados por la Organización Internacional de Refugiados (OIR) tras la Segunda Guerra Mundial (la OIR fue el origen de la actual ACNUR de la ONU).

En 1939, Argentina rechazó la llegada masiva de exiliados, ya que el posicionamiento del Gobierno de Ortiz era de carácter conservador, por tanto, más próximo al régimen de Franco, aunque formalmente se declaró neutral.

Un colectivo de 2.951 personas fue desplazado por la OIR a finales de los años cuarenta. Además, algunos cientos de los exiliados trasladados a Chile en 1939 se desplazaron posteriormente a Argentina.

Por su parte, Daniel Campione, profesor de la Universidad de Buenos Aires y principal investigador del impacto de la guerra civil española en Argentina, estimó en dos mil quinientos el número de exiliados («La guerra civil española, Argentina y los argentinos», 2018). En cualquier caso, se aceptará una cifra al alza de 3.500 exiliados en Argentina.

No debe confundirse el exilio político con la emigración económica, tan abundante en Argentina antes de la Guerra Civil y tras la Segunda Guerra Mundial. Tras esta última guerra, aproximadamente 200.000 españoles emigraron a Argentina entre 1946 y 1956 (tesis de Bárbara Ortuño Martínez, El exilio y la emigración española de posguerra en Buenos Aires, 1936-1939, 2010).

Los refugiados republicanos españoles a bordo del SS Winnipeg

A Chile llegaron directamente cerca de 3.000 exiliados, ya que gobernaba el país un Frente Popular bajo la presidencia de Pedro Aguirre. En 1939 llegó el vapor Winnipeg con 2.067 exiliados. Un segundo contingente organizado por la OIR, con 776 refugiados, llegó a finales de los años cuarenta.

A la República Dominicana se trasladaron 3.132 exiliados en siete vapores en 1939 y 1940. La mayor parte de estos refugiados se trasladaron a Venezuela en los años cuarenta. A Venezuela no se trasladó ningún barco en 1939, ya que su gobierno, presidido por López Contreras, de carácter conservador y anticomunista, acabó adoptando una posición favorable al bando nacional. A partir de 1940, la demanda petrolera derivada de la Guerra Mundial impulsó el crecimiento de la economía venezolana.

Ese desarrollo incrementó notablemente la necesidad de mano de obra, favoreciendo la inmigración. Además, a finales de los años cuarenta llegó a Venezuela un contingente de 2.623 exiliados trasladados por la OIR desde Francia. En conjunto, la República Dominicana y Venezuela recibieron cerca de 6.000 exiliados.

Cuba no aceptó exiliados en 1939, pero la llegada de Fulgencio Batista a la presidencia en 1940 favoreció un cambio tardío de esta política. Por lo tanto, la llegada se realizó al margen de las asociaciones de refugiados republicanas, siendo muy escasa numéricamente.

Apenas llegaron a Cuba unos 500 exiliados, conforme se desprende del estudio del investigador cubano Jorge Domingo Cuadriello (El exilio republicano español en Cuba, 2009). Esta exigua cantidad contrasta con el hecho de que Cuba sea actualmente el segundo país en número de solicitudes de nacionalidad.

El caso brasileño resulta igualmente llamativo porque a Brasil no consta que llegaran más de 1.000 exiliados, sorprendiendo porque es el tercer país en demandas de nacionalizaciones. El único contingente relevante se produjo a finales de los años cuarenta al trasladar la OIR a 714 personas al país.

Por su parte, la ONU, por medio de la OIR, trasladó tras la Segunda Guerra Mundial a 1.629 refugiados a otros países iberoamericanos además de los citados anteriormente, lo que permite estimar en unos 2.000 los exiliados establecidos en otros países iberoamericanos no citados anteriormente.

En resumen, puede considerarse que el exilio permanente quedó concentrado en Francia, con 125.000 personas; después, en Iberoamérica, con 41.000, y unos 4.000 en la URSS, lo que arroja un orden de magnitud de unos 170.000 exiliados permanentes hacia 1950. Es decir, el exilio que se arraigó definitivamente fuera de España.

La comparación entre las cifras de exiliados por país y los descendientes que solicitan nacionalizaciones arroja resultados sorprendentes en algunos casos. En Francia, con más del 70 % del exilio, las solicitudes son inferiores al 2,5 % del total. El escaso interés de estos por obtener un pasaporte español parece lógico por disponer ya de nacionalidad europea, así como de prestaciones generalmente superiores a las españolas.

La distribución de las solicitudes por país a mayo 2026 se ha realizado en base a la distribución real a finales de 2025

México fue el gran receptor de exiliados de Iberoamérica, presentando una cifra de descendientes que solicitan la nacionalidad (118.000) que es unas cinco veces el número de exiliados que llegaron allí. Aun siendo elevado, es posible en términos matemáticos (inferior a ocho veces). Es relevante que, en la primera mitad del siglo XX, México recibió escasa emigración económica.

En Argentina, el contraste entre el número de exiliados y solicitudes de nacionalizaciones de descendientes muestra una notable discrepancia. Argentina es el país con más solicitudes, con más del 40 %, pese a haber recibido solo un 2 % del exilio. Esto equivale a casi ciento cincuenta solicitudes por cada exiliado, y ya ha obtenido la nacionalidad aproximadamente un tercio de los solicitantes.

Brasil muestra una situación parecida a Argentina, con 135 veces más solicitudes que exiliados. Las cifras de Cuba son aún más llamativas, con un volumen de solicitudes que actualmente es trescientas veces superior al número de exiliados recibidos, de los cuales, aproximadamente a un tercio se le ha concedido la nacionalidad.

Como conclusión, aun admitiendo posibles márgenes de error en las estimaciones o movimientos migratorios posteriores de exiliados o su descendencia entre países, existen discrepancias muy significativas entre los posibles descendientes del exilio y las nacionalizaciones solicitadas. Estas son especialmente relevantes en Argentina, Cuba y Brasil.

Además, en estos tres países sí parece existir una relación clara entre el volumen de solicitudes y el volumen de inmigración económica española recibida, lo que puede explicar el origen de las diferencias citadas. En cambio, en México, donde no hubo apenas inmigración económica española, las cifras parecen ajustarse a las cifras del exilio. Venezuela, por la caótica situación demográfica actual, con ocho millones de personas emigradas recientemente, no puede ser considerada en este análisis diferencial.

Sin entrar en valoraciones políticas ni jurídicas ni procedimentales, desde un punto de vista histórico, parece muy difícil conciliar las cifras que se están planteando en el proceso de nacionalizaciones de la llamada ley de nietos con los datos que aportan las investigaciones históricas.