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16 de julio de 2024

Gustavo Morales
Gustavo Morales

¿Qué pasa realmente en el espinoso tablero ruso? Entre lo malo y lo peor

Putin ha recogido en parte las simpatías del nacionalismo ruso, pero para ellos el líder ruso es demasiado blando.

Actualizada 04:30

Un hombre sostiene la bandera nacional rusa frente a un vehículo militar del grupo Wagner con el cartel que dice Rostov

Un hombre sostiene la bandera nacional rusa frente a un vehículo militar del grupo Wagner con el cartel que dice RostovAFP

En Rusia la oposición democrática es muy minoritaria y pequeña. Limitada fundamentalmente a las grandes ciudades como Moscú y San Petersburgo. Se agrupa en torno al líder de turno que los anglosajones, al estilo de «El manifiesto Negro», designan como oposición a Putin.

Según escribe el exanalista de la CIA Roniel Aledo: «EE.UU. selecciona al líder secularista y le da apoyo económico y mediático para intentar socavar el apoyo popular contra Putin» y desestabilizar la sociedad rusa. Putin tiene un 80 % de apoyo de la población en promedio. Esta oposición es casi inapreciable en las fuerzas armadas rusas.

El grupo Wagner, desde luego, no representa este movimiento ideológico. El grupo podría recibir potencialmente el apoyo de los ultra nacionalistas. Estos son la línea dura del nacionalismo ruso. Se inspiran en una mezcla de la ideología de la Iglesia Ortodoxa Rusa, con el Nacionalismo Blanco (heredado de los monárquicos zaristas de los Romanov) e incluso de los antiguos comunistas que aún hoy lloran a la difunta Unión Soviética.

Putin repetía con frecuencia que «quien no añore la Unión Soviética no tiene corazón y quien desee que vuelva no tiene cerebro»

Putin ha recogido en parte las simpatías del nacionalismo ruso que se inspiraba en el fallecido Vladimir Zirinoski, del Partido Liberal Ruso (que de liberal no tiene nada más que el nombre, pues es ultra nacionalista). Pero para ellos el líder ruso es demasiado blando.

Putin y los nacionalistas rusos

Estos ultranacionalistas critican a Putin por no ser suficientemente duro. Lo culpan de alargar la guerra en Ucrania por evitar usar todos los medios disponibles para vencer. Acusan a Putin de luchar contra Ucrania y sus adláteres occidentales con una mano atada a la espalda, sin usar todo el poder del país eslavo. Culpan a Putin de No matar a Zelenski, no asesinar a la cúpula militar y «al gobierno titere» de Kiev.

Denuncian a Putin por permitir visitas de las autoridades de Occidente, como Borrell y Úrsula von der Leyen, a Kiev; por no destruir la red ferroviaria y por darles garantías a los occidentales de que no les bombardearían mientras están visitando Kiev.

Culpan a Putin de no realizar bombardeos masivos sobre la población civil ucraniana del norte y el oeste, la población antirrusa por excelencia. La mayoría de los muertos civiles ucranianos son de la capital, del oriente y sur de Ucrania (población pro rusa que se percibe a sí misma como rusa y ve a Ucrania como parte de Rusia).

Si Putin lo hubiese querido hubiese podido ya masacrar a cientos de miles de civiles ucranianos antirrusos del norte y el oeste de Ucrania, usando los bombardeos de alfombra. Los radicales hacen campaña para utilizar esos bombardeos en la guerra de terror contra los civiles de las mencionadas áreas para provocar matanzas y forzar la rendición del régimen de Kiev y también para reducir la población antirrusa de Ucrania en su totalidad, al estilo de lo que hizo EE.UU. en Dresde y en Hiroshima en 1945, lo que costó la vida a millones de civiles.

Los ultra nacionalistas también culpan a Putin de no terminar la guerra rápidamente usando armas nucleares pequeñas tácticas sobre el ejército ucraniano. En dos o tres días Rusia podría matar a unos 60.000 soldados ucranianos con esas armas y terminar la guerra. Por ello también acusan a Putin de no justificar el empleo de esas armas respaldándolo con la amenaza del uso de armas nucleares estratégicas y la doctrina de la destrucción mutua asegurada.

Los ultra nacionalistas señalan a Putin de ser demasiado débil y pasivo, de no usar el poder nuclear de Rusia

Los ultra nacionalistas señalan a Putin de ser demasiado débil y pasivo, de no usar el poder nuclear de Rusia, de no matar a los líderes «marionetas» de Kiev y de no masacrar a cientos de miles de civiles en Ucrania.

Putin tiene aliados, aunque pocos

El líder checheno, Ramzán Kadírov, ha advertido que la situación actual es una «puñalada por la espalda» al pueblo ruso y a la estabilidad del país. Ha pedido a todos que se unan en torno al liderazgo del presidente Putin ante este desafío al Estado. Ha pedido a los luchadores y patriotas que no caigan en provocaciones.

Kadírov señaló: «La seguridad del Estado y la cohesión de la sociedad rusa en un momento como este están por encima de todo». Anunció que los soldados de la República de Chechenia ya se dirigen a las zonas de tensión para reprimir la insurgencia.

El jefe de los miliares chechenos concluyó: «Haremos todo lo posible para preservar la unidad de Rusia y proteger su autonomía estatal».

Veremos cuánto tiempo sigue vivo en Bielorrusia el cocinero de Putin. Si el grupo Wagner y los ultra nacionalistas rusos hubieran tomado el poder en Moscú el nuevo Gobierno intensificaría la guerra con Ucrania en los términos antedichos: asesinato del ejecutivo ucraniano, bombardeos de exterminio, uso de armas nucleares de campo de batalla, etc. Ciertamente quizás no sea Putin la peor de las opciones, visto lo visto. Entre la carnicería y la casquería.

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