Las fuerzas de seguridad sirias entran en la ciudad de Sweida, tras los últimos enfrentamientos entre minorías
Un nuevo estallido de violencia sectaria en Siria pone contra las cuerdas al líder islamista
Algo más de tres meses después de la mayor masacre en Siria desde la caída del régimen de Bashar al Asad, el país árabe ha vuelto a sufrir un estallido de violencia sectaria. Todo comenzó el pasado domingo en la sureña ciudad de Sweida, cuando integrantes de la minoría religiosa drusa y clanes beduinos suníes protagonizaron fuertes enfrentamientos a raíz de una serie de secuestros perpetrados por ambos grupos. El choque entre las dos minorías se saldó con la muerte de 89 personas, entre ellas 50 drusos —incluidas dos mujeres y dos niños—, 18 beduinos, 14 miembros de las Fuerzas de Seguridad y siete personas aún por identificar, además de más de un centenar de heridos, según datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).
A esta frágil situación que se vive en el sur de Siria se suman, además, los bombardeos israelíes de las últimas horas contra Sweida, que han aumentado el número de víctimas mortales en las últimas 48 horas a 115, siendo los beduinos la minoría más castigada. El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Israel Katz, defendió este martes los ataques aéreos contra el país vecino para «defender a los drusos» y advirtió que no permitirá que se les ataque. Este lunes, el Ejército hebreo bombardeó varios tanques sirios cuando avanzaban hacia la ciudad sureña para desplegar a las Fuerzas de Seguridad y tratar de restablecer el orden. Sin embargo, Israel denunció que su presencia en la ciudad suponía una «amenaza».
Tras la caída del dictador sirio Bashar al Asad, el pasado mes de diciembre, por una ofensiva relámpago encabezada por la organización islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS), el Ejército hebreo no ha dejado de atacar al país vecino, bajo la excusa de evitar que se convierta en una amenaza para su seguridad. Así, Israel ha expandido su presencia en los Altos del Golán, que ya ocupó durante la Guerra de los Seis Días en 1967 y que acabó por anexionarse formalmente en 1981, y ha tratado de explotar las tensiones sectarias de Siria ofreciéndose como guardián de la minoría drusa del país árabe. La frágil convivencia entre las minorías es uno de los grandes retos a los que se enfrenta el nuevo presidente interino, el islamista y exyihadista Ahmed al-Sharaa.
Cadáveres de civiles en una calle en la ciudad de Sweida, de mayoría drusa
Este último estallido de violencia entre minorías, que ha provocado que las Fuerzas de Seguridad sirias se desplieguen en Sweida para evitar una masacre aún mayor, no es el primero de la nueva era post-Asad. El pasado mes de marzo, los alauíes —secta a la que pertenece la familia Al-Asad— fueron víctimas de una brutal persecución en la región costera de Latakia a manos de las fuerzas del nuevo Gobierno. La escalada de violencia, que comenzó durante la noche del 6 de marzo, se prolongó durante varias jornadas y acabó con la vida de más de 1.500 civiles, según pudo documentar el OSDH.
Una investigación de Reuters, hecha pública el pasado mes de junio, documentó la muerte de 1.500 alauíes a manos de las fuerzas del nuevo régimen en los últimos meses. Según la agencia de noticias británica, durante los tres días de marzo que duró la masacre contra esta minoría, los asesinatos de civiles se sucedieron en hasta 40 puntos distintos de Siria, así como los saqueos de viviendas e incendios provocados. Los cristianos tampoco se libraron entonces de la violencia de los extremistas. El nuevo presidente interino prometió, cuando asumió el poder, que velaría por el bienestar de todas las minorías. Sin embargo, su pasado como miembro de Al-Qaeda no genera aún confianza entre las diferentes sectas que componen Siria.
Por ahora, Al-Sharaa ha logrado un alto el fuego en Sweida y ha desplegado a sus tropas para asumir el control de la seguridad. Hasta este momento, la defensa de la urbe estaba en manos de los drusos y sus milicias locales, ya que son mayoría en esta localidad, pese a la intención declarada del nuevo Gobierno de acabar con las divisiones territoriales y asumir el pleno control de una Siria completamente fragmentada tras más de 14 años de guerra civil y una brutal dictadura.