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MontecassinoHermann Tertsch

Con Maduro caerán otros

España vive bajo un Gobierno íntimamente ligado al crimen organizado transnacional al cual presta servicios como santuario, retaguardia de inversión y lavado y por supuesto influencia política en la Unión Europea

Lo único que puede evitar una acción militar norteamericana para descabezar y liquidar al poder criminal que tiene secuestrada a Venezuela desde hace cinco lustros es que el máximo jefe hoy de dicha organización, Nicolás Maduro, anuncie, muy pronto, su retirada, dimisión, fuga o suicidio. Y que, a continuación y de inmediato, sus cómplices, los cuadros dirigentes del régimen narcosocialista, civiles y militares, anuncien solemnemente que acatan los resultados de las elecciones del 28 de julio, reconocen a Edmundo González como presidente legítimo de la República de Venezuela y se ponen a las órdenes del Gobierno que presenten el presidente y María Corina Machado, la líder indiscutible de la gran batalla que trae la inapelable derrota del régimen criminal.

Entonces, Machado y los responsables de la bellísima e increíble gesta del pasado verano tras las elecciones, con la operación de salvación de las actas, asumirán las riendas del poder. Su principal problema dejarán de ser los sicarios de Maduro, cuyos dirigentes posiblemente mueran todos en un solo día. Los sustituirán como amenaza las mesnadas de traidores que ya se están formando para intentar mantener un sistema criminal tan brutal e inmensamente lucrativo como el que ha mantenido al régimen hasta ahora.

Si esto no sucede, si Nicolás Maduro no anuncie su retirada, dimisión, fuga o suicidio muy pronto, van a pasar otras cosas. Contundentes e imprescindibles. Porque, afortunadamente para todos aquellos que creen aún en la libertad y en la necesidad del compromiso con la verdad para la subsistencia de la civilización occidental, en Washington hoy mandan algunos que consideran que los criminales del régimen transnacional del narcosocialismo, no son «solo» una tortura terrible de un cuarto de siglo, una monstruosa tragedia para tres generaciones de venezolanos y una catástrofe política, social y económica que afecta a todo el subcontinente

El régimen criminal de Maduro, que no es un Gobierno sino un cartel del crimen organizado, es una amenaza para todo el mundo medianamente libre y, lo que más importa en Washington, es un enemigo feroz e hiperactivo de los Estados Unidos. Y no solo por su papel fundamental en el tráfico masivo de drogas. Venezuela y Cuba, son las dos bases militares principales de todos los enemigos de EE.UU. instalados en su «patio trasero». Sin olvidar, por supuesto a México que, en la delirante deriva de AMLO/Sheinbaum, puja por ser cada vez más enemigo de su vecino grande al norte. No parece un buen cálculo, aunque los cárteles del negocio de la cocaína manden en Ciudad de México como nunca han mandado.

Desde China a Irán, Hezbolá o Corea del Norte, de los narcocomunistas de los cárteles del Foro de São Paulo y Grupo de Puebla hasta Vladímir Putin y sus secuaces, el crimen organizado y la penetración islamista desestabilizadora, todos tienen guarida, lanzaderas y financiación en el territorio venezolano y el gran fondo financiador que es la producción y tráfico de cocaína. Estos no hacen, sino aumentar en la vecina Colombia, cuyo presidente Gustavo Petro está por pleno derecho muy arriba entre los cómplices de Maduro que pueden correr su misma suerte. Aunque la cocaína es la estrella en volumen, al negocio de esta gran orquesta transaccional hay que añadir otras drogas, tráfico de hidrocarburos con ruptura de sanciones y otros negocios ilegales, semilegales o incluso oficiales.

En Europa no hay ningún país que se haya visto más afectado por las actividades criminales internacionales del poderoso Cartel de los Soles de Nicolás Maduro, Vladimiro Padrino y compañía que España, donde han comprado voluntades de individuos, de grupos, de un par de partidos y hasta del Gobierno cuando lo han necesitado.

España vive bajo un Gobierno íntimamente ligado al crimen organizado transnacional al cual presta servicios como santuario, retaguardia de inversión y lavado y por supuesto influencia política en la Unión Europea. Los socialistas han sido en todo momento desde que llegó Pedro Sánchez al Gobierno, la más desinhibida representación en el Parlamento Europeo y en las instituciones de Bruselas del eje narco y criminal de Caracas- La Habana, después ampliado a Bogotá y Brasilia. La Comisión Europea, su servicio exterior y sus embajadas, que son reflejo de la alianza de socialistas y populares, son una auténtica vergüenza como cómplices permanentes de todos los regímenes y fuerzas integradas en las organizaciones internacionales del narcosocialismo como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla.

Pues todo eso va a colapsar muy probablemente antes de Navidades. Esperemos que solo sea necesaria la mínima fuerza. Que mueran solo aquellos que lo merecen y que Venezuela haga una transición pacífica con un Gobierno firme y por fin legítimo que neutralice todas las amenazas. El efecto de la caída del régimen narcosocialista se notará sin duda en toda América. Quedará así terriblemente debilitado el frente que ha mantenido en jaque a las democracias y a todas las personas decentes y defensoras de la libertad y la verdad en los países amenazados por esta inmensa federación de fuerzas que combina vocación totalitaria y crimen organizado.

Entre ellos, insistamos, hay que incluir al Gobierno español de Pedro Sánchez, al PSOE y a toda la caterva de partidos separatistas, filoterroristas y comunistas que durante años se han apuntado a la merienda chavista de los «convolutos» de dólares de sangre. La caída de Maduro va a ser un revés durísimo para todo un mundo de cómplices que el régimen se hizo en un cuarto de siglo. Esperemos que también en España acabe arrollando a quienes se beneficiaron del dolor y el saqueo de los venezolanos e intentan garantizar la impunidad de sus crímenes con métodos cada vez más parecidos a la de los asesinos cuyo ocaso se anuncia.