Fundado en 1910
Miguel Henrique Otero
AnálisisMiguel Henrique OteroEl Debate en América

De la URSS a Venezuela: la dictadura borra y muta

La práctica de borrar el pasado inmediato y mutar las características del régimen, pero bajo la premisa general de mantener el poder, ha sido una práctica de los regímenes comunistas históricos

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, en una reunión con el ministro de Defensa saliente, Padrino López (CL), y el nuevo ministro de Defensa, el general en jefe Gustavo González López (CR), en el palacio presidencial de Miraflo(1)

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, en una reunión con el ministro de Defensa saliente, Padrino LópezAFP

El 21 de enero de 1924, después de dos años con su salud cada vez más deteriorada, murió Vladimir Lenin. Meses antes del fallecimiento –especialmente desde marzo de 1923, cuando sufrió el tercero y más severo infarto cerebral, que lo inhabilitó de forma definitiva–, Stalin comenzó a mover sus piezas para asegurar que, tras la muerte del líder, que se tornó era previsible, fuese él quien se haría con el control absoluto del poder.

Uno de sus primeros y más astutos movimientos consistió en engañar a León Trotsky, su más peligroso y carismático rival, para que éste no viajara al entierro de Lenin. Le mintió sobre la fecha en que se realizaría, de modo que Trotsky calculó que no alcanzaría a llegar. Así, Stalin pudo protagonizar la despedida a Lenin y aparecer como el sucesor natural y necesario del que hasta entonces había sido el indiscutible jefe político de la revolución.

Muerto Lenin, Stalin y sus fieles más inmediatos ejecutaron rápidamente una serie de acciones: pusieron en marcha una campaña de rumores para llamar la atención sobre la ausencia de Trotsky en las ceremonias fúnebres, centrada en un señalamiento: no había asistido porque era un traidor que, además, despreciaba a Lenin. Una vez que la maquinaria estalinista del odio se puso en movimiento, perseguirían a Trotsky durante 16 años, hasta que lograron asesinarlo en México, en agosto de 1940.

Sin embargo, despejar el terreno, liquidar a los rivales física, política y moralmente, de modo de establecerse como el nuevo conductor de la revolución bolchevique, solo era el primer paso de la operación (vale la pena anotar que, además de Stalin, otros siete altos dirigentes comunistas cargaron sobre sus hombros con el ataúd de Lenin; de ellos, cuatro –Kámenev, Zinóviev, Bujarin y Rýkov–, fueron ejecutados por orden de Stalin; un quinto, Tomsky, se suicidó para evitar el fusilamiento; solo dos, Molótov y Kalinin, lograron sobrevivir a las purgas, doblegándose ante Stalin).

Lo que vino a continuación, podemos considerarlo un segundo paso de la política de diluir el pasado inmediato: el desmontaje paulatino de la presencia de Lenin –bajar sus retratos, evitar su nombre y sus discursos– mientras escritores y periodistas construían una biografía de Stalin, narrada como una mezcla de sacrificios, heroísmos y dotes intelectuales, pero con este aditamento clave: en la relación entre ambos, Stalin era imprescindible para Lenin, y no al revés. Stalin promovió, con algún éxito, que Lenin dependía de él y de su eficacia para la organización. Si Stalin había sido una especie de 'padre' de Lenin, también podía serlo del Estado soviético.

El cambio del elenco gobernante, remplazado por uno en el que predominaban los leales a su liderazgo, fue el tercer paso de la instauración de la dictadura estalinista. A los seguidores de Trotsky se los apresaba o asesinaba, a los de Lenin se los enviaba a misiones a las provincias más remotas. Mientras más poder concentraba en sus manos, más feroz era su conducta hacia quienes no le aplaudían o sometían a sus políticas.

Con todos esos factores bajo su control, de forma paralela, Stalin se dedicó a cambiar la estructura legal del régimen, de modo de dotarlo de poderes ilimitados en todos los ámbitos de la vida, públicos o privados. Con este cuarto paso se completaba, no solo la borradura del pasado y el liderazgo previo, sino que se cumplía su objetivo de mutar la revolución leninista en una la dictadura total del estalinismo.

La práctica de borrar el pasado inmediato y mutar las características del régimen, pero bajo la premisa general de mantener el poder, ha sido una práctica de los regímenes comunistas históricos, tal como también ha ocurrido en China: Deng Xiaoping, por ejemplo, se dedicó a sepultar la imagen de Mao, mientras que el actual Xi Jinping se ha empleado en limpiar la memoria política de su país de todos sus antecesores, procurando dotar a su cruento liderazgo del halo de lo fundacional.

La práctica de borrar el pasado inmediato y mutar las características del régimen ha sido una práctica de los regímenes comunistas históricos

De ese influjo del comunismo que consiste en borrar el pasado y mutar la configuración del régimen, se ha alimentado la conducta del populismo venezolano en sus tres etapas: Chávez, con virulenta energía, recursos petroleros y un cultivado talento para el desdén y la exclusión, denigró, valiéndose de toda clase mentiras torceduras, del periodo 1958-1998, las cuatro décadas de democracia representativa que tuvo Venezuela. De forma simultánea, estableció las bases de una dictadura personalista y asfixiante, cuyo propósito primordial fue destruir el Estado de derecho y la separación de los poderes.

Fallecido Chávez, cuando Maduro se hizo con el poder violentando la Constitución vigente, ejecutó las dos prácticas previsibles: se alejó de la imagen de Chávez, borró todo cuanto pudo su presencia pública, y mutó la dictadura hacia un modelo delincuencial, violador de los Derechos Humanos, torturadora y criminal de cabeza a pies, hasta el extremo de desarrollar una creciente alianza con narcoguerrillas y actividad de narcotráfico.

A partir del 3 de enero arrancó la tercera borradura y mutación del régimen. En menos de tres meses, Maduro ha sido relegado a un tercer o cuarto plano, a Cilia Flores simplemente no se la menciona, la lista de destituidos y de nombramientos continúa creciendo, al tiempo que, cuidándose de hablar de cambios profundos, Delcy Rodríguez muta los contenidos del régimen hacia una configuración distinta a la precedente, cuyo propósito o forma final no conocemos con precisión, porque se trata de un proceso en curso, donde hay cosas que se mantienen inalterables y otras que están cambiando. Lo que sí es reconocible, es que se está produciendo una tercera mutación del régimen, mientras que las memorias de Chávez y Maduro quedan sepultadas por la acción y la omisión del poder.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas