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Judíos, cristianos, musulmanes y la guerra del «Apocalipsis»

Los acontecimientos religiosos nos recuerdan que estas guerras que hoy vivimos tienen una dimensión escatológica (¿nos acercamos al fin de los tiempos?) algo que el mundo secular occidental olvida

Muro de las Lamentaciones de Jerusalén

Vivimos estos días de Semana Santa y Pascua, en el mundo Cristiano, entre el 2 (Jueves Santo) y el 12 de abril, en que concluye la octava de Pascua). Los judíos celebran también su tiempo pascual, entre el 1 y el 9 de abril. Así mismo la iglesia ortodoxa, que sigue el calendario juliano celebra su tiempo pascual entre el 5 y el 12 de abril. Las tres pascuas confluyen este año con mínima distancia y circundadas por una grave situación, un mundo en guerra que afecta a las tres tradiciones.

Lo chiíes celebraron, el pasado 13 de marzo, su gran fiesta de la Ashura, que conmemora el martirio del imán Husayn, nieto del profeta Mahoma.

Los acontecimientos religiosos nos recuerdan que estas guerras que hoy vivimos tienen una dimensión escatológica (¿nos acercamos al fin de los tiempos?) algo que el mundo secular occidental olvida.

Muchos analistas, incluso los estrategas militares, sí están atentos a las derivadas religiosas que encierran estas guerras y que son muy serias.

Piensen por ejemplo que cuando, en 1979, el ayatola Jomeini se hizo con el poder en Irán modificó el quietismo tradicional chií y pasó de la espera pasiva al activismo político.

Para los chiíes «el Mahdi», por ejemplo, es una figura mesiánica fundamental. Este proto-mesías era el Imán Muhammad al-Mahdi, el duodécimo imán nacido en el siglo IX que entró en un tiempo «ocultación» y que regresará al final de los tiempos para restaurar la justicia y la verdad siendo guía de la comunidad.

En ausencia de «el Mahdi», debía ser el clérigo más sabio y competente (Faqih) quien dirigiese el estado islámico para preparar su venida, por eso Jomeini, aunque no se autodeclaró «el Mahdi», sí se proclamó a sí mismo como «el salvador definitivo» y estableció que el clero debía gobernar en ausencia de «el Mahdi» y convirtió Irán en la «base» de un estado islámico preparatorio para su venida.

En esta creencia profundamente arraigada de «el Mahdi» es una tradición extra-coránica fundada en la tradición profética y la interpretación teológica posterior directamente referida al «fin de los tiempos», algo que el Corán nos presenta como un evento inminente y cierto, instando constantemente a los creyentes a prepararse para ese momento.

Por la parte israelí, aun cuando se trate de un Estado laico, los sectores más ortodoxos de la tradición judía esperan, así mismo, la inminencia de la refundación del tercer templo de Jerusalén que debe ubicarse justamente en la explanada de las mezquitas donde está ahora la mezquita de Al-Aksa.

La refundación del templo es un tema de profunda importancia religiosa y geopolítica. Para que llegue a producirse es preciso que se encuentren los ornamentos litúrgicos del Sumo Sacerdote, algo que se lleva buscando arqueológicamente desde años bajo el Muro de las Lamentaciones, donde se ubicó el primero de los Templos.

Además, es necesario, según el libro de los Números 19, el sacrificio de una vaca alazana roja y perfecta, es decir, que toda su pelambre sea impecablemente bermeja y este rito sería el único medio para la purificación ritual necesaria que permita reanudar el servicio en el Tercer Templo. Maimónides ya anunció que ha habido nueve vacas rojas en la historia y que la décima sería sacrificada por el propio Mesías.

En septiembre de 2022, cinco novillas rojas fueron trasladadas desde Texas a Israel por el Instituto del Templo. Han sido criadas y supervisadas en Silo bajo estricta vigilancia rabínica, para asegurar que mantengan su pureza. Han hablado de ceremonias de «ensayo» de este ritual para preparar a los sacerdotes ante un sacrificio real en un futuro cercano.

Cualquier intento de avanzar hacia la construcción del Tercer Templo de Jerusalén y el sacrificio simbólico de la vaca roja, es considerado por el mundo musulmán como como una amenaza directa a sus lugares sagrados, incluso la organización terrorista Hamás, adujo estas razones para justificar sus ataques en octubre de 2023 contra tantos civiles israelíes.

Para muchos creyentes chiís estamos ahora ante la venida de «el Mahdi». Para muchos ultraortodoxos estamos ahora ante la inminente refundación del Templo. Una cosa y otra acompañan al «fin de los tiempos».

La ubicación de la batalla definitiva y final que cerraría la Historia está en el valle de Jezreel que se extiende desde el Monte Carmelo hasta el sur de la Baja Galilea. Allí está la «Montaña de Meguido», que los griegos tradujeron como «Armagedón». Este lugar fue testigo de batallas entre el siglo XV a.C., con Tutmosis III, hasta la Primera Guerra Mundial, en 1918. El Antiguo Testamento narra las batallas que libró Josué, Débora o la muerte del rey Josías. Allí se dio la victoria de Gedeón sobre los madianitas, la derrota del rey Saúl, la muerte de Jezabel y es el lugar de las profecías de Oseas.

En tiempos de Jesucristo, por allí pasaba la Vía Maris, ruta fundamental entre Egipto, Mesopotamia, Asia y Europa, y que comunicaba la Cesárea Marítima con el Mar de Galilea, continuando hasta las ciudades de la Decápolis y Damasco.

En este valle se sitúa la profecía del Apocalipsis donde se desarrollará la batalla decisiva (Apocalipsis 16, 16) que abriría el fin de los tiempos.

Para nuestro horizonte secular occidental todo esto parece irreal y fabuloso sin embargo, para creyentes judíos, cristianos y musulmanes la guerra de hoy contiene signos muy decisivos para la resolución de la historia de la humanidad.