Una columna de humo negro se elevaba desde la refinería de petróleo de la petrolera rusa Gazprom Neft, Moscú
Rusia trata de silenciar la magnitud de los ataques ucranianos contra Moscú
Las autoridades y los medios oficiales rusos tratan de silenciar la magnitud de los últimos ataques con drones ucranianos sobre Moscú, a pesar de las críticas, cada vez más habituales, de los residentes que se quejan en redes sociales de la falta de avisos y alertas ante la amenaza que representan estos aviones no tripulados para sus vidas.
Los canales de televisión rusos, tales como el Primer Canal, Rossiya 1 y NTV, durante sus informativos matutinos abordaron brevemente el ataque de esta noche contra el corazón de Rusia y la región de Moscú, donde varios drones impactaron contra una refinería –por segunda vez esta semana– e infraestructura civil.
A pesar de las grandes columnas de humo que emergían del polígono industrial de Kapotnia y los 17 heridos en la región, los presentadores dedicaron a la cuestión unos irrisorios 30 segundos y no informaron del ataque, sino de que las defensas rusas repelieron los drones, en concreto casi 200 aparatos que fueron interceptados.
Además, apenas se emitieron imágenes de los ataques y sus consecuencias, cuya grabación y distribución está prohibida en el país sin la aprobación previa de las autoridades.
Sin embargo, la censura aún no ha podido aplacar la furia de los rusos en redes sociales que, durante la mañana de este jueves, se despertaron con el sonido de los drones sobrevolando la ciudad y denunciaron en internet la ausencia de avisos por sms y sirenas para alertar del peligro aéreo.
La administración de la localidad de Kotelniki, satélite de Moscú y colindante a la refinería atacada, informó de que no es responsable de activar los sistemas de alerta, tarea gestionada de forma centralizada por el Ministerio de Emergencias ruso, citados por el canal Daily Storm.
Además, aseguraron que todavía no revelarían la ubicación de los refugios antiaéreos a los residentes.
«Esta información se comunicará a la población durante una movilización y en tiempos de guerra», ha explicado, aunque formalmente la movilización de soldados no concluyó desde su anuncio en septiembre de 2022.
Este jueves, la Policía rusa convocó a comisaría al bloguero ultrapatriota Maxim Kaláshnikov por difundir imágenes de los ataques aéreos en Moscú, según comunicó el propio autor.
Según el Ministerio de Defensa ruso, en las últimas 24 horas fueron derribados casi un millar de drones ucranianos, el mayor número desde el comienzo de la guerra, en febrero de 2022.
Por su parte, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, advirtió de que «si arde Ucrania, arde Moscú». «Por supuesto que no queremos que arda Ucrania a causa del enemigo, pero si arde Ucrania va a arder vuestra Moscú», aseveró Zelenski en un mensaje de voz enviado al grupo de WhatsApp de periodistas que cubren la actualidad ucraniana.
En dicha nota volvió a ofrecer a su homólogo ruso, Vladimir Putin, declarar un alto el fuego inmediato y sentarse a negociar el final del conflicto, a lo que se suman los países europeos, que consideran que Moscú está perdiendo la guerra.
«El petróleo era el principal instrumento de la guerra. Sin petróleo, no habrá guerra», declaró a medios rusos Mijailo Podoliak, asesor presidencial ucraniano.
Tanto Zelenski como su asesor han alertado a Rusia de que, si no detienen los combates, el próximo invierno será peor para sus ciudadanos que para los ucranianos, que están desarrollando tanto drones como misiles de largo alcance.
Falta de gasolina
Los ataques ucranianos se centran desde hace meses en golpear la red de transporte rusa y la infraestructura energética de Rusia, especialmente el petróleo.
Ello ha provocado el desabastecimiento de hidrocarburos de hasta 53 regiones rusas, según el portal The Bell, donde se han visto obligados a imponer restricciones en el servicio de gasolina y gasóleo.
En particular, la refinería golpeada este jueves en Kapotnia, propiedad del consorcio Gazprom, procesa alrededor del 40 % del fuel consumido por Moscú y su región.
Las medidas han afectado a grandes ciudades como Moscú y San Petersburgo, regiones del Lejano Oriente, pero especialmente la anexionada península de Crimea, que se encuentra cada vez más aislada logísticamente de Rusia.