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Lidia Fernández
CrónicaLidia FernándezVarsovia (Polonia)

Por qué las empresas españolas prefieren hoy Varsovia a Berlín

La mayor economía de Europa Central atrae miles de millones en inversión española. Infraestructuras, energía, defensa y logística impulsan una relación económica que ha crecido un 50 % en apenas cinco años

Promoción de Syrena Invest en Varsovia

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Durante décadas, cuando una empresa española pensaba en internacionalizarse dentro de Europa, las prioridades eran Francia, Alemania, Reino Unido o Italia. Hoy, sin embargo, uno de los mercados que más interés despierta entre los grandes grupos españoles se encuentra más al este. Polonia, tradicionalmente considerada una economía periférica dentro de la Unión Europea, se ha convertido en uno de los principales polos de atracción para la inversión empresarial española.

Los datos explican por qué. Según el Ministerio de Economía y el ICEX, la relación comercial bilateral entre España y Polonia ha crecido un 50 % en los últimos cinco años hasta alcanzar los 22.000 millones de euros en intercambio de bienes y servicios. Además, más de 300 empresas españolas operan ya en territorio polaco, generando decenas de miles de empleos. El stock acumulado de inversión española superaba los 6.300 millones de euros en los últimos datos oficiales disponibles.

No se trata de una moda pasajera. Detrás existe una transformación económica profunda que está convirtiendo a Polonia en uno de los mercados más atractivos de la Unión Europea.

La historia económica reciente de Polonia es una de las más exitosas de Europa. Desde su adhesión a la Unión Europea en 2004, el país ha recibido enormes cantidades de financiación comunitaria para modernizar infraestructuras, transporte, energía e industria. El resultado es una economía que ha mantenido durante años uno de los mayores ritmos de crecimiento de la UE; con una industria potente una población cercana a los 38 millones de habitantes y una posición geográfica estratégica entre Alemania, los países bálticos y Ucrania.

La guerra en Ucrania ha reforzado todavía más esa posición. Polonia se ha convertido en el principal centro logístico del flanco oriental de la OTAN y en una plataforma natural para futuras inversiones vinculadas a la reconstrucción ucraniana.

Ferrovial: el pionero

Si hay una empresa española que simboliza esta apuesta es Ferrovial. Su presencia en Polonia no es reciente. A través de su participación en la constructora polaca Budimex, el grupo español controla una de las mayores compañías de infraestructuras del país. Budimex es actualmente la mayor constructora de Polonia y participa en proyectos de carreteras, ferrocarriles, aeropuertos, energía y construcción industrial.

La importancia de Polonia para Ferrovial es tal que representa aproximadamente una cuarta parte de su cartera de proyectos internacionales. Solo en 2025, Budimex elevó su cartera de contratos hasta cerca de 3.850 millones de euros y registró fuertes aumentos de beneficios impulsados por la obra pública y las infraestructuras ferroviarias. Además, la compañía participa en algunas de las mayores obras ferroviarias actualmente en ejecución en Europa Central, vinculadas a la modernización de la red polaca y a las nuevas conexiones con los países bálticos.

ACS y Acciona

La siguiente gran oportunidad se encuentra en el programa de infraestructuras más ambicioso de la historia moderna de Polonia.

El Gobierno polaco impulsa el denominado CPK (Centralny Port Komunikacyjny), un gigantesco proyecto que combina un nuevo aeropuerto internacional con una extensa red de alta velocidad ferroviaria destinada a conectar las principales ciudades del país. Empresas españolas como ACS y Acciona figuran entre las compañías interesadas en participar en las licitaciones asociadas a este programa, que movilizará decenas de miles de millones de euros durante la próxima década.

A ello se suma otro ámbito especialmente atractivo: la energía nuclear. Polonia pretende construir sus primeras centrales nucleares para reducir su dependencia histórica del carbón. ACS, a través de sus filiales internacionales, ya ha sido precalificada para participar en trabajos asociados al programa nuclear polaco.

Más allá de la construcción tradicional, la transición energética está generando oportunidades de enorme dimensión. Un ejemplo especialmente significativo es el de la asturiana Windar Renovables. La compañía está construyendo en la ciudad polaca de Szczecin una planta industrial destinada a fabricar torres y estructuras para parques eólicos marinos. La inversión alcanza los 150 millones de euros y prevé la creación de cientos de empleos. La ubicación no es casual: el mar Báltico se ha convertido en uno de los grandes polos europeos para el desarrollo de la energía eólica offshore y Polonia aspira a multiplicar su capacidad instalada durante la próxima década.

El movimiento de Windar refleja una tendencia más amplia: las empresas españolas están exportando a Europa Central un conocimiento técnico acumulado durante años en energías renovables, infraestructuras eléctricas e ingeniería industrial.

¿Por qué Polonia?

La explicación combina varios factores. El primero es el tamaño; con casi 38 millones de habitantes, Polonia es el mayor mercado de Europa Central. El segundo, es el crecimiento económico. Aunque las economías occidentales muestran tasas moderadas, Polonia continúa expandiéndose por encima de muchas de sus homólogas europeas. El tercero es la inversión pública. El país sigue canalizando importantes recursos nacionales y europeos hacia infraestructuras ferroviarias, carreteras, energía y digitalización. Y existe un cuarto factor cada vez más relevante: la geopolítica.

La posición estratégica de Polonia en el flanco oriental de la Unión Europea ha convertido al país en uno de los principales receptores de inversión en defensa, logística y seguridad. El fuerte incremento del gasto militar polaco está impulsando además proyectos industriales y de infraestructuras asociados.

Durante el Encuentro Empresarial España-Polonia celebrado en Varsovia en febrero de 2025, el ministro español de Economía, Carlos Cuerpo, resumió la evolución de la relación bilateral con una frase significativa: «la relación comercial entre ambos países ha aumentado un 50 % en los últimos cinco años y ya supera los 22.000 millones de euros». Además, destacó la presencia de más de 300 empresas españolas integradas en el tejido productivo polaco.

La elevada participación empresarial en aquel encuentro -con medio centenar de compañías españolas desplazadas a Varsovia- evidenció que el interés inversor ya no se limita a unos pocos grandes grupos del Ibex, sino que alcanza también a empresas medianas de ingeniería, energía, tecnología y servicios.

Durante años, la inversión española en Europa se concentró en los grandes mercados occidentales. Sin embargo, el centro de gravedad económico del continente se está desplazando gradualmente hacia el este. Polonia reúne una combinación difícil de encontrar en otros países de la Unión Europea: crecimiento económico, estabilidad institucional, acceso a fondos europeos, una base industrial sólida y una posición geográfica estratégica. Por eso cada vez más empresas españolas consideran que las mayores oportunidades del continente no están necesariamente en París, Milán o Fráncfort. En muchos casos, empiezan a estar en Varsovia, Gdansk, Cracovia o Szczecin. Y todo indica que esa tendencia apenas acaba de empezar.

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