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Balazs Hanko, exministro de Educación de Viktor Orban detenido hace dos díasAFP

Entrevista al detenido ministro de familia de Orbán, Balázs Hankó

Balázs Hankó: «No es sólo una venganza. Magyar pretende transformar por completo la sociedad húngara»

Como había vaticinado meses atrás el actual primer ministro, Péter Magyar —«su lugar es la cárcel»—, Hankó fue detenido la noche del lunes

Balázs Hankó (Salgótarján, 1978) es diputado del Parlamento de Hungría, farmacéutico, catedrático y antiguo vicerrector de la Universidad Semmelweis. Entre julio de 2024 y mayo de 2026, fue ministro de Cultura e Innovación en el Gobierno de Viktor Orbán.

De su cartera dependía la política de familia que propició el llamado «milagro húngaro», la revolución demográfica gracias a la que en Budapest todavía se ven más bebés que perros y que, en cifras, elevó la fecundidad de 1,23 hijos por mujer a 1,59, duplicó los matrimonios, de 35.520 a más de 72.000, y desplomó los abortos de 40.449 a menos de 22.000.

Agentes de la unidad de intervención de la Agencia Tributaria húngara le arrestaron. Horas antes, el Parlamento levantó su inmunidad en una sesión extraordinaria, para que sea investigado por administración desleal al frente del Fondo Cultural Nacional. Compareció en la cámara junto a su mujer y sus cuatro hijos para anunciar que esperaría allí a que fueran a buscarle: «No voy a huir ni a esconderme».

El «ministro del patriotismo cotidiano» concedió esta entrevista a El Debate poco antes de su detención, cuando ya la daba por descontada. Sostiene que el caso del Fondo Cultural Nacional es una «venganza» contra la política cultural de los Ejecutivos de Orbán.

–Han pasado varios meses desde que Péter Magyar llegó al poder. ¿Qué ha cambiado en Hungría?

–Todo. El lema del nuevo Gobierno es que éste es «el país del amor», pero ocurre exactamente lo contrario. Los antiguos ministros, secretarios de Estado y altos cargos del anterior Ejecutivo somos considerados enemigos políticos, y no sólo por el Gobierno, también por una parte importante de la sociedad húngara. El nuevo Gobierno ha dejado meridianamente claro que quiere que se nos detenga, que quiere vernos en la cárcel.

–En el último gobierno de Viktor Orbán usted fue ministro de Cultura e Innovación.

–Así es. Mi cartera comprendía la educación superior y la formación profesional, la innovación y la ciencia, las políticas de familia y juventud, y la cultura. Todas ellas, áreas de gobierno fundamentales para la soberanía.

–El «Ministerio del Patriotismo Cotidiano», solía llamarlo.

–Estoy muy orgulloso de ello. Son cuestiones absolutamente esenciales para una nación patriótica: la política familiar y de juventud, el respeto a una cultura nacional de raíces cristianas y la educación superior, la innovación y la ciencia.

–¿Por qué las tres bajo un mismo ministerio?

–Son los tres pilares del patriotismo. La familia y la juventud, porque la familia y los jóvenes son el futuro de la nación. La cultura, porque para un patriota hay algo elemental: el respeto por otras culturas y la exigencia de respeto por la propia, frente a una única cultura global idéntica en todas partes. El conocimiento, la inteligencia y el talento, porque una nación necesita jóvenes brillantes.

–¿Haber sido responsable de las políticas de cultura y familia del último Gobierno de Orbán hace de usted uno de los principales objetivos del actual Ejecutivo? ¿Es, por así decirlo, una pieza de caza mayor?

–Sin duda. Ellos dicen que quieren continuar con la política de soberanía que nosotros llevamos a cabo, pero, sin ir más lejos, en el mundo de la cultura, los nuevos dirigentes proceden no ya de sectores de la izquierda, sino de la extrema izquierda.

Cuando llegué al ministerio, en el verano de 2024, el primer gran enfrentamiento con esos sectores se produjo porque suspendí la financiación de determinados teatros y programas que iban contra la Ley Fundamental de Hungría o contra la ley de protección de la infancia. Nuestra Constitución establece con absoluta claridad que el Estado debe defender los valores cristianos y la cultura que respeta esos valores.

–Desde su partido, Fidesz, han calificado de tiránico al nuevo Gobierno de Tisza. En España, en cambio, muchos siguen comparando a Sánchez con Orbán mientras apoyan a Magyar. ¿Es un régimen tiránico?

–El principal interés de nuestro Gobierno era nuestra nación. No promovíamos la inmigración ni la propaganda sexual ni el activismo LGTBI, ni tampoco a los activistas culturales. Estábamos contra la guerra y defendíamos una forma normal de vida familiar. Apoyábamos económicamente a las familias y a las empresas húngaras porque eso responde al interés de una nación.

–El propio Magyar ha dicho que su lugar es la cárcel.

–Sí. Eso demuestra hasta qué punto la supuesta independencia de la Fiscalía queda en entredicho. El primer ministro ejerce una influencia directa sobre los fiscales. La Fiscalía solicitará al Parlamento que me retire la inmunidad. Y, por supuesto, el Parlamento la retirará, porque el deseo político —algo más que un deseo— es absolutamente evidente.

–El actual primer ministro llegó al poder gracias a la promesa de que no cambiaría las principales políticas de Orbán y, apenas tres semanas después de asumir el cargo, Von der Leyen anunció el desbloqueo de 16.400 millones de euros. ¿Se le apoya desde fuera simplemente porque no es Orbán?

–Aunque Magyar utilice los mismos símbolos, en el fondo, tanto de corazón como de pensamiento, es completamente distinto de Orbán. No actúa en nombre de nuestra nación, sino del globalismo.

Balazs HankóAFP

Como ejemplo de normalidad, éramos un agravio para todo el continente europeo y para determinados actores multinacionales y culturales. Había que destruir ese ejemplo, y lo hicieron húngaros y extranjeros que apoyaron a Péter Magyar a través de Bruselas, del Partido Popular Europeo y de otros agentes económicos.

–Durante su etapa en el Gobierno, Bruselas excluyó del programa Erasmus a las universidades húngaras gestionadas mediante fundaciones de interés público.

Seis universidades húngaras acudieron ante la justicia europea por los casos Erasmus y Horizonte Europa. La vista se celebró en septiembre del año pasado y todavía no hay sentencia. Mi interpretación es que esto puede deberse a que el tribunal quiere fallar contra la Comisión Europea y a favor de las universidades húngaras.

–¿Qué puede significar para Hungría, culturalmente y desde el punto de vista de su soberanía, el desmantelamiento del sistema de educación superior y de las universidades gestionadas mediante fundaciones?

–Ese modelo constituía uno de los pilares de nuestra soberanía cultural, universitaria y científica, y de nuestra política de innovación. El modelo de fundaciones de interés público comprendía 21 universidades, en las que estudiaban aproximadamente dos tercios de los universitarios húngaros.

–Siete personas han sido detenidas, entre ellas varios de sus antiguos colaboradores.

–Dos permanecen en prisión desde hace más de tres meses. Los otros cinco están fuera, aunque no pueden abandonar sus domicilios. El argumento para no ponerlos en libertad es que hay riesgo de reiteración delictiva.

–¿Cómo podrían reiterar los hechos que se les imputan?

–Ésa es exactamente mi pregunta y la de los abogados. Hay un nuevo Gobierno. Ellos ya no ocupan ningún cargo público. Lo que quieren es presionarlos para que digan algo que encaje con el relato político del caso que han preparado.

–¿Cree que será detenido?

–Sí.

–¿Existe alguna acusación formal contra usted? ¿De qué se le acusa?

–No existe. La conoceré cuando la Fiscalía solicite la retirada de mi inmunidad. Entonces sabré exactamente qué caso están construyendo contra mí. Dicen que las ayudas de mi ministerio no se utilizaron con fines culturales, sino como una forma de apoyo político. Sin embargo, inmediatamente después de las elecciones encargué un informe provisional sobre los más de mil programas que habían recibido financiación, y el nuevo Gobierno detuvo ese proceso.

–Tres meses después, a mediados de julio, pidieron a los responsables de esos más de mil programas que presentaran informes provisionales. Esos documentos todavía no están disponibles. Pese a ello, siete personas fueron detenidas y todo el caso contra mí se está construyendo sin que exista ningún dato que demuestre que ese dinero se utilizó para fines distintos de los culturales.

–¿Qué quedará de la Hungría de Orbán dentro de cuatro años?

–No es fácil responder. No sé qué quedará. Están destruyendo el sistema cultural. Han empezado a desmantelar las ayudas a las familias y quieren transformar por completo el sistema económico, pasando de una economía patriótica a una globalista. Están convirtiendo también la educación en un instrumento ideológico.