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Claudia Sheinbaum

Claudia SheinbaumEFE

Dos años de Claudia Sheinbaum, la mano izquierda que sabe mecer a Trump

La presidenta de México ha logrado mantener unas relaciones cordiales con el presidente de Estados Unidos a pesar de no entrar en El escudo de las Américas y ser objeto de críticas de Trump

La eligió Andrés Manuel López Obrador para que ocupara su puesto tras el sexenio de Gobierno de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). El expresidente se garantizaba de este modo tener las espaldas de una gestión, en casos bajo sospecha, cubiertas.

Claudia Sheinbaum, fue y es leal a AMLO, como conocen en México a su padrino político. Cumplió con él y los votantes con ella. Esta semana ha cumplido dos años en el cargo y el sello de su Gobierno no es muy distinto al de su antecesor, salvo por la llegada de Donald Trump y eso, no es poca cosa.

Las relaciones con el republicano no han sido ni son fáciles, pero en favor de Sheinbaum hay que reconocer que ha sabido tener mano izquierda para «manejar» a un hombre de derechas imprevisible y con poder para deportar en avalancha a mexicanos y dar rienda suelta a la cascada de aranceles con los que inauguró su segunda legislatura.

Sheinbaum se cuida mucho de pronunciar palabras que puedan levantar ampollas en la Casa Blanca y aunque se negado a formar parte de la alianza militar de lucha contra el narcotráfico del Escudo de las Américas, Trump no ha reaccionado con virulencia contra ella. La razón es sencilla, la presidenta de México se mantiene al margen de esa iniciativa, pero cumple con los deseos de Trump y hasta permite operaciones con tropas estadounidenses en su territorio, aprobadas por el Senado.

Recuperar la economía, contener al crimen organizado y mantener la «cabeza fría» con Donald Trump son desafíos sostenidos para los cuatro años que le quedan de legislatura.

Sheinbaum ha demostrado ser más hábil de lo que muchos suponían. Su popularidad y aprobación de Gobierno es del 65 %, según una encuesta del diario El Financiero.

Para consumo interno desliza frases como esta: «Las y los mexicanos no queremos injerencias, ni intervencionismos, ni violación a nuestra territorialidad». Lo dijo en el Zócalo, la gran plaza de la capital mexicana, en un discurso al fin de una gira nacional para rendir cuentas, como recuerda Efe.

En la Asamblea General de la ONU, la semana pasada, Trump defendió el empleo de un fuerte poder militar contra los carteles y reclamó a México mayores acciones frente a zonas controladas por organizaciones criminales al asegurar que era, y no se equivocaba, el «epicentro» de la violencia del narcotráfico. Sheinbaum esquiva las balas de la retórica de Trump y repite en cuanto puede su filosofía de supervivencia política: «Coordinación, sin subordinación».

El académico de la Facultad de Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Edgar Ortiz-Arellano, opina en Efe que estos dos años han estado marcados por «logros» y «problemáticas muy complejas”, unas heredadas de la estructura del país y otras derivadas de la coyuntura internacional, en una especie de «claroscuros».

Entre los avances, el académico destacó la reducción de la pobreza y estabilidad macroeconómica, pero advirtió de que México necesita crecer más para materializar los objetivos de desarrollo del Gobierno.

Carlos Serrano, economista jefe de BBVA México, observa una «recuperación de la inversión, el consumo y el empleo formal» y considera que ese crecimiento puede ser sostenible, aunque precisa que hacen falta mayor certidumbre para invertir.

El gran desafío de México y de Sheinbaum sigue siendo la violencia, pese a que el Gobierno destaca una reducción superior al 50 % en el promedio diario de homicidios desde septiembre de 2024, al pasar de 86,9 asesinatos diarios en septiembre de 2024 a 40,8 diarios en agosto de 2026. «La reducción del homicidio doloso es la mitad de cuando recibimos», destacó la mandataria.

Ortiz-Arellano reconoció esa disminución en los homicidios, pero advirtió de que «esto no necesariamente refleja que el país esté pacificado», ante delitos como la extorsión y la desaparición de personas, así como la fortaleza del crimen organizado en varias zonas del país.

Ante esta situación, Washington ha insistido en que México debe hacer más para combatir la violencia y ha apuntado a la corrupción de funcionarios públicos como parte del problema.

Especialmente significativo es el caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y el senador Enrique Inzunza, acusados formalmente en abril por fiscales estadounidenses de presuntos delitos de narcotráfico y armas vinculados al Cartel de Sinaloa.

Ese estado del oeste de México vive desde hace más de dos años una ola de violencia de gran magnitud, con miles de muertos y desaparecidos, con la pugna entre dos facciones del cartel.

Desde el Gobierno se defiende, no obstante, la contundencia en el combate al crimen organizado, al recordar operaciones de gran calado como el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias 'el Mencho', líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en febrero de este año.

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