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Brasil decide si gira a la derecha como sus vecinos o quiere un cuarto Gobierno de Lula

La historia se repite con los mismos apellidos de los candidatos, pero un nuevo nombre propio: Flavio, que defiende la supervivencia del legado de su padre, el expresidente en detención domiciliaria

(COMBO) This combination of file pictures created on Setember 29, 2026, shows Brazil's President Luiz Inacio Lula da Silva at the Planalto Palace in Brasilia on September 16, 2026; and Brazil's right-wing Presidential candidate Flavio Bolsonaro at the Maracanazinho gymnasium in Rio de Janeiro, Brazil, on August 22, 2026. Brazilians will go to the polls next October 4 once again deeply polarized and under the shadow of US President Donald Trump, who has backed conservative candidates in recent elections in Latin America. (Photo by Evaristo SA and Mauro PIMENTEL / AFP)

Luiz Inacio Lula da Silva y Flavio BolsonaroAFP

Brasil, el gigante en el corazón partido de Sudamérica, vuelve a definir si la región se inclina definitivamente para la derecha o resiste el ciclo de esa particular izquierda que representa Lula Da Silva.

Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia y Paraguay se bajaron del tren de la falsa progresía hispanoamericana tras los fracasos sostenidos de sus dirigentes. La fórmula socialismo siglo XXI y sus satélites estaba y está agotada en términos políticos y económicos. Pero Lula da Silva, el escurridizo calamar, ha resistido como una rara avis que no lo es tanto.

El líder del Partido de los Trabajadores (PT) intenta mantenerse en el poder, por cuarta vez, otros cuatro años (sumaría 16 en total) con apenas modificaciones a su manera de entender cómo se administra un país de más de 213 millones de habitantes y una superficie total de 8,5 millones de kilómetros cuadrados.

Lula siempre fue Lula y las cuestiones de dinero las manejó como si fuera un economista ortodoxo

La política y el programa económico de Lula poco tienen que ver –y menos tuvieron que ver– con el del difunto Hugo Chávez, al que protegió y mucho menos con el caos de Nicolás Maduro, al que despreciaba, pero ayudó a sostener. Para lo bueno y para lo malo (corrupción y connivencia con las dictaduras de ultraizquierda), Lula siempre fue Lula y las cuestiones de dinero las manejó como si fuera un economista ortodoxo. De hecho, su programa en este terreno no difiere sustancialmente del de Flavio Bolsonaro.

A la izquierda en los asuntos sociales y a la derecha en las cosas del bolsillo (esto es, del comer), el presidente de Brasil se diferencia del hijo de Jair Bolsonaro en el modo que proponen de alcanzar los mismos objetivos. Para el «petista» el Estado debe ser el mismo paquidermo excedido de peso y apetito insaciable, mientras que para el liberal hay que someterlo a una severa dieta que incluye una drástica reducción de ministerios (10), organismos y recortes en derroches innecesarios.

El estilo Javier Milei, en materia económica, es el espejo en el que se quiere ver reflejado Bolsonaro

El estilo Javier Milei, en materia económica, es el espejo en el que se quiere ver reflejado Bolsonaro, una especie de revival de la ola de privatizaciones de los años 90, pero en versión mejorada. Las empresas públicas o mixtas, como Petrobras (Petróleos Brasileiro), para Lula están bien como están, mientras que para el senador por Río de Janeiro hay que dar un paso más en su proceso de privatización.

Los dos apuestan por bajar la inflación, hoy del 4,5 %, alcanzar el equilibrio fiscal y reducir una deuda pública del 82,5 % del PIB.

Flavio Bolsonaro quiere mantener la jornada laboral sin modificaciones y Lula meterle la tijera sin que afecte a los sueldos. Es decir, reducirla a 40 horas semanales.

En política exterior, el hijo de Jair Bolsonaro reconstruirá los puentes parcheados con Estados Unidos. Estar alineado con la Casa Blanca tiene sus ventajas y Donald Trump ve en su padre su propia sombra con peor fortuna. El paralelismo entre los sucesos del Capitolio y el asalto de las hordas bolsonaristas a las sedes de los tres poderes del Estado en Brasilia tras la victoria de Lula hace cuatro años, resulta evidente.

Para el republicano, que se prepara este mismo mes para encajar un duro revés en las elecciones de mitad de mandato, una victoria de Bolsonaro cerraría el círculo de esa alianza militar por medio de El Escudo de las Américas. La lucha contra el narcotráfico y el crimen internacional le permitiría además sentar en la misma mesa liberal a la mayoría de los países y a los más importantes, con la excepción de México de la región.

Las cartas, en este caso los votos, están en las urnas o en camino de ellas, pero la partida no ha hecho más que empezar. Los sondeos anticipan que habrá segunda vuelta en tres semanas y ahí, la suerte sí estará echada.

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