Europa necesita instituciones a la altura de sus ambiciones
Con la guerra en nuestro continente, el nuevo escenario geopolítico, la necesidad de reforzar nuestra defensa, las futuras ampliaciones, las amenazas híbridas o la protección de nuestras fronteras nos obligan a preguntarnos si nuestra arquitectura institucional está preparada
He asumido recientemente una vicepresidencia de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo, AFCO. Lo hago con orgullo, pero sobre todo con un profundo sentido de responsabilidad. Porque pocas veces como ahora ha sido tan evidente que hablar del funcionamiento institucional de la Unión Europea no es un ejercicio reservado a juristas o especialistas en los Tratados, sino hablar de nuestra capacidad para actuar.
Europa atraviesa un momento de transformación: con la guerra en nuestro continente, el nuevo escenario geopolítico, la necesidad de reforzar nuestra defensa, las futuras ampliaciones, las amenazas híbridas o la protección de nuestras fronteras nos obligan a preguntarnos si nuestra arquitectura institucional está preparada para afrontar una realidad muy distinta de aquella en la que fue concebida.
Por eso, más allá de discutir posibles reformas institucionales, creo que tenemos una responsabilidad anterior y fundamental: conseguir que las posibilidades que ya ofrecen los Tratados se utilicen de la mejor manera posible y que nuestras instituciones funcionen con toda la eficacia que esos Tratados permiten.
Antes de plantear nuevas competencias o nuevas reformas debemos conocer, utilizar y desarrollar plenamente las herramientas que Europa ya tiene. Los Tratados no son únicamente un conjunto de límites jurídicos, sino que son también el marco que permite a los Estados miembros actuar juntos, articular la solidaridad europea y dotar de estabilidad y legitimidad a nuestras decisiones.
La defensa es probablemente uno de los ejemplos más claros. Si queremos que Europa asuma una mayor responsabilidad sobre su propia seguridad, no basta con incrementar los presupuestos o fortalecer nuestra industria de defensa. Tenemos que preguntarnos cómo tomamos decisiones, cómo coordinamos a los Estados miembros, qué papel corresponde a las distintas instituciones y cómo aprovechamos plenamente las posibilidades que ya ofrece nuestro marco jurídico.
Lo mismo ocurre ante una futura ampliación. Incorporar nuevos Estados miembros no consiste únicamente en extender las fronteras de la Unión. Obliga a pensar cómo preservamos nuestra capacidad de decisión, cómo garantizamos el equilibrio institucional y cómo aseguramos que una Unión más grande siga siendo también una Unión eficaz.
Y existe otro ámbito igualmente importante: la relación entre las instituciones europeas y los Estados miembros. La fortaleza de la Unión no nace de sustituir a los Estados, sino de conseguir que los distintos niveles de responsabilidad funcionen de manera coherente. El respeto al principio de subsidiariedad, la correcta aplicación del Derecho europeo y la cooperación entre instituciones europeas y autoridades nacionales forman parte de esa misma arquitectura.
Incluso cuestiones aparentemente alejadas del debate constitucional terminan conduciéndonos a él. Ceuta es un buen ejemplo. Una crisis en una frontera exterior puede afectar simultáneamente a la inmigración, Schengen, la seguridad, las relaciones exteriores y la integridad territorial de un Estado miembro. Ceuta es España, pero también es frontera exterior de Europa.
La pregunta que corresponde plantear desde AFCO no es cómo gestionar la política migratoria ni las relaciones con Marruecos, competencias que pertenecen a otros ámbitos. Nuestra responsabilidad es analizar si los mecanismos previstos en los Tratados permiten una coordinación y una solidaridad suficientemente eficaces cuando varias dimensiones de una crisis convergen al mismo tiempo.
Este ejemplo demuestra por qué las cuestiones institucionales tienen consecuencias muy concretas. Cuando llega una crisis, la calidad de nuestra arquitectura determina quién puede actuar, con qué instrumentos, bajo qué procedimiento y con qué rapidez.
Por eso quiero afrontar esta vicepresidencia con una prioridad clara: contribuir a que Europa aproveche plenamente sus Tratados y consolide una arquitectura institucional capaz de responder a las responsabilidades que estamos pidiendo a la Unión que asuma.
He dedicado buena parte de mi vida política al proyecto europeo. Y precisamente por creer profundamente en él considero que debemos exigirle que funcione cada vez mejor. Europa no se fortalece acumulando instituciones o competencias por sí mismas. Se fortalece cuando las que tiene funcionan, cuando los Tratados se aplican con eficacia y cuando los ciudadanos comprueban que la Unión es capaz de responder allí donde su actuación aporta verdadero valor.
Los próximos años serán decisivos. Defensa, ampliación, seguridad y competitividad pondrán a prueba nuestra capacidad de decisión y nuestra cohesión. Este Comité de Asuntos Constitucionales tiene la responsabilidad de contribuir a que la arquitectura institucional europea esté preparada para ello. Porque una Europa con mayores ambiciones necesita también instituciones capaces de convertir esas ambiciones en acción.
*Antonio López-Istúriz White, es vicepresidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo