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Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis por el partido La Francia InsumisaSimon Wohlfahrt / AFP

Perfil

Bally Bagayoko, el alcalde de ultraizquierda que azuza las revueltas en Francia

Una actitud irresponsable que forma parte de una estrategia de desestabilización perfectamente engrasada

«La violencia puede ser legítima». Bally Bagayoko no se paró en barras hace ya varios días mientras apoyaba una de las primeras exhibiciones de violencia llevadas a cabo por unos lycéens –estudiantes de Secundaria– que saqueaban las instalaciones de su lycée. Si la opinión emitida ya es de por sí inaceptable, su significado se agrava si quien la pronuncia es el alcalde del municipio, entre cuyas funciones esenciales figuran el mantenimiento del orden público y la preservación de la convivencia entre todos sus habitantes.

El municipio en cuestión es Saint-Denis, algo más de de 150.000 habitantes de acuerdo con los últimos recuentos. Situada a una quincena de kilómetros al norte de París, su imponente basílica alberga las reliquias de una veintena de reyes capetos, las de Luis XVI, guillotinado en 1793, entre ellas. Sin embargo, hoy en día Saint-Denis se ha convertido en un ejemplo típico de los males que aquejan a Francia desde hace décadas: inmigración descontrolada y su inevitable corolario, un islamismo que campa a sus anchas, tasa de paro elevada, delincuencia endémica -con la droga como protagonista- o barrios en los que las fuerzas del orden se lo piensan dos veces antes de visitarlos. Nada extraño que el municipio fuera el escenario de uno de los episodios más trágicos de los atentados islamistas de enero de 2015.

Pues bien, en este ambiente Bagayoko ha sido víctima de sus propias recomendaciones: el martes fue alcanzado por el gas procedente de armas disuasorias utilizadas por la Policía. En su caso, y fiel a sí mismo, ha sabido explotar el incidente para agudizar su ya engrasado victimismo. Una pieza más a su ya abultado currículum en la materia, también compuesta por una serie de provocaciones perfectamente dosificadas: la comunicación es una de sus grandes especialidades y la cuida con especial esmero. Como si se tratara de un orfebre. De ultraizquierda, sí; pero casi siempre vistiendo traje y corbata.

Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis por el partido La Francia InsumisaKenzo Tribouillard / AFP

El victimismo: no es infrecuente que responda a cada crítica alegando sus orígenes africanos –de Mali para ser precisos– para intentar neutralizar a sus contradictores: como vengo de donde vengo, tengo una superioridad mora que nunca será vuestra. Y si no es suficiente, se querella para estirar indefinidamente la controversia. Bien lo sabe, por ejemplo, el cronista televisivo Vincent Hervouët, quien osó decir: «Concedimos [Francia] la independencia a Mali, a cambio nos enviaron a Bagayoko».

Que su antecesor en el cargo, el socialista Mattieu Hanotin, se muestre reservado sobre alguna de las primeras medidas de Bagayoko y a este último le falta tiempo para tildarle de «administrador colonial». Faltaría más. Que el canal conservador CNEWS se atreve a mencionar sus orígenes, pues el señor alcalde pide su cierre. Nada menos. Y así sucesivamente.

En cuanto a las provocaciones, desde que ganó la alcaldía de Saint-Denis en marzo con una mayoría aplastante, se multiplican, perfectamente espaciadas para ser blandidas o anunciadas en el momento mediático más oportuno. Van desde el desarme parcial de la policía municipal o el derecho a silbar la Marsellesa, hasta la retirada del retrato oficial -acto claramente ilegal- de Emmanuel Macron o incluso la colocación de la bandera palestina en la fachada del ayuntamiento.

¿Le han llamado la atención alguna vez desde La Francia Insumisa, la formación a la que adhirió en 2017, tras algunos coqueteos nunca oficializados con el Partido Comunista? Jamás. Antes, al contrario: le animan a seguir por esa vía. Es uno de los suyos y participa de la desestabilización programada de Francia, el gran objetivo estratégico de los Insumisos mientras se acercan las elecciones presidenciales de 2027.

Mas los observadores políticos franceses le atribuyen el deseo de suceder, de aquí a un tiempo, a Jean-Luc Mélenchon, que a sus 75 años puede estar librando su última gran batalla política. Bagayoko lo niega, aunque no con especial firmeza. Tal vez por eso correspondió con todas las atenciones a León XIV hace unos días en el Estadio de Saint-Denis: Bagayoko sabe que ha de adquirir estatura política sin decepcionar a los agitadores de ultraizquierda.