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AnálisisMarta Torres-RuizNueva York

¿Qué le espera a EE.UU. y a los demócratas después de las elecciones de mitad de legislatura?

Los demócratas lideran las encuestas, pero ganar en noviembre les daría poder para frenar y fiscalizar al presidente, no para gobernar

Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en la Cámara de RepresentantesFinn Gomez / Getty Images via AFP

¿Qué le espera a Estados Unidos y sobre todo a los demócratas después de las elecciones del 3 de noviembre de mitad de legislatura? Se renuevan la Cámara de Representantes al completo y un tercio del Senado. La respuesta corta es que a los demócratas solo les espera negociar con el presidente de Estados Unidos Donald Trump. La respuesta larga es que a pocas semanas de las elecciones los demócratas llegan con ventaja en las encuestas y con la Cámara de Representantes a su alcance, si se hacen con ella, su victoria les daría capacidad de bloqueo y control sobre el Ejecutivo, pero no la de aprobar leyes sin contar con Donald Trump. Esperan dos años de vetos, filibusterismo y un Senado reñido.

Una ventaja sólida, pero limitada

En un sondeo reciente de PBS/NPR/Marist se da a los demócratas un 53 % frente al 41 % de los republicanos las elecciones del Congreso. Emerson muestra una ventaja casi idéntica, de 12 puntos, y la media de RealClearPolitics la sitúa en 9. Los independientes se inclinan por los demócratas por entre 25 y 29 puntos, y la aprobación de Trump ronda el 39 %.

¿Qué se significa controlar la Cámara de Representantes?

Dominar la Cámara Baja permite presidir los comités, fijar la agenda de debate, aprobar citaciones y dirigir investigaciones sobre el Ejecutivo, es decir, contra Donald Trump. Los demócratas ya preparan investigaciones sobre la Administración Trump. También les permite bloquear cualquier proyecto republicano y paralizar, en la práctica, la agenda legislativa del presidente.

En cambio, los demócratas no podrán aprobar su propia agenda. Una ley exige el visto bueno de ambas cámaras y la firma del presidente para aprobar las leyes. Fiscalizar no equivale a legislar.

El Senado, más difícil

El Senado es el tablero complicado. Los demócratas necesitan ganar Maine, Michigan y Texas. Una vez asegurados esos escaños, necesitan todavía uno más sin perder ningún asiento en uno de estos tres estados: Alaska, Ohio o Iowa.

En Maine, la veterana republicana Susan Collins aventaja por tres puntos a Troy Jackson, según una encuesta del New York Times y Siena. En cambio, la media de RealClearPolitics apunta a empate. En Michigan, el musulmán demócrata Abdul El-Sayed lidera por menos de tres puntos, según la media de las encuentas.

En Texas, estado en el que no se elige a un senador demócrata desde 1993, James Talarico lidera nueve de las diez últimas encuestas recopiladas por RealClearPolitics. En cambio, esta ventaja se encuentra dentro del margen de error.

La ventaja demócrata es mayor en las encuestas al Senado que en las elecciones de gobernador de los mismos estados, lo que sugiere un voto dividido en Texas, Georgia y Nuevo Hampshire. Esto significa que los votantes están examinando las propuestas de cada candidato más que las del partido.

Ciudadanos de Ohio emiten su voto anticipado en las elecciones de mitad de mandato en 2026Jeff Dean / Getty Images via AFP

Si los demócratas ganan el Senado, controlarían la agenda de esa cámara y las confirmaciones de miembros del gabinete, altos cargos federales y jueces, lo que limitaría mucho la capacidad de Trump de moldear el aparato ejecutivo y el poder judicial.

Vetos y filibusterismo

Incluso con las dos cámaras en su poder, los demócratas tendrían que saltar dos obstáculos. El primero es el veto del presidente: Trump podría rechazar cualquier proyecto. Para sortear su veto, se exige dos tercios de los votos en cada cámara, un umbral que los demócratas no alcanzarían.

El segundo es el filibusterismo. Es una táctica que permite a una minoría impedir que un proyecto se vote. En el Senado, el filibusterismo es una táctica que consiste en retrasar o bloquear una votación sobre un proyecto de ley o una confirmación de un nombramiento. Para entender cómo funciona, es necesario explicar primero el procedimiento legislativo del Senado. Cuando un senador o un grupo de senadores presenta un nuevo proyecto de ley, este se remite a la comisión competente para su debate, la celebración de audiencias y la presentación de enmiendas. Si la mayoría de los miembros de dicha comisión vota a favor, el proyecto pasa al pleno del Senado para su debate.

Una vez que el proyecto de ley llega al pleno del Senado, necesita una mayoría simple de 51 votos para ser aprobado, una vez concluido el debate. Sin embargo, existe una particularidad: antes de que pueda someterse a votación, se necesitan 60 votos para poner fin al debate. Por este motivo, la mayoría cualificada de 60 votos se considera, en la práctica, el umbral mínimo para aprobar gran parte de la legislación en el Senado.

Un Congreso de confrontación

Todo apunta a un Congreso más escenario de choque que un lugar donde se escriben y después se aprueban leyes. Cabe esperar pocas normas nuevas, salvo las vitales, como la financiación de la administración; más investigaciones y audiencias, sin efectos legales directos; y pulsos presupuestarios con riesgo de cierres parciales del gobierno. Con el poder legislativo bloqueado, Trump podría recurrir más a decretos, que acabarían a su vez en los tribunales.

Una paradoja del sistema

Los demócratas podrán investigar a Trump, hacer que sus nombramientos sean examinados y frenar su agenda. Pero, no lograrán un cambio de rumbo por la vía legislativa. La mayor victoria posible de la oposición sigue pasando por sentarse a la mesa con el presidente de Estados Unidos para negociar.

Todavía así, las encuestas, además, pueden fallar, sobre todo en las carreras ajustadas del Senado, y quedan semanas de campaña, que en política es un mundo.