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Un militar de la 141.ª Brigada Mecanizada Independiente de Ucrania viaja en una camioneta bajo la red antidrones en la aldea de Prosyana, en la región de Dnipropetrovsk

Un militar de la 141.ª Brigada Mecanizada Independiente de Ucrania en la aldea de Prosyana, DnipropetrovskAFP

Ucrania, ante su invierno más oscuro: el plan de Putin para doblegar a Zelenski

Rusia quiere hacer inhabitables las grandes ciudades ucranianas y expulsar a sus ciudadanos atacando la infraestructura energética del país invadido

Se acerca el invierno y Ucrania ya se prepara para la peor fase de la invasión rusa de los últimos cuatro años. El autócrata ruso, Vladimir Putin, se ha autoimpuesto un objetivo: hacerse con el Donbás para 2027. Un objetivo poco realista, ya que las fuerzas ucranianas no solo resisten en la línea del frente, sino que, en una contraofensiva desplegada desde mayo y bautizada como Operación Vivaldi, han logrado recuperar más de 100 kilómetros cuadrados en Donetsk. La frustración de Putin se ha traducido en ataques masivos contra civiles y grandes urbes ucranianas. La última gran matanza tuvo como escenario Zaporiyia, donde un bombardeo ruso mató la semana pasada a 23 personas, cuatro de ellas menores.

Este patrón coincide con un documento del Kremlin, interceptado por Ucrania y divulgado por medios como The New York Times, en el que se esboza un plan para provocar el colapso del sistema energético ucraniano mediante ataques metódicos de cara al invierno. Según esta hoja de ruta, Moscú está preparado para lanzar una campaña de ataques en la que emplearía hasta 1.000 misiles, drones y bombas. Entre los objetivos de la ofensiva estarían las subestaciones eléctricas, las centrales hidroeléctricas y térmicas y las salas de calderas. El documento, fechado en agosto y escrito en ruso, describe tres fases diferentes.

En la primera, el Kremlin dejaría fuera de servicio las subestaciones situadas cerca de las fronteras occidentales de Ucrania, que importan electricidad de Europa. El segundo paso sería inutilizar las centrales hidroeléctricas. El último objetivo, y el más preocupante, sería desconectar las tres centrales nucleares en funcionamiento en el país invadido. Estas actúan como la columna vertebral de la infraestructura eléctrica ucraniana y, para lograr inutilizarlas, Rusia atacaría con misiles las subestaciones eléctricas que las conectan a la red, situadas a poco más de un kilómetro de los reactores. Un pequeño error podría provocar una catástrofe nuclear.

Con todo esto, Putin busca eliminar casi 15 gigavatios de capacidad de generación, la misma cantidad de la que disponía Ucrania a finales del verano. Kiev sospechaba que esta campaña empezaría con las primeras heladas, pero parece que el Kremlin ha adelantado sus planes ante su incapacidad para lograr avances en el frente. A finales de septiembre, una lluvia de misiles y drones se abalanzó contra una gran central térmica y otras instalaciones energéticas, sacudiendo Kiev. Desde entonces, la capital ucraniana sufre a diario bombardeos no solo contra este tipo de infraestructuras, sino también contra barrios residenciales. Este mes de octubre, Rusia también ha incorporado a su campaña los ataques contra los puentes que conectan las dos orillas de Kiev sobre el río Dniéper.

Varias personas pasan junto a un trolebús detenido debido a una caída de tensión provocada por los ataques rusos contra instalaciones energéticas en Ucrania, en Kiev,

Un trolebús detenido debido a una caída de tensión provocada por los ataques rusos contra instalaciones energéticas en Ucrania, en KievAFP

La intención es clara. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, lleva meses advirtiendo de que el Kremlin quiere hacer inhabitables las grandes ciudades del país y expulsar a sus ciudadanos. Moscú está logrando poner contra las cuerdas a la capital, donde, incluso antes de la llegada del invierno, se registran apagones, cortes de agua e interrupciones en el transporte público. Según los planes rusos interceptados por la Inteligencia ucraniana, los objetivos prioritarios de Moscú son Kiev, Járkov y Odesa, con planes para recortar el suministro eléctrico en esas ciudades en un 90 %, reducir el suministro de calefacción en la misma proporción y perturbar gravemente el sistema de alcantarillado.

Para evitar este escenario, las autoridades ucranianas han invertido cientos de millones de euros en reparar centrales eléctricas y subestaciones, así como en instalar instalaciones energéticas más pequeñas, como turbinas de gas, que son más difíciles de atacar. También han reforzado la red eléctrica para que resista la alta demanda en épocas de frío y redirija la energía cuando los ataques dejen fuera de servicio las líneas de transmisión. Rusia aplica el mismo patrón todos los inviernos. Sin embargo, esta ocasión es diferente, ya que afronta una nueva campaña con una amplia reserva de misiles balísticos y drones propulsados por reactores, más difíciles de interceptar por las defensas antiaéreas ucranianas. Pero los problemas no acaban aquí para Zelenski.

La semana pasada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó un acuerdo con Putin para que Rusia libere miles de barriles de diésel en los mercados mundiales, engrasando así la maquinaria bélica del Kremlin. A este pacto le siguió la reclamación del republicano de la sustitución de Zelenski como presidente y el anuncio de una supuesta «tregua energética» de la que ni Kiev ni Moscú tenían constancia. El ucraniano aceptó dejar de atacar las refinerías rusas pero, y como lleva reclamando meses, solo si Putin pone fin a sus ataques contra la infraestructura energética. El Kremlin, sin embargo, ha mantenido sus ataques contra instalaciones vitales en Ucrania.

Tan solo horas después de que Trump asegurara que ambas partes se habían comprometido a la tregua, las fuerzas rusas atacaron una planta energética en Kiev, además de bombardear otra instalación en Zhitómir, norte, y una central en Járkov. Zelenski ha denunciado unos 196 ataques rusos contra el sector eléctrico en la última semana, a los que hay que sumar otros 20 contra instalaciones de gas y petróleo, en los que al menos 153 civiles han muerto. Con todo, las masacres en Ucrania continúan y sus ciudadanos se preparan ya para el que amenaza con convertirse en el invierno más duro y cruento de estos cuatro años de invasión rusa.

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