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El Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla o cómo despedirse del poder y del dinero si Bolsonaro es presidente

Las dos plataformas de la izquierda iberoamericana que apoyan los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela se quedan sin dirigentes, con problemas financieros y escasa influencia en la región. El escenario será aún más grave si Lula pierde la elección

El bloque de izquierda hispanoamericana en ruinas y a punto de perder a Brasil ante un posible derrota de Lula

El bloque de izquierda hispanoamericana en ruinas y a punto de perder a Brasil ante un posible derrota de LulaEl Debate / asistido por IA

Son tiempos de cambio de ciclo. El socialismo del siglo XXI ha empezado a formar parte de la historia y las revoluciones sandinista y cubana viven sus horas más bajas con amenaza de que sean las últimas. La izquierda iberoamericana, incluida España, ha perdido espacio y, sobre todo, poder real y de convocatoria.

La Venezuela de Hugo Chávez que heredó Nicolás Maduro no existe. El país se está convirtiendo en algo parecido a un protectorado de Estados Unidos, donde los restos del régimen que encarna Delcy Rodríguez responden como vasallos a las instrucciones de la Casa Blanca y del Departamento de Estado.

Donald Trump y Marco Rubio son los que mandan, castigan y perdonan a los supervivientes de la dictadura que tiene en su haber no menos de 10.000 muertos. El último en ser premiado con el «indulto» de Washington ha sido Jorge Rodríguez, hermano de la «presidenta encargada», titular de la Asamblea Nacional e intermediario con la oposición para crear las condiciones que permitan celebrar elecciones cuando Washington lo decida y «tragar» con el regreso de María Corina Machado.

Las sanciones de Estados Unidos a los Rodríguez se han levantado, no así las de Diosdado Cabello, más difíciles de digerir hasta para un hombre de negocios obsesionado con el petróleo como el presidente Trump. El régimen venezolano está solo o, lo que es peor, atado –y embargado– por la fuerza y las amenazas de la primera potencia del mundo.

El cable a tierra o frente común de sus vecinos y amigos de ideología de la región, prácticamente, ha desaparecido y su lugar en el mundo del Foro de São Paulo está vacío. La noticia no es buena, por distintas razones, para ninguno. El régimen de Caracas se ha quedado sin el paraguas de tolerancia y protección que le permitía estar considerado uno más del club, mientras el Foro pierde a un «banquero» con fondos en negro, pese a la crisis, potente.

Lo mismo puede decirse de los protagonistas y «líderes» bolivarianos que creyeron que el poder era para siempre y esa plataforma de exaltación de las dictaduras de izquierda podía ser inmortal, material y espiritualmente.

Los partidos venidos a menos que siguen dentro de algo que está a un paso –si Lula pierde las elecciones– de ser nada, forman fila con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Daniel Ortega y Rosario Murillo, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) aplastado por Nayib Bukele o, entre otros, el MAS (Movimiento al Socialismo) de Bolivia.

Salvo el matrimonio Ortega Murillo, sus representantes en el Foro S.P. están fuera del juego del poder y Lula, fundador y personaje estrella del Foro, parecería estar a pocos días de perderlo todo.

Escenario similar vive esa izquierda caribeña del Grupo de Puebla, un invento del inane expresidente argentino Alberto Fernández, el mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y de la eterna promesa de la izquierda chilena, Marco Enríquez Ominami (MEO).

Con ambiciones pseudointelectuales, los miembros de este colectivo, –a diferencia del Foro de S. P., formado por personas físicas y no partidos– se mantienen en una web irrelevante y un poco surrealista.

Ahí figura todavía José Luis Rodríguez Zapatero, imputado por tráfico de influencias, organización criminal, falsedad documental, delito fiscal y contrabando. Faro sin luces en esta tempestad donde los náufragos son conscientes de que no hay flotador para ellos ZP está en la misma lista de miembros con el expresidente paraguayo Fernando Lugo, el hondureño Manuel Zelaya, el exsenador colombiano y excandidato presidencial Iván Cepeda, y hasta con Oriol Junqueras, Irene Montero y Yolanda Díaz.

Las grandes figuras iberoamericanas que hicieron del Foro de São Paulo y del Grupo de Puebla un club VIP de «zurdos», como los define el presidente Javier Milei, están en no pocos casos procesadas, condenadas, huidas, en rebeldía y, lo más importante para ellas, lejos del poder.

Es el caso de los expresidentes Rafael Correa, atrincherado en Bélgica para esquivar el banquillo en Ecuador, Evo Morales, que sigue refugiado en la espesura de la selva cocalera del Chapare boliviano, donde el Ejército no se anima a entrar; o Nicolás Maduro, aislado en una celda en Brooklyn y separado por un muro de su mujer, Cilia Flores.

La excepción a la regla de los que un día fueron alguien y hoy no son nadie es Lula da Silva, pero de acuerdo a la totalidad de las encuestas, la posibilidad de volver a lograr su reelección está lejos. La magia del líder del PT (Partido de los Trabajadores), con 80 años, se ha esfumado. Es cierto que en política nada es definitivo hasta que no se cuenta el último voto, pero esa hazaña, hoy por hoy, no parece verosímil.

El senador Flavio Bolsonaro, de 45 años, sigue con una tendencia al alza después de ganarle el pulso en la primera vuelta de las elecciones. Las encuestas y los vientos liberales y libertarios de Iberoamérica le sonríen en Brasil. Eso significaría el fin del último «americano» con poder y, de rebote, de lo que queda del Foro de São Paulo y del Grupo de Puebla.

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