Estatua de la Marianne, símbolo de la Revolución Francesa, con un chaleco amarillo
¿Qué son los 'chalecos amarillos'? El regreso a las calles del movimiento que puso en jaque a Macron
Ocho años después, la sombra de aquella movilización vuelve a hacerse visible en concentraciones emblemáticas como la Plaza de la República de París
Las calles de Francia vuelven a presenciar la convergencia de dos generaciones en torno a la protesta social. Corría noviembre de 2018 cuando miles de ciudadanos salieron a las carreteras ataviados con las prendas reflectantes que los conductores guardan obligatoriamente en sus vehículos, dando origen al movimiento de los «chalecos amarillos» (gilets jaunes).
Hoy, ocho años después, la sombra de aquella movilización vuelve a hacerse visible en concentraciones emblemáticas como la Plaza de la República de París.
El fenómeno de los chalecos amarillos se constituyó el 17 de noviembre de 2018 como una plataforma ciudadana transversal, carente de portavoces, liderazgos formales o adscripción a partidos políticos.
En su jornada de debut logró convocar a más de 282.000 personas en todo el territorio francés, movilizando a un perfil variado compuesto por empleados, trabajadores independientes, parados y jubilados que compartían la dependencia diaria del vehículo privado. La edad media del manifestante se situaba entonces en los 47 años.
Aquel estallido inicial, motivado por el incremento de los impuestos a la gasolina, derivó de forma progresiva en una enmienda general a la gestión del presidente Emmanuel Macron, reclamando una reducción en los costes de la energía y mejoras en la justicia salarial y fiscal.
En su jornada de debut logró convocar a más de 282.000 personas
La convergencia con las protestas juveniles
En la ola de manifestaciones actual, aunque el protagonismo principal recae sobre las plataformas juveniles, los veteranos del movimiento reflectante han vuelto a hacer acto de presencia en las calles. La protesta actual canaliza una alianza de reivindicaciones bajo consignas como «jóvenes y amarillos» o «chalecos juveniles», ampliamente difundidas en pancartas y redes sociales.
Esta unión de causas vincula las exigencias históricas de los chalecos amarillos —asociadas al precio de los carburantes y a la pérdida de poder adquisitivo— con las demandas de los jóvenes, enfocadas en frenar la subida del coste de la vida, defender un sistema educativo público de calidad y garantizar expectativas de futuro para las nuevas generaciones.