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Pablo Ibar y su mujer Tanya, durante una visita en la prisiónCortesía Tanya Ibar

Entrevista

Tanya, la mujer de Pablo Ibar: «Nunca perderé la esperanza de que Pablo vuelva a casa»

Tanya Ibar habla con El Debate después conocerse el último revés judicial del español que pasó 16 años en el corredor de la muerte

Durante su entrevista con El Debate después del último revés judicial, la mujer del español Pablo Ibar Tanya acusa el desgaste de una batalla judicial que dura décadas, explica cómo ha criado a sus dos hijos con su marido en prisión, concebidos mientras el español estaba en el corredor de la muerte, y pide a los españoles que sigan apoyando a su familia. Tanya Ibar siempre ha agradecido a España su apoyo a Pablo: «Han sido nuestro ejército». Reconoce que «nunca perderé la esperanza de que Pablo vuelva a casa».

Pablo Ibar (Fort Lauderdale, Florida, 1972), sobrino del legendario boxeador José Manuel Ibar «Urtain» e hijo del pelotari Cándido Ibar, lleva preso desde 1994 por el triple asesinato de Miramar (Florida), un crimen que siempre ha negado. Condenado a muerte en 2000 tras un segundo juicio, pasó 16 años en el corredor de la muerte hasta que en 2016 el Tribunal Supremo de Florida anuló la sentencia al considerar que su defensa había sido ineficaz y que las pruebas eran «escasas» y «débiles».

En 2019, un tercer jurado lo condenó a cadena perpetua con esas mismas pruebas: un fotograma borroso de una cámara de videovigilancia y el testimonio cuestionado de un vecino. Según su defensa, no hay huellas, ADN ni pelo suyos en la escena. En junio de 2025 presentó una moción para un nuevo juicio, apoyada en un testigo que afirma conocer a los verdaderos autores. Hace días el juez descartó al testigo que podría haber exculpado a Pablo Ibar. Días después de conocerse la decisión, Tanya Ibar, atiende a El Debate en una entrevista.

Tanya Ibar lleva años viviendo entre la espera, los reveses judiciales y la esperanza de que su marido, Pablo Ibar, pueda regresar algún día a casa. Durante este tiempo ha tenido que sostener a su familia, criar a sus dos hijos y afrontar las consecuencias de una situación que ha condicionado sus vidas desde antes de que nacieran los niños.

Pablo Ibar, junto a sus sobrinos e hijos durante una visita familiar en la cárcelCortesía Tanya Ibar

En la entrevista con El Debate, Tanya repasa el impacto personal y familiar del encarcelamiento de su marido, expresa su frustración por las últimas decisiones judiciales y pide que no se abandone el caso. Su mensaje es claro: pese al desgaste acumulado, no está dispuesta a renunciar a la esperanza.

«Nuestro siguiente paso ahora es presentar el recurso ante el Cuarto Distrito de Apelaciones, basándonos en que, desde el punto de vista legal, el juez debería permitirnos al menos celebrar una vista para presentar pruebas. Y no estamos diciendo que tenga que concedernos lo que pedimos, pero, lo más importante: debería permitirnos escuchar lo que esta persona tiene que decir y, a partir de ahí, tomar una decisión», reconoce.

Una familia marcada por la ausencia

Sus hijos Georgio y Javier fueron concebidos cuando Pablo ya estaba en prisión. Tanya ha asumido buena parte de la crianza cotidiana mientras procura que su marido mantenga una relación estrecha con sus hijos.

El mayor ha comenzado la universidad y habla regularmente con su padre sobre los estudios y las dificultades que encuentra. El pequeño continúa en el instituto y juega al fútbol americano, un deporte que le apasiona también a Pablo.

Pablo Ibar, junto a su hermano, sobrinos, esposa e hijos durante una visita en la prisiónCortesía Tanya Ibar

Para Tanya, una de las partes más dolorosas de esta situación es que su marido no pueda participar físicamente en momentos fundamentales de la vida de sus hijos. No puede acudir a los partidos de Javier ni verlo jugar desde la grada. «La semana pasada, mi hijo jugó un partido y, después, Pablo me dijo que le dolía muchísimo no poder estar allí para verlo jugar», recuerda.

«Tengo que llevar una casa, ser madre, ser esposa, ser la persona que mantiene a todo el mundo unido y se asegura de que las cosas vayan bien», explica. Reconoce que la responsabilidad puede resultar abrumadora y que, en ocasiones, se siente sola. Con todo, considera que sus hijos han aprendido a afrontar las dificultades. La situación de su padre les ha obligado a madurar y a desarrollar fortaleza ante circunstancias que otras familias no tienen que vivir.

El desgaste de la batalla judicial

La esperanza de Tanya se enfrenta periódicamente a nuevos reveses. Una de las más recientes llegó con la decisión judicial de rechazar una petición para celebrar una vista en la que pudiera examinarse el testimonio de un nuevo testigo. La familia pretende recurrir la decisión ante el Tribunal de Apelaciones del Cuarto Distrito de Florida, como se ha destacado con anterioridad.

Su objetivo, explica, es conseguir que se celebre una vista para escuchar al testigo y que, después, el tribunal valore sus declaraciones. La familia sostiene que esa oportunidad es importante para que la nueva información se pueda examinar. «Nunca perderé la esperanza de que Pablo vuelva a casa», afirma. «Estaría mintiendo a la gente si dijera que no me rompe un poco cada vez que hay un revés. Me pregunto: ¿Cuánto tiempo va a llevar realmente todo esto?», reconoce.

Aprender a vivir con las limitaciones

La situación también ha cambiado la manera en que Tanya entiende el sufrimiento ajeno. Habla de la importancia de la empatía y de cómo las experiencias difíciles pueden hacer que una persona sea más consciente de los problemas de los demás.

Para explicar la diferencia entre sus vidas, recurre a ejemplos cotidianos. Ella puede abrir la nevera cuando tiene hambre, salir a comprar un helado si está estresada o salir de su casa libremente. Pablo, en cambio, no dispone de esa autonomía.

También expresa su agradecimiento a quienes han acompañado a la familia durante estos años. Entre ellos destaca a los españoles que han mostrado interés por el caso e incluso han viajado para apoyarlos.

«España ha sido nuestro ejército»

Tanya dirige una parte importante de su mensaje a España. Considera que el respaldo de los españoles ha sido fundamental para que la familia no se sienta completamente sola y pide que ese apoyo continúe. «Por favor, no os rindáis. Necesita ayuda», reclama. Su petición no se limita a expresar solidaridad con Pablo, sino que busca mantener la atención sobre un caso que, para su familia, sigue teniendo consecuencias diarias. «Siempre digo que, ante todo, no puedo agradecer lo suficiente a todo el mundo en España. Estamos en deuda con todos por todo lo que han hecho y por ayudarnos a luchar en este caso», reconoce.

Después de años de espera, la posibilidad de que su marido regrese a casa continúa siendo el horizonte que organiza sus esfuerzos. Tanya quiere que Pablo pueda recuperar su libertad, volver a España y participar plenamente en la vida de sus hijos.

La batalla judicial, el cuidado de la familia y la espera forman parte de una misma realidad. Mientras Pablo permanece en prisión, ella sigue sosteniendo el hogar y acompañando a sus hijos en su crecimiento.