Ahora además de eléctricos los coches deben ser veganos
Automóvil sostenible
Qué es un coche vegano y por qué el ecologismo de algunos nos cuesta 3.500 euros por coche
El ecologismo mal entendido está costando mucho dinero a la industria del automóvil en un momento crítico de transformación
Hace solo unos años que la tapicería de piel en los coches era un signo de lujo y distinción, había marcas como Bentley o Rolls Royce que se enorgullecían de hacer las tapicerías de sus asientos con piezas enteras de animales, sin mezclas de animales ni empalmes…
Todo un lujo que arrastraba una industria de cuidado extremo de ganado en los que además de usarse la piel, se utilizaba también la carne para la cadena alimenticia.
Utilización intensiva
La llegada de la agenda 2030 y del movimiento woke ha traído consigo el sinsentido de trasladar el concepto vegano al automóvil, es decir coches producidos sin introducir pieles naturales en su montaje, aunque la alternativa no sea ni más barata ni más ecológica.
Las nuevas tapicerías veganas no tienen nada que ver con las de piel
Así, el veganismo se ha convertido en un motivo más de marketing y compra para los fabricantes, que lo venden como el clímax del ecologismo, aunque se hayan sustituido las pieles de animales de los asientos, el volante y el cambio por plásticos derivados del petróleo en muchos casos en cuyo proceso productivo se han generado multitud de residuos contaminantes, un verdadero absurdo.
Mucho plástico
Además de las tapicerías, que ahora son literalmente de plástico, este fenómeno afecta también a materiales de acabado e incluso a los pegamentos que se utilizan en la fabricación. Se renuncia a los pegamentos con algún tipo de origen animal y se sustituyen por vegetales aunque sean de peor calidad y de nuevo fuente de más residuos.
El absurdo del coche vegano, veremos hasta donde nos lleva
De acuerdo con cálculos aproximados, la epidemia woke de veganismo tiene un coste real en cada automóvil de unos 3.500 euros que se dividiría entre los 300 euros de sobreprecio del volante, los 2.000 de los asientos delanteros y traseros y los 1.000 de puertas y salpicadero.
Todo ello sin analizar las consecuencias a la hora de achatarrar los automóviles, pues lógicamente los plásticos utilizados son mucho más contaminantes y requieren un gasto más elevado para su reciclaje que las tapicerías de piel tradicionales.