En Europa muchos coches se dan de baja pero nunca llegan a los desguaces

Actualmente los desguaces están sometidos a numerosas medidas de control

Automóvil

Suplantan a desguaces en las redes sociales para vender falsos recambios que nunca reciben

Los confiados clientes pagan por supuestas piezas usadas que realmente no existen, los desguaces legales denuncian la situación

El fraude denunciado recientemente por la compra venta de piezas imaginarias tiene una doble víctima: el comprador que paga por la pieza que nunca recibe y el desguace legal cuya identidad utilizan los estafadores para dar apariencia de legitimidad a la operación.

Comprar un recambio usado por internet puede acabar saliendo mucho más caro de lo previsto. Y no solo para quien paga por una pieza que nunca recibe. Los Centros Autorizados de Tratamiento (CAT), denominación oficial de los antiguos desguaces, alertan de una modalidad de fraude que utiliza la identidad de empresas legales para engañar a compradores en plataformas de compraventa.

Identificar el origen

El mecanismo es sencillo y, precisamente por eso, difícil de detectar a primera vista. Los estafadores publican anuncios de recambios —a menudo piezas con mucha demanda y precios especialmente atractivos— utilizando fotografías reales y los datos de un CAT que existe y opera legalmente. En algunos casos, cuando el comprador muestra interés, el supuesto vendedor llega a facilitar una factura proforma en la que figuran el nombre, domicilio y datos fiscales de la empresa suplantada.

El sector de los desguaces está excepcionalmente regulado

Los supuestos vendedores usan a un desguace de tapadera

La apariencia de legitimidad puede ser suficiente para que el comprador baje la guardia y realice una transferencia bancaria. El problema llega después: la pieza nunca se envía y el dinero acaba en una cuenta que nada tiene que ver con el CAT cuyos datos aparecen en el anuncio o en la documentación.

El fraude genera así una doble víctima. Por un lado está el comprador, que pierde el dinero y no recibe el recambio que había adquirido. Por otro, el propio CAT cuya identidad ha sido utilizada sin autorización. La empresa puede verse obligada a responder ante reclamaciones de clientes que nunca trataron realmente con ella y afrontar además un daño reputacional por una operación en la que no tuvo ninguna participación.

Un montaje sin fisuras

Para los CAT, el problema no se limita por tanto a la pérdida de confianza de un cliente. Su nombre, sus fotografías y sus datos fiscales pueden convertirse en la fachada perfecta para una estafa cometida por terceros, mientras la empresa legítima descubre el fraude cuando comienzan a llegar las primeras reclamaciones.

«Estamos ante un problema que perjudica por partida doble. Por un lado, al consumidor que cree estar comprando una pieza a una empresa legal y termina siendo víctima de una estafa. Por otro, a los propios CAT, cuya identidad, fotografías y datos fiscales son utilizados sin autorización para dar credibilidad a una operación fraudulenta. No pedimos cerrar la puerta a la venta de recambios usados por internet, sino que el comprador pueda saber realmente quién está detrás de cada anuncio y que las plataformas adopten medidas eficaces para evitar estas suplantaciones», ha declarado Germán Catoira, presidente de AEDRA, la principal asociación española del desguace.

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