El prelado Jozef Kowalczyk
Mons. Jozef Kowalczyk (1938-2025)
Un ‘fontanero’ de Juan Pablo II
Su ayuda fue tan discreta como decisiva en la primera mitad de Juan Pablo II
Jozef Kowalczyk
Nació en el 28 de agosto de 1938 en Jadowniki Mokre (Polonia) y falleció el 20 de agosto de 2025 en Tarnow (Polonia)
Doctor en Derecho Canónico, fue ordenado sacerdote en 1962 y consagrado arzobispo en 1988. Entre 1969 y 1989 trabajó en la Curia Romana. Después fue nombrado nuncio en Polonia y, entre 2010 y 2014, arzobispo de Gniezno y Primado de Polonia.
El 19 de diciembre de 1969, en plena Ostpolitik -la estrategia vaticana para garantizar en la medida de lo posible, la libertad de culto en los países comunistas de Europa Oriental-un joven canonista polaco, el padre Jozef Kowalczyk, se incorporó como oficial raso a uno de los principales dicasterios de la Curia romana: la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Mas pronto afinaría sus competencias en un área muy distinta, acompañando en 1976 en un delicado viaje a su país natal al arzobispo Luigi Poggi -con fama de ser uno de los mandamases de los servicios de inteligencia de la Santa Sede-, que desde el año anterior ejercía las funciones de jefe de la delegación vaticana para los contactos permanentes con Polonia.
Tan bien debió de prestar sus servicios el padre Kowalczyk que, a los dos días de ser elegido, su compatriota el Papa Juan Pablo II le encomendó crear una sección polaca en la Secretaría de Estado. Al frente de esta unidad, desarrolló una tan discreta labor de zapa ayudando al Santo Padre a debilitar paulatinamente y con sigilo -ciñéndose a las imperturbables reglas de la diplomacia vaticana- al régimen comunista polaco.
Los once años de Kowalczyk en el cargo surtieron una innegable eficacia, como la Historia se ha encargado de demostrar, si bien no estuvieron exentos de polémica: George Weigel, en El final y el principio, su magistral biografía de Juan Pablo II, le sitúa como uno de los contactos de Edward Kotowski, el principal agente de la inteligencia polaca desplegado en Roma. Kowalczyk siempre negó haberle transmitido información sensible, versión corroborada décadas más tarde por las rigurosas investigaciones del Instituto de la Memoria Nacional de Polonia. Su honorabilidad quedaba, pues, preservada. Lo que sí es cierto es que su intimidad con el Papa le llevó a conducir el automóvil en el que éste último salió clandestinamente en enero de 1981 para esquiar de incógnito en las montañas italianas. Fue la primera de esas peculiares escapadas, que fueron casi un centenar.
Una lealtad sin fisuras que Juan Pablo II premió en 1989 nombrándole primer nuncio apostólico en Polonia tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Una elección en contradicción con la costumbre vaticana, según la cual, salvo el caso excepcional de Italia, no se nombra a ningún nacional de un país como máximo representante de la Santa Sede. También resultó llamativa la excepcional longevidad, 21 años, de su permanencia en el cargo, tiempo en el que pudo configurar el episcopado polaco de principios del siglo XXI. En 2010, Benedicto XVI le eligió para ser arzobispo de Gniezno y Primado de Polonia. En esa calidad, presidió, como resarcimiento de una injusticia histórica, los funerales católicos de Nicolás Copernico.