La Reina Sirikit de Tailandia
Su Majestad la Reina Sirikit de Tailandia (1932-2025)
Inteligencia política, dignidad y gran belleza
Estuvo a la altura de las circunstancias como consorte de Rama X, al que acompañó al frente de la monarquía más augusta de Asia después de la japonesa
Sirikit Kitiyakara
Reina de Tailandia
Hija del Príncipe Nakkhatra Mangala, perteneciente a una rama menor de la Familia Real de Tailandia, en 1950 se casó con su primo segundo Bhumibol Adulyadej, Rey de Tailandia bajo el nombre de Rama IX. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Vajiralongkorn, que continúa la dinastía Chakri como Rama X, y las princesas Ubolratana, Sirindhorn y Chulaborn.
La joven princesa Sirikit, hija del Príncipe Nakkhatra Mangala, perteneciente a una rama menor de la Familia Real de Tailandia,pretendía orientar su existencia hacia los conciertos de piano. Había aprendido a tocar ese instrumento justo después de la II Guerra Mundial en el Reino Unido, país en el que su padre había sido designado embajador, y en Francia, donde pasaba largas estancias. Mas fue en Suiza el lugar en el que su destino se deparó allá por 1949.
También andaba en esa época por tierras helvéticas, completando su formación, su primo segundo Bhumibol Adulyadej, que había sido proclamado Rey –aunque aun no coronado en 1946– bajo el nombre dinástico de Rama IX. El soberano había sufrido un accidente automovilístico en octubre de 1948, entre Ginebra y Lausana, al chocar su auto deportivo contra la parte trasera de un camión, lo que le provocó cortes en la cara y le costó la mayor parte de la vista de un ojo. Sirikit lo visitaba con frecuencia en el hospital. Poco a poco, y pese a que los inicios fueron algo difíciles, surgió un idilio entre ambos.
Bhumibol y Sirikit comprometieron en secreto en julio de 1949, y al mes siguiente lo anunciaron oficialmente en la fiesta del decimoséptimo cumpleaños de la aún princesa, celebrada en Londres. Tras la boda y la coronación -ambos eventos fueron celebrados en Bangkok en 1950 con una semana de diferencia–, regresaron a Suiza para continuar sus estudios, asentándose definitivamente en Tailandia en 1951.
La primera gran prueba para la Reina Sirikit se produjo en el otoño de 1956, cuando se convirtió en regente durante dos semanas mientras el Rey cumplía con unos ejercicios espirituales en un monasterio budista. La segunda fue una gira internacional de 6 meses que los reyes emprendieron por varios países occidentales –España incluida– a lo largo de 1960. Durante ese periodo, la Reina Sirikit destacó por su excepcional elegancia, saber estar y cultura. La suma de estas cualidades repercutió muy favorablemente para los intereses diplomáticos de Tailandia.
En la etapa francesa del periplo ocurrió un episodio del que se desprende la gran proyección de la Reina Sirikit en el mundo de la moda occidental. Cuenta en su libro de recuerdos el diplomático Jean-Paul Alexis, entonces jefe adjunto de Protocolo de la Presidencia de la República que, cuando el embajador de Francia en Tailandia, Achille Clarac, envió, semanas antes, un plan de mesa para la cena de Estado en el Elíseo que incluía al modista Pierre Balmain, favorito de la Reina Sirikit. Respuesta negativa y altanera del presidente De Gaulle: «No invito a proveedores». El embajador, desesperado, replicó: «Cuando pido audiencia en el Palacio Real, necesito un mes para ser recibido; cuando lo hago a través de Balmain, la Reina interviene y se me recibe con rapidez». De Gaulle cedió.
El aura de la Reina también se ejercía en territorio tailandés. Por ejemplo, solía acompañar al Rey –buen fotógrafo y con tempranas inquietudes ecológicas– en sus viajes por Tailandia, visitando cientos de proyectos de desarrollo que él promovía. Realizó otros viajes por su cuenta, promocionando la artesanía tailandesa y creando la Fundación de Apoyo para ayudar a las mujeres rurales a producir y comercializar tejidos y demás artículos de esa índole.
En el plano estrictamente político, la Reina Sirikit permaneció en un segundo plano hasta principios de este siglo, cuando Tailandia entró en una fase –de la que está saliendo a duras penas– de inestabilidad política. En una de las crisis, expresó su simpatía por los manifestantes monárquicos ofreciendo ayuda económica a los heridos en los enfrentamientos con la policía. En 2008, en un gesto muy simbólico, asistió al funeral de una persona fallecida en las protestas de aquel año. Asimismo, defendió la religión budista frente avance islámico en ciertas zonas del país.
Pese a estas polémicas –sin olvidar el comportamiento a veces poco decoroso del actual monarca, Rama X, cuando era Príncipe heredero– la Reina Sirikit asumió con dignidad e inteligencia su papel de consorte de la monarquía más augusta de Asia después de la japonesa. Casi nadie se lo discute.