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Julián García VargasEuropa Press

Julián García Vargas (1945-2026)

Un servidor público, un compañero y un amigo

Ministro de Defensa y Sanidad con Felipe González, entendía que ocupar un cargo público no era ejercer poder, sino asumir un deber, y que los cargos pasan mientras las instituciones permanecen

Nació en Madrid en 1945 donde falleció el 29 de septiembre de 2026

Julián García Vargas

Político

En Aesmide su huella permanece. Permanece en una asociación que ayudó a fortalecer y en una forma de entender la relación entre la empresa y la Administración basada en la confianza, el diálogo, la colaboración y la búsqueda del interés general

Hay personas a las que uno despide con tristeza. Y hay otras cuya ausencia deja, además, un vacío difícil de llenar porque han formado parte de una manera de entender la vida, el servicio a los demás y la responsabilidad. Julián García Vargas pertenece, para mí, a esta segunda categoría.

Tuve el privilegio de conocerle, de trabajar a su lado y, sobre todo, de compartir con él una relación que fue mucho más allá de lo profesional. Cuando asumí la Presidencia de Aesmide, lo hice también con la responsabilidad de recoger el testigo de alguien que había entendido esta asociación como un espacio de encuentro, diálogo y servicio. Sustituirle no fue únicamente asumir una responsabilidad institucional. Fue recibir el legado de un hombre al que siempre he considerado un referente.

Si tuviera que escoger una palabra para definir a Julián, escogería servidor público. Lo fue durante buena parte de su vida y en responsabilidades de enorme importancia, primero como ministro de Sanidad y después como ministro de Defensa. Pero, sobre todo, lo fue en el sentido más noble de la expresión. Entendía que ocupar un cargo público no era ejercer poder, sino asumir un deber, y que los cargos pasan mientras las instituciones permanecen.

Julián tenía además algo que siempre admiré en él: una profunda conciencia de la responsabilidad personal. Conoció el poder y supo también ponerle límites. Sabía que hay momentos en la vida de todo servidor público en los que las decisiones no son fáciles y en los que uno tiene que elegir entre lo que resulta más cómodo y lo que considera correcto. En esos momentos, Julián tenía claro que los principios y la conciencia no podían quedar en un segundo plano. Esa forma de entender la responsabilidad, y de actuar de acuerdo con ella, es para mí una parte importante del legado que nos deja.

También quiero recordar al Julián luchador. La enfermedad puso a prueba su fortaleza, pero no consiguió arrebatarle su energía ni su voluntad. Quienes tuvimos la suerte de estar cerca de él pudimos comprobar la entereza con la que afrontó los momentos más difíciles, con coraje, dignidad y esa fuerza que siempre le caracterizó.

Como compañero, recordaré su exigencia, su criterio y su capacidad para defender aquello en lo que creía. Pero como amigo recordaré, sobre todo, a la persona. Su conversación, su cercanía, su sentido del humor, su capacidad para escuchar y esa forma tan suya de hacer que una conversación profesional terminara convirtiéndose en una conversación entre amigos.

En Aesmide su huella permanece. Permanece en una asociación que ayudó a fortalecer y en una forma de entender la relación entre la empresa y la Administración basada en la confianza, el diálogo, la colaboración y la búsqueda del interés general.

Quienes hoy tenemos responsabilidades en Aesmide debemos continuar ese camino. No para sustituir a Julián, porque a las personas no se las sustituye, sino para honrar aquello que nos enseñó.

Julián fue un hombre de Estado, un servidor público y un compañero comprometido. Pero, para quienes tuvimos la fortuna de conocerle de cerca, fue también mucho más que eso.

Fue un amigo. Y los amigos no desaparecen del todo cuando se van. Permanecen en las conversaciones que recordamos, en las decisiones en las que pensamos qué nos habrían aconsejado y, sobre todo, en aquello que aprendimos de ellos.

Por eso hoy no quiero despedir a Julián únicamente desde la tristeza. Quiero hacerlo, sobre todo, desde el agradecimiento.

Gracias, Julián, por tantos años de servicio público.

Gracias por tu integridad y tu coraje.

Y gracias, sobre todo, por tu amistad.

Ese es el recuerdo que nos queda y también el mejor homenaje que podemos hacerte.

Descansa en paz, querido Julián.

  • Gerardo Sánchez Revenga es presidente de Aesmide