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Jeffrey Archer

Jeffrey ArcherEl Debate

El barón Archer de Weston-super-Mare (1940-2026)

Novelista superventas, político y delincuente

Aventurero por antonomasia, sus trapacerías no fueron óbice para vender 300 millones de libros

Archer cara negra
Nació el 15 de abril de 1940 en Londres, donde falleció el 5 de octubre de 2026

Jeffrey Howard Archer

Político y escritor

Atleta de alto nivel en los 60, diputado entre 1969 y 1974, inició después una fructífera carrera.

Kane y Abel es una novela de prosa ramplona y de personajes planos. Sin embargo, menos de una semana después de su publicación, allá por 1979, el número de ejemplares vendidos ya había superado el millón. Su autor era Jeffrey Howard Archer, un antiguo diputado conservador que se vio obligado a renunciar a su escaño –un safe seat para los Tories en pleno centro de Inglaterra– tras haber sido implicado en un escándalo de información privilegiada que resultó ser fraudulenta.

Archer había encontrado en la escritura el medio para pagar sus deudas. Con el paso del tiempo, las novelas se convirtieron en el hilo conductor de su atribulada existencia: al final de sus días –la víspera de su muerte firmó libros en Londres– había vendido alrededor de 300 millones de ejemplares –las colas en la Feria del Libro de Madrid para lograr una dedicatoria suya eran interminables–, éxito arrollador que le permitió amasar una inmensa fortuna y constituir una notable colección de arte.

Pero siempre al borde del precipicio moral por su propensión a la mentira: la lista de sus embustes ocuparía, paradójicamente, un libro entero. Archer capeaba los temporales con su insuperable don de gentes y su capacidad para levantar fondos ya se tratara de obras benéficas o de llenar las arcas del Partido Conservador. Sin ir más lejos, sus fiestas en su residencia de Londres, a la que acudían políticos y deportistas –no tanto intelectuales auténticos– eran suntuosas.

Fueron esas cualidades las que llevaron a Margaret Thatcher a designarle presidente del Partido Conservador en 1985. Su estancia en el cargo fue de poca duración: al cabo de un año, dimitió por un sórdido asunto de prostitución. Ante los tribunales, Archer logró convencer a los jueces de su inocencia, con el apoyo, inestimable, de su mujer, y ganó el juicio a The Daily Star. Mas de posteriores revelaciones periodísticas se desprendió la comisión de un delito de perjurio, muy grave de cara a la mentalidad anglosajona. Esta vez, Archer fue condenado a cuatro años de cárcel, de los que cumplió dos.

Durante su permanencia entre barrotes, no perdió la fidelidad de sus lectores. Tampoco su plaza en la Cámara de los Lores, al no existir entonces legislación en la materia. Archer fue siempre un tipo con mucha baraka.

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