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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

¿Patriotismo constitucional? Para Úrsula

No solo se puede (y se debe) ser patriota español: es que nuestra nación es anterior a la Constitución. Fundamenta la Constitución, según esta misma reconoce

Pensaba que a la muerte de Habermas se hablaría del patriotismo constitucional, ese concepto que unos se apresuraron a hacer suyo y otros a denostar. Solo que lo hacían fuera de su hábitat moral e intelectual: Alemania. A lo mejor el recuerdo de haber metido la pata con su mal uso es lo que ahora previene de mencionar la bicha de su error a los redactores de obituarios mayores. O bien todos siguen creyendo que el patriotismo constitucional es lo que no es, y no lo mencionan por casualidad.

Es el caso que entre el literalismo, extendida enfermedad contemporánea, y la habitual pereza, los eruditos a la violeta decidieron que bastaba con saber el significado de dos palabras, con averiguar que alguien las había juntado, con gozar al ver un adjetivo tan técnico y pulcro (constitucional) domando al sustantivo que tanto temen (patriotismo). Bastaba con eso, creyeron, para apuntarse al carro: ¡Yo también soy patriota constitucional! O peor: ¡Nuestro partido debería declararse patriota constitucional! La primera vez que lo oí sentí esa vergüenza tan particular que nos entra cuando un amigo o compañero da abiertas muestras de orgullosa ignorancia.

Luego dejé de sentir el incómodo alipori porque no tenía reservas suficientes para padecer por todos. Así que empecé a preguntar al personal si eran alemanes, o si lo era el partido y no me había enterado. Porque aquel concepto de Habermas tan curiosamente eludido a su muerte (no digo que nadie lo haya evocado, afirmo que no me consta) solo lo puede parir un alemán que viviera el nazismo, y solo lo puede usar desde Alemania. Cualquier apropiación o extensión de su uso es una frivolidad peligrosa. Las frivolidades peligrosas son una cosa muy española, Manuel Azaña es su mayor exponente. Pero a lo que íbamos:

El patriotismo constitucional es inseparable de esta idea: Alemania murió con el Holocausto. Un alemán no se puede permitir nada parecido a lo que el resto del mundo quiere decir cuando pronuncia la palabra patria. Sin embargo, los alemanes están ahí, estaban ahí cuando Habermas acuñó el concepto. Y se estaban olvidando de que su patria, en sentido tradicional, se había suicidado. Que nunca más sería lícito invocarla, o declararse patriota, si a esa patria se la concebía, como al resto, con algún residuo de etnicidad. Ni que fuera lejanamente sobreentendida.

Habermas necesitaba poner un límite a quien deseara llamarse o considerarse patriota siendo alemán: cuanto pudiera significar el término se iba a circunscribir a un Estado, y solo en la medida en que lo regula una Constitución. Dictada, por cierto. Eso subyacía en el concepto de Habermas. Disolverse en Europa también le parecía muy aconsejable: porque era alemán, y siempre es mejor ser europeo que seguir siendo leal a una patria cadáver o a un documento. Así que nada de esto nos atañe. No solo se puede (y se debe) ser patriota español: es que nuestra nación es anterior a la Constitución. Fundamenta la Constitución, según esta misma reconoce.