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La televisión pública española, que ha hecho del NODO franquista la CNN a fuerza de ser más sanchista que Sánchez, ha dedicado en las últimas horas telemaratones a dos nimiedades sonrojantes: el origen del viaje de Isabel Díaz Ayuso, la única política que ha tenido la decencia de reivindicar la Hispanidad en un país cada día más estúpido y acomplejado; y las supuestas tretas de Vito Quiles para ahorrarse unos euros cada vez que coge un AVE.

En la misma España que ha visto, atónita, cómo la esposa, el hermano y el cuartel general del sanchismo acaba en los juzgados por traficar con favores, enchufes, adjudicaciones y prostitutas; que además soporta la trágica combinación de la mayor presión fiscal de la historia con la más galopante incapacidad para aprobar Presupuestos y que, por último, soporta cada semana el pavoroso espectáculo de un presidente rendido ante sus secuestradores separatistas que disimula a duras penas con numeritos pandémicos y vídeos quinceañeros en las redes sociales; lo relevante para Telepedro es acosar a un comunicador víctima de denuncias falsas y transformar un pequeño viaje en un escándalo en el mismo país en el que el presidente, con su imputada esposa, se ha ido a la playa, de palacios y de excursión internacional a cargo del erario: él también estaba en un Ventorro en la India, con la catedrática, mientras Valencia se anegaba.

El bochorno del ente, que parece ya el aparato de propaganda de Leni Riefenstahl, llega hasta el punto de dejarse someter al capricho demagógico de Sánchez con Eurovisión, en la que no ha participado España porque Moncloa lo ha decidido: dice El Okupa, que pierde en las urnas y suma un rato para la investidura bajándose los pantalones hasta el hemisferio sur, que lo ha hecho por los derechos humanos.

Y lo dice sin sonrojarse pese a deberle el cargo a un terrorista, un fugitivo y un delincuente que acumulan un enorme historia de desprecio a la libertad e incluso a la vida: Sánchez es presidente pese a los votos, pero gracias a un señor que secuestraba y jaleaba atentados, otro que huyó tras dar un golpe de Estado y uno más que se quedó tras cometer el mismo delito que, cuando puedan, volverán a perpetrar.

En ese escenario, agravado por la ausencia de Presupuestos, el ataque norcoreano a la separación de poderes, la persecución al periodismo critico y el desprecio a las urnas; TVE se ha convertido en la pistola que dispara a los objetivos señalados por el patrón, un vulgar capo siciliano con ínfulas que no puede salir de casa sin un cordón de seguridad equivalente a la superficie de Andalucía.

Una cosa es tener una línea editorial y otra mentir, acosar, tapar y vulnerar con sevicia el mandato encomendado, que en el caso de la televisión pública nunca es comportarse como un sicario y poblar su parrilla de matones a sueldo dispuestos a hacer el trabajo sucio, con la complicidad de peones baratos de izquierdas y tontos útiles de derechas para simular una pluralidad inexistente.

Quitarle Eurovisión a la gente trabajadora y humilde, que no puede cenar en un restaurante ni irse de teatros y conciertos, mientras los censores se pegan la vida padre y la televisión pagada por todos presume de su fechoría lacaya, no es una anécdota: es la confirmación del Kim Jong-un de saldo que ha secuestrado la democracia y de la ausencia de escrúpulos de sus mercenarios.

Posdata. Por cierto, si lo que mueve al bueno de Sánchez son los derechos humanos, ¿promoverá la exclusión de España de la FIFA o la UEFA o cualquier evento deportivo donde aparezca Israel? Y aún más, ¿lo hará si están en ellos Irán, China o Qatar, donde no se respetan de distinta manera? Y otra más, bien aparatosa: ¿mantendrá el Mundial de fútbol de la mano de Marruecos, el país que somete al Sáhara, aquella vieja bandera de la izquierda hoy olvidada? Ya sabemos las respuestas: las obvias en un cínico sin más principios que sus intereses, siempre burdos.