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Ojo avizorJuan Van-Halen

Sánchez alias de Zapatero y la moción de censura

Los bandoleros de Sierra Morena eran unos buenos chicos descarriados comparados con la banda que padecemos. Zapatero definió el socialismo: «Tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». ¡Olé tus dídimos!

Pocos dudaban de que el contador de nubes era el inspirador del presidente. Zapatero El Sánchez. A Sánchez le colgó un alias Puente: El puto amo. Lo de los alias era normal en el bandolerismo del XIX y principios del XX. José María Hinojosa fue El Tempranillo, y Joaquín Camargo, El Vivillo, que llegó a escribir sus Memorias y se suicidó; El Tempranillo murió en una refriega entre bandoleros. Me referiré a cierto bandolerismo actual.

Llegue el camino judicial a donde llegue, es relevante el auto sobre Zapatero, 88 folios sin desperdicio. No creo que el magistrado Calama sea candidato a equivocarse. Ningún juez imputa a un expresidente si no lo tiene muy claro. Aprecia indicios evidentes de que Zapatero estaba al frente de «una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias» con el objetivo de «la obtención de beneficios económicos mediante la intermediación y el ejercicio de influencias ante instancias públicas en favor de terceros» en la investigación del rescate de la aerolínea Plus Ultra, con un solo avión, sin pasajeros y trasladando mercancías. ¿Qué mercancías? Recibió 53 millones de euros; una parte se habría destinado a mordidas. Debía dinero a Hacienda y a la Seguridad Social. No cumplía ninguna de las condiciones para recibir ni un euro.

El antropólogo Desmond Morris, entre otros expertos, describe lo que se considera el lenguaje corporal de la culpa y las reacciones de quienes se sienten culpables y tratan de enmascararlo. Por ejemplo, Sánchez reacciona siempre igual ante un revés: pone pies en polvorosa. Así, tras el desastre en Andalucía. Quiere sentirse ajeno, evadirse. Ya lo hizo en Paiporta dejando a los Reyes con la gente. Supone su inmersión en una realidad orwelliana.

El lenguaje de la culpa se manifiesta también en la reiteración de un solo argumento, que el sujeto sabe falso, pero, tocado en su rampante vanidad, no tiene otro. Sánchez, en el último Pleno del Congreso, se aferró a la foto de Feijóo con Marcial Dorado de hace más de treinta años; entonces el tal Dorado no tenía cuenta alguna con la Justicia. Era un conocido con el que se da un paseo en barco. Sánchez lo sabe bien, pero emplea lo que puede; es el lenguaje de la culpa. ¿Cuántas fotos tiene Sánchez junto a Ábalos, Koldo y Cerdán? Con los dos primeros no compartió un paseo en barco, sino miles de kilómetros y días en el célebre Peugeot que luego, siempre la mentira, resultó ser un Mercedes. Eran sus colaboradores directos, y a uno de ellos le hizo ministro y luego le encargó centralizar la compra de mascarillas. Casualidad.

Elma Saiz, portavoz del Gobierno, mintió tras el Consejo de Ministros atribuyendo el procedimiento sobre Zapatero a «ultras». Lo cierto es que partió de las fiscalías de Suiza y Francia tras sospechar que se producía lavado de dinero. Y con un empujoncito de Washington; se va a acordar Zapatero de aquel desprecio a su bandera un Doce de Octubre. En cualquier democracia normal, la portavoz del Ejecutivo hubiese dimitido tras su manipulación.

Volviendo al último Pleno del Congreso, Abascal perdió la ocasión de acorralar a Sánchez por la imputación de su mentor; prefirió preguntar sobre inmigración. No entiendo nada. O sí. Con Zapatero cae el símbolo del PSOE radical y guerracivilista que, por cierto, decidió una bárbara subida de impuestos y dejó a España entrampada, aunque mucho menos que con Sánchez, su discípulo. Y proclamar que Zapatero acabó con ETA es una injusticia. Fue el resultado de una larga lucha de la sociedad y sus fuerzas de orden, desde el sacrificio y la sangre. Lo evidente es quién ha hecho socios políticos preferentes a sus herederos.

Otro tema controvertido. Disiento de quienes creen oportuna una moción de censura para perderla, anunciando que sería una victoria política. Seguí la repercusión de las dos últimas mociones de censura en los medios europeos, y me informé por mis amigos y parientes en aquellos pagos, alguno ministro. Sánchez, que hace de la necesidad virtud, vendió, y se lo compraron en la UE, que había ganado dos mociones a la ultraderecha. Cuando Sánchez está valorado con muy baja nota en la UE, una nueva moción ganada y manipulada le vendría de perlas.

Los bandoleros de Sierra Morena eran unos buenos chicos descarriados comparados con la banda que padecemos. Zapatero definió el socialismo: «Tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». ¡Olé tus dídimos!