Fundado en 1910

Ya no hay tiempo para más. Como tarde, el 22 de agosto de 2027, Pedro Sánchez se verá obligado a convocar elecciones generales y los ciudadanos tendrán que tomar la decisión de cambiar el rumbo del país o alargar cuatro años más la agonía de este desgobierno.

De momento se sabe solo la fecha tope, pero no la elegida para ir a las urnas. Y no la conoceremos hasta que le convenga al presidente del Gobierno, porque no hay duda de que no será en el mejor momento para el país, ni siquiera para su partido, sino cuando los resultados puedan beneficiar a su persona.

Hay muchas teorías ya sobre la mesa acerca del cuándo. Podrían ser este noviembre o a la vuelta de Navidad, para que los comicios tuvieran lugar antes de las autonómicas y municipales. Esa es la pretensión de los alcaldes socialistas, para asumir ellos el rechazo a la gestión del Gobierno central. También podría celebrarse un superdomingo electoral y hacer coincidir las municipales y autonómicas con las generales, con el riesgo que ello conllevaría para la izquierda. O se podrían convocar las urnas tras las municipales, que sean los alcaldes los que paguen el enfado de los ciudadanos y que Pedro Sánchez se presente como el único candidato capaz de frenar a la ultraderecha.

La fecha solo está en manos del presidente del Gobierno y se la sacará de la manga como si fuera un truco de magia. De los malos, no como los de Tamariz. Y puede que ni él la sepa, porque aprovechará cualquier tropiezo de sus rivales para colocar los comicios. Tiene un año por delante y su único objetivo es perpetuarse en el poder, así que hará lo imposible para conseguirlo, dejando el gobierno del país como algo secundario, sin desgastarse lo más mínimo con crisis como la de Ceuta. Primero él y después, si acaso, España.