007 Sánchez: misión Ceuta
Hagamos el favor de no engañarnos con las causas y razones del ínclito presidente porque parecen estar muy claras
Nadie debe dudar de que el CNI avisó de que Ceuta iba a sufrir una especie de invasión: ningún otro servicio de Inteligencia del mundo es probablemente tan experto en el Magreb. Y no hace falta ser 007 para, en este caso concreto, percatarse: 100.000 personas no se concentran en una frontera de un día para otro; no llegan de repente en avión y no permanecen ocultas en las sombras hasta que, por sorpresa, invaden un país ajeno. Todo el mundo que tenía que saber lo que iba a pasar lo sabía. Punto.
Tan obvio es que el gobierno era conocedor del riesgo coyuntural de ese día y estructural en general como que Marruecos lo permitió e instigó, por mucho que disimule, cada vez menos, para que parezca un accidente. ¿Alguien en su sano juicio puede sostener, de verdad, que Mohamed VI, el tirano de un país donde no se mueve una hoja sin su permiso, no tenía ni idea de lo que pasaba en sus posesiones mientras él celebraba, nada menos, su propia entronización?
La pregunta que hay que hacerse es por qué Pedro Sánchez no hizo nada y para qué hizo lo que hizo Mohamed VI. La respuesta a esto último es más sencilla: en la guerra híbrida, con el objetivo de quedarse algún día por ósmosis con Ceuta y Melilla pero sobre todo ser el gran aliado de Estados Unidos en la zona por la dimisión atlántica de Pedro Sánchez, la inmigración masiva es un arma poderosa.
Que se le fuera un poco de las manos el asunto, proyectando mundialmente una imagen de Marruecos desastrosa frente a esa otra capaz de organizar incluso un Mundial, no cambia lo sustantivo: asaltar Ceuta con divisiones de ciudadanos en lugar de con militares, le beneficia al medio y largo plazo y le permitirá hacer caja al corto, con España y toda Europa pagando por controlar un flujo migratorio que en realidad gestiona ya a su antojo con ánimo chantajista.
Más difícil es conocer la causa, el cúmulo de ellas, en el caso de Sánchez. ¿Es un inútil? ¿Está siendo extorsionado por el contenido de Pegasus? ¿Prefiere un conflicto social que un debate sobre su fracaso político y su futuro judicial? ¿Es mejor que le llamen vago que corrupto? ¿Pensaba que la inmigración le permitiría ahondar en sus discursos contra el peligro de la ultraderecha? ¿Se ve ya fuera y estruja los lujos del poder pegándose unas vacaciones soberbias, con la procesada, en un palacio con todos los gastos pagados? ¿O un poco de cada cosa, agitado en el cóctel habitual de negligencia, frivolidad, inhumanidad, soberbia y estulticia del personaje?
En el fondo, da un poco igual el origen de todo, aunque es de esperar que se conozca a fondo y tenga las consecuencias que reclama, incluyendo las judiciales si la Audiencia Nacional encuentra el camino oportuno para que no salga gratis este espectáculo bochornoso y mortuorio.
Pero ya sabemos los efectos: se puede invadir España, sin que el costosísimo aparato del Estado haga nada pese a batir su récord de recaudación fiscal, y que salga gratis primero y muy caro después. Porque además el debate no será cómo se restituye rápido la situación previa; sino cómo atender a los invasores a costa de la expulsión moral y hasta física de los ceutíes.
A este paso, los barcos no se van a fletar para devolver a los asaltantes a sus países, o al que los acoja en función de las nuevas política migratorias aprobadas por el Parlamento Europeo para garantizar las repatriaciones urgentes, sino para terminar de expulsar a los caballas de sus casas. Porque al parecer las leyes que se arguyen para aceptar el atraco no son igual de vinculantes para defenderles a ellos.
Y el derecho a no ser invadido, asaltado, violado o robado, en nombre de un falso humanitarismo en realidad incompatibe con los derechos humanos porque solo vale para engordar a las mafias y a los sátrapas; se diluye como un azucarillo y a la víctima se la trata como al verdugo, imponiéndole un esfuerzo desde una tumbona en La Mareta.
Desconocemos, en fin, las motivaciones exactas de Sánchez, todas malas e indecentes a buen seguro, pero a estas alturas ya podemos establecer una conclusión: él es capaz de irse a bucear con una procesada mientras su país o arde o es invadido y las calles de un rincón de España se convierten en el Bagdad de los años 90.