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tribunaAntonio Bascones

La belleza en el recuerdo

Todavía hay ciudadanos honestos, jóvenes preparados, maestros entregados y servidores públicos que trabajan en silencio por el bien común. A ellos corresponde mantener encendida la esperanza frente al ruido, la mediocridad y el sectarismo

«Aunque nada pueda hacer volver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo». Sean estos versos magistrales del poema de Wordsworth los que inicien la reflexión más personal y, por lo tanto, más intimista sobre lo que España fue y es ahora. Hubo un tiempo en el que en nuestro país se hacían cosas, se solucionaban problemas, se trataba de hacer mejor la vida de la gente, se hablaba, se compartía. Todo esto ha cambiado. Ahora la crispación diaria es la tónica que impera. La gente está más nerviosa, más suspicaz. Cualquier pequeño detalle nos irrita, nos hace más quisquillosos y saltamos a la menor ocasión. Hubo un tiempo en el que se debatía con mesura, con prudencia. Ahora la gente, a la primera, suelta improperios e insultos. Ya no se saben defender las ideas con el ardor del conocimiento y la sensatez está olvidada. Nadie se pone en el lugar del otro para argumentar. Todos piensan que están en posesión de la verdad. «¿Tu verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». Machado nos describe esta verdad incuestionable, lo mismo que decía también: «Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón». Dos reflexiones importantes: la de que todos poseemos la verdad absoluta, menos Sánchez, que no la posee, y la de la división que existe en España, donde se ha levantado un muro que empezó a construir Zapatero y que el actual presidente está rematando con la fogosidad de quien quiere destruir. No hay nada más que ver el Parlamento, la casa de la democracia, para ver cómo, al pronunciar esta palabra, se llenan la boca los políticos. Es el espectáculo más triste que vemos a diario y parece que va en aumento. Los insultos, los epítetos soeces y los comentarios destructivos son la tónica diaria.

España es un gran país, a pesar de que la convivencia se alteró en estos últimos años, de que el informe PISA le da una mala nota a la educación y de que la economía va bastante regular, por no decir mal. Pues, a pesar de todos estos problemas, pienso que estos se pueden arreglar si se pone sentido común y se deja a un lado la ideología para tomar cualquier decisión, por mínima que sea. Los resultados de este informe harán que la próxima generación de políticos y personas de la Administración sigan teniendo el mismo nivel que tienen ahora y que sigan prodigándose las injurias que cada día vemos en los diarios. Los desprecios a la buena educación, a la inteligencia y al conocimiento son la modalidad diaria en la que nos desenvolvemos. La meritocracia no existe. Solo la amistad, los enchufes y la pertenencia al partido en boga son los que orientan los altos puestos de la política. Los que valen, si no son del partido, no tienen nada que hacer. Solo tenemos que pensar que los jóvenes de ahora, aquellos que suspendieron en el informe PISA, serán mañana políticos y altos cargos de la Administración que regirán los destinos de nuestro país. Tomarán decisiones sin un criterio sólido y bien fundamentado. Los jóvenes, merced al uso excesivo de la tecnología, a la Ley Celaá y a la ideología imperante, no comprenden los textos, no tienen criterio para valorar las alternativas ni un juicio crítico que los acompañe. ¿Lo harán dentro de unos años cuando estén sentados en un Consejo de Ministros? No hace falta nada más que mirar a los actuales para imaginar cuál será el futuro y cuál será la respuesta a esta pregunta. Pobre España, pero siempre nos quedará la belleza en el recuerdo.

La memoria también, por otro lado, puede servirnos de impulso para recuperar aquello que un día nos hizo mejores: el respeto, el esfuerzo, la responsabilidad, la meritocracia y la voluntad de entendernos. Todavía hay ciudadanos honestos, jóvenes preparados, maestros entregados y servidores públicos que trabajan en silencio por el bien común. A ellos corresponde mantener encendida la esperanza frente al ruido, la mediocridad y el sectarismo. Solo de esta manera el recuerdo no será un refugio melancólico donde nos escondamos, sino que servirá para ser proyecto. La belleza del pasado no debe consolarnos: debe recordarnos que otra España es posible si recuperamos la educación, la concordia y el sentido de Estado.

  • Antonio Bascones es presidente de la Academia de Ciencias Odontológicas de España