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Larga cambiadaJavier Fernández-Mardomingo

Maricarmen y sus muñecos

Cuentan que cuando el PSOE celebró su centenario en 1979 lo hicieron con el lema 'Cien años de honradez', a lo que los viejos comunistas del lugar contestaban con sorna ¡y cuarenta de vacaciones! Pues ahora lo mismo. De vacaciones hasta hoy

Vaya por delante que creo que no sentir lástima por la situación de la pobre señora a la que se ha desahuciado en Madrid es de una falta de humanidad más que notable. Ver salir en camilla a una mujer de 87 años a la que la Policía echa de casa conmueve a cualquiera. Vaya también por delante que todos tendremos casos cerca de gente a la que han subido el alquiler y ha tenido que mudarse de casa, de barrio o de ciudad. Vaya también que no pretendo entrar en la complejidad de una política de vivienda fallida por parte de todos. Todos son todos: comunidades, ayuntamientos y gobierno central. Y vaya por delante que igual de lástima me produce la señora por salir de su casa, que por la utilización que se hace de ella por una gente que en realidad no se preocupa ni por Maricarmen, ni por los desahucios ni por el problema estructural en que se ha convertido la vivienda en España. Esto no va de vivienda.

Es la calle, estúpido. Y hay que recuperarla. Ya ha empezado y es sólo el principio. Lo de Maricarmen es un experimento de lo que vendrá en España. ¿Lo huelen? Es el cambio. Lo saben todos. Los que votan, los que se manifiestan, los que lo emiten y los que lo alientan. Lo sabe hasta el CIS, aunque diga lo contrario todos los meses. La calle lleva ocho años dormida, sedada sin un gobierno al que pedir responsabilidades. Ocho años con un presidente que entre todas las promesas incumplidas también incluyó la de no permitir un solo desahucio durante su mandato. La calle lleva ocho años sin protestar porque no tenemos casa, porque somos más pobres, porque llenar el depósito cuesta cien euros y la cesta de la compra un 40 % más que cuando llegó a la Moncloa el que mi querido Colmenarejo bautizó como Gobierno bonito de Pedro Sánchez allá por 2018.

La calle quiere despertar. Lleva ocho años buscando una excusa para hacerlo. No será por falta de ellas, pero supongo que siempre que se ha pensado en alguna, una mente lúcida pensaría… ¡cómo vamos a protestar, si depende de los nuestros! Ahora también depende de los suyos, pero el tiempo se echa encima y conviene estar entrenado. Por eso los minutos con manifestaciones como la que pretendía evitar que echaran a Maricarmen pasan a ser horas en televisión. Por la misma razón por la que, de manera espontánea según algún titular, los miles acabaron en el ático que compró hace meses la Comunidad de Madrid. El motivo es lo de menos. No se protesta contra algo, sino contra alguien. Y ahí es cuando se juntan todos. Cantautores con la guitarra que llevaban años sin pisar la calle. Políticos que nacieron del 15M y llevan años pisando moqueta. Actores, actrices, cineastas conmovidos por la pobre Maricarmen cuya historia cuentan periodistas compungidos a los que luego te encuentras mirando el móvil con la mujer sentada a centímetros llorando a moco tendido.

No es Maricarmen, es la calle, y toca recuperarla. Es el plan Sánchez y ya ha empezado a ejecutarse. Si nada extraordinario grave pasa en España, parece que Partido Popular y Vox van a gobernar más pronto que otra cosa. El tiempo que tarden en hacerlo será el tiempo en que la calle vuelva a tomar decisiones en este país. Habrá manifestaciones, movilizaciones, disturbios incluso. Y nos contarán que el fascismo vuelve a llamar a la puerta de la vieja España. Todo eso va a suceder y para entonces nos habremos olvidado de la corrupción y los limites democráticos que se han pulverizado en estos años. Y va a suceder sin un partido socialista autocrítico que ha fagocitado a la ultraizquierda. Es la fórmula perfecta para prender la mecha y preparar la vuelta de Sánchez a la Moncloa desde la más absoluta crispación. Desde el polvorín. La trinchera. Es la fórmula para que sea el primer presidente que se va y termina volviendo. Como Donald Trump, pero de Tetuán. Y todo pasa por tomar la calle.

Cuentan que cuando el PSOE celebró su centenario en 1979 lo hicieron con el lema 'Cien años de honradez', a lo que los viejos comunistas del lugar contestaban con sorna ¡y cuarenta de vacaciones! Pues ahora lo mismo. De vacaciones hasta hoy. Lo que pasa es que los comunistas no tienen nada que reprochar porque se ve que también han estado, si hablamos de vivienda, tumbados a la bartola. Como muñecos de una Maricarmen que, en realidad, creo que a todos les importa una higa.