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No me gusta la palabra polarización, por las trampas que encierra, pero precisamente por eso es útil para explicar lo que está pasando con la corrupción también en el fútbol, no solo en la política. En política, la palabra fue promocionada por esos supuestos centristas alérgicos a enfrentarse a la mayoría progresista, con el truco de repartir culpas entre todos. El gobierno está podrido de corrupción, la izquierda parece no tener límites éticos, pero el problema es la polarización, en lo histéricos que se ponen unos y otros, con los miedosos felices de poder repartir las culpas entre corruptos y víctimas y evadir un posicionamiento.

Algo parecido pasa con el fútbol, donde hay un escándalo histórico brutal de corrupción arbitral, el caso Negreira, que ha favorecido a un equipo durante años, el Barça, y ha perjudicado a los demás, en especial al Real Madrid, y, sin embargo, nadie ha pagado por ello. Pero, además, los responsables de aquello extienden sus tentáculos hasta el presente, sin que haya una rebelión del conjunto de aficionados de todos los equipos para pedir que haya una limpieza de esa corrupción de una vez. Es así que la cosa ha podido llegar, por ejemplo, a lo de esta semana, a un conocido periodista comparando a la televisión del Real Madrid con el diario Gara. Porque señala árbitros, como Gara objetivos de ETA, venía a decir el periodista, que luego ha retirado la comparación, pero ha persistido en la teoría de la maldad del Real Madrid. Es que ustedes, las víctimas de la corrupción arbitral, son unos exaltados, o más bien, como sugería este periodista, los auténticos culpables.

Esta semana comentaba la cuestión con un amigo colchonero, ambos, por cierto, con la prudencia de no mencionar el partido del domingo para preservar nuestra buena relación. Y me decía mi amigo que él percibe un empeoramiento de la imagen pública del Real Madrid. Es posible, si bien es cierto que el Real Madrid siempre concentró furias y odios por ser visto como el equipo representativo de lo español, del malvado Madrid, ese enemigo de los nacionalistas, y también por ser el mejor, como le pasa en Francia al PSG o en Alemania al Bayern. Pero, le comentaba a mi amigo colchonero que a lo anterior se une ahora una estrambótica situación en la que el Real Madrid es objeto de crítica por haber decidido hacer frente a ese escándalo no resuelto y juzgado de corrupción arbitral.

No se ponga usted así, que está muy exaltado, que la polarización es malísima, y al final hasta le voy a comparar con el Gara, contestan al Real Madrid. ¿Y la corrupción arbitral? Pues como la de Pedro Sánchez, que la culpa es de la extrema derecha, como ha contestado en Harvard. Y es así como víctimas y culpables de la corrupción quedan convenientemente mezclados, liados y equiparados a través de los expertos en polarización.

Y la corrupción en el fútbol tiene, por supuesto, una vertiente claramente política en España muy vinculada al poder de los nacionalistas. Imaginen, si no, qué habría pasado si el escándalo Negreira fuera obra del Real Madrid. Habrían rodado muchas cabezas y el sistema se habría limpiado profundamente. Pero he aquí que está vinculado a un club nacionalista. Y el nacionalismo, en España, no se toca. Y las víctimas, comparadas con el Gara por protestar.