Recordar a Jaume Matas, un «pecado» contra la corrección política que muchos mallorquines cometen a diario
Para él estar en política era «hacer cosas» en vez de perder el tiempo en disquisiciones ideológicas, lo que le valió el odio de organizaciones ecologistas y del espectro izquierdista en general
En mis cada vez más espaciadas incursiones por pueblos y ciudades de Mallorca un nombre me sale al encuentro muy a menudo: el de Jaume Matas Palou, presidente del Govern Balear en dos legislaturas no consecutivas y ministro de Medio Ambiente con José María Aznar. Los jóvenes nacidos después del 2007 tal vez no sepan ni quién fue y, mucho menos, lo que hizo en su trayectoria política. Tal vez un abuelo hijo de represaliados de la Guerra Civil -familiares directos de Matas también lo fueron- les hayan contado que Jaume fue a parar con sus huesos en la cárcel, sin especificar, claro, que por un delito cometido -involuntariamente o a sabiendas- por la mitad más uno de los políticos de la Transición, y no hablemos de los de antes.
Jesús de Nazaret, según los evangelios, dijo algo así como «por sus obras los conoceréis». En efecto, a Jaume Matas la gente le recuerda con cariño por la ingente cantidad de obras públicas que llevó a cabo, tanto en su etapa ministerial como cuando estuvo al frente de la presidencia de Baleares.
Para él estar en política era «hacer cosas» en vez de perder el tiempo en disquisiciones ideológicas
Lo evocaba un veterano empresario con el que conversé un rato en el bar «Triquet» de Sineu. Los mallorquines de ahora -se olvidó de mi adorada Menorca y de la, en muchos sentidos, lejana Ibiza- vivimos de las infraestructuras realizadas por Matas. Se refirió en primer lugar a las costeras para recordar, acto seguido las realizadas «tierra adentro». A saber: sentar las bases del hospital de son Espases -al que se opusieron los socialistas con todas sus fuerzas para terminar inaugurándolo- la autopista hasta sa Pobla, la de Llucmajor y las de Ibiza, amén de mejoras viarias que llegaron hasta la última carretera comarcal. Su Plan Director Sectorial de Carreteras cambió radicalmente la infraestructura viaria de las islas. Construyó edificios singulares e instalaciones deportivas como el Palma Arena, actualmente el Mallorca Arena. El Palacio de Congresos de Palma se proyectó y aprobó durante su segundo mandato, la legislatura 2003-2007. En los días previos a las elecciones me llamó a su despacho para mostrarme en primicia el proyecto que acariciaba para su próxima etapa política, que nunca llegaría: la maqueta de un gran palacio flotante de ópera cuya construcción habría situado a Palma, y a Mallorca en general, en el centro de la Cultura a nivel mundial. Matas amplió el puerto de Ciutadella construyendo el dique de son Blanc, que facilitó el atraque de grandes buques al tiempo que aseguró la operatividad ante fenómenos marítimos como las temidas rissagues. Para él estar en política era «hacer cosas» en vez de perder el tiempo en disquisiciones ideológicas, lo que le valió el odio de organizaciones ecologistas y del espectro izquierdista en general. También el de una buena parte del funcionariado con plaza fija para toda la vida, que contemplaban el frenesí realizador de aquel hombre como un peligro para su concepción sosegada y tranquila del devenir laboral. De todo y mucho hubo y yo me acuerdo como si fuese ayer.
Luego llegaron Antich y su Segundo Pacto y la política de realizaciones de Matas se trocó en un escenario que un día y otro recordaba al famoso camarote de los hermanos Marx. Y los isleños seguimos utilizando las obras públicas que construyó o puso en marcha el malvado Matas.