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En Primera LíneaJavier Junceda

Tontolabas

Recomiendo vivamente a los 'farmeadores' que se hagan muchas fotos y vídeos de su carisma actual para poder visualizarlo de aquí a unos pocos años. Comprobarán entonces la vergüenza ajena que generaron, aunque tampoco tengo claro que lo reconozcan

En el curso del acentuado declive al que asistimos, ha llegado el momento de hacer el tontaina en las plazas o parques ante multitudes. Ya he perdido la cuenta de las mamarrachadas que han venido sucediéndose desde que el Estado del bienestar ha generalizado tanto el poder vivir sin ton ni son a costa de terceros. Eso se ha traducido en infinidad de extravagancias que acogemos a diario como algo natural e incluso creativo, cuando se trata de simples majaderías que no hace mucho se ocultaban al ojo público por elemental sentido del ridículo. La mayoría de estas bobadas las protagonizan ahora unos chavales más perdidos que un pulpo en un garaje, con padres que pasan olímpicamente de ellos, con empantallamientos digitales permanentes y colegios que están más pendientes de seguir consignas adoctrinantes que de abordar los asuntos que guarden relación con una adecuada educación.

El Debate (Asistido por IA)

A estos muchachos les falta mucha mili, suele repetirme un amigo entrado en años. Y tiene razón. Pero tal vez les falte algo más. Por ejemplo, contar con familias conscientes de la enorme trascendencia de la formación en virtudes, algo que suena a rancio en multitud de hogares. En verano, que es cuando hacemos más vida fuera de casa, observas con estupor cómo evolucionan estos fenómenos, con gentes a las que detectas de inmediato que andan bastante descentradas por su aspecto externo, una carta de presentación cada vez más lamentable en multitud de casos. No son demasiados, por supuesto, porque te encuentras también con jóvenes que da gusto verlos, lo que siempre coincide con unos papás detrás que son como Dios manda.

Los que «farmean aura» apuesto que serán los que nos van a dar la vara el día de mañana con sus ocurrencias sociales o políticas. Así ha sucedido en el pasado, como corrobora la hemeroteca, con aquellas intervenciones delirantes de los personajes que venían a asaltar los cielos, cuando eran más jovencitos. Como hay cosas que se repiten, seguro que estos 'farmeadores' actuales serán los amados líderes del futuro, al igual que los 'Therians' del presente se ocuparán de las carteras medioambientales de los gobiernos. Los equilibrados, mientras tanto, siguen tendiendo a esconderse, porque ser normal no está bien visto por una ciudadanía infantilizada en grado superlativo, y en la que comportarse como un cretino pasa desapercibido o se tolera, cuando en cualquier sociedad madura provocaría inmediato pitorreo.

Un colega suele aconsejarme, para conocer bien a alguien, que antes trate a sus hijos y explore de primera mano lo que contiene su nevera. Acostumbro a añadir de mi cosecha particular que es igualmente importante comprobar la limpieza de su domicilio o su aseo personal. Estos factores, reunidos, he de reconocer que me han funcionado, aun cuando lo del frigorífico solo lo haya ensayado cuando tengo suficiente confianza con los examinados y para confirmar que, en efecto, son personas que merecen la pena.

Hablar de estas cosas se ha convertido en una muestra de detestable clasismo incompatible con unas maneras en las que debe reinar el disparate y lo repelente. Como todo lo preside hoy una libertad omnímoda y fatal entendida trufada de relativismo por los cuatro costados, está demodé no hacer el canelo. Así como exhibir una compostura que revele que se cuenta con un mínimo de caletre para saber desenvolverse por la vida.

«¡Qué báaarbaro!», exclamaban nuestros mayores cuando les veníamos con las estupideces de nuestra época, para relativizarlas o ponerlas en solfa. No sé qué interjección podrían emplear ahora, en que la sucesión de simplezas no deja de multiplicarse y resulta imposible aventurar cuál podrá ser la siguiente. Y cómo será de gorda. No quiero dar pistas, pero seguro que consistirá en pretender volar como los pajaritos o de enamorarse de los electrodomésticos, viajando con ellos de luna de miel a las factorías donde se fabricaron.

Recomiendo vivamente a los 'farmeadores' que se hagan muchas fotos y vídeos de su carisma actual para poder visualizarlo de aquí a unos pocos años. Comprobarán entonces la vergüenza ajena que generaron, aunque tampoco tengo claro que lo reconozcan, pudiendo hasta llegar a fardar de haber participado, siendo mozos, en algo que produjo un gran impacto a sus merluzos contemporáneos.

Desde luego, ¡qué país, Miquelarena!

  • Javier Junceda es jurista y escritor