Periodismo funerario
La fallecida era centenaria. Tenía 103 años cuando exhaló el último suspiro. El milagro es que su exhalación dio paso a un nuevo golpe de respiración, se tomó un caldo, y volvió a morir al día siguiente. Lo del caldo me lo he inventado para darle más alegría al presente texto
El periodismo necrológico o funerario tiene su esquina divertida. No recuerdo quién lo matizó, creo que Bernard Shaw. «El periodismo consiste en destacar como gran noticia que ha fallecido Robert Lawson, cuando los lectores no tienen ni idea de quién era Robert Lawson ni a qué se dedicaba».
El Duque de Bedford, suscriptor del «Times», consideraba que lo que no se publicaba en su periódico, no había ocurrido. Se reponía, ya a edad avanzada, de una intervención quirúrgica, cuando en la sección de Sociedad, subsección de «Fallecimientos», leyó una noticia de urgencia que le dejó patidifuso: «Su Gracia el Duque de Bedford falleció ayer en Londres». Bedford, no quedó patidifuso al leer su óbito londinense. Su patidifusión no fue otra que comprobar que su periódico se había equivocado por primera vez en la historia de tan prestigiosa cabecera. Llamó al Director, y éste se disculpó. Visitó al Duque en trance de recuperación y llegaron a un acuerdo. El propio Duque desestimó el ofrecimiento del Director del «Times» de anunciar que la noticia de su muerte era falsa. Y llegaron a un acuerdo. Si el «Times» jamás se equivocaba, Bedford no quería ser el motivo de su error. Al día siguiente, en la sección de Sociedad, subsección de «Natalicios» se publicó la siguiente noticia: «Ha nacido en Londres Su Gracia el Duque de Bedford».
En «La Comisaría de Papel» de «La Codorniz», a cargo del genial Evaristo Acevedo, se publicaban las erratas periodísticas de cada semana. Una de ellas, alcanzó cumbres inalcanzables. Se publicó en un diario de Granada. Confusa redacción. Un hombre que paseaba tranquilamente por los alrededores de la bellísima ciudad andaluza, se topó con un cádaver. Llamó a la Policía y se iniciaron las pesquisas. El redactor del diario granadino, desconcertado por la emoción, destacó el macabro hallazgo de la siguiente forma, que tuvo honor de figurar en la portada. «Ha sido hallado un cadáver sin identificar». Y matizaba en el texto: «El cadáver no iba identificado, aunque por su aspecto, parecía tener unos 42 años, llamarse Manuel José y ser natural de Pinos Puente». Menos mal que no iba identificado cuando se halló su cuerpo.
«Ha fallecido repentinamente, dejando un hueco irrellenable en sus familia y en la noble localidad de Ortigosa, el profesor de Latín don Germán López-Álvaro Solis, a la edad de 786 años. Sus hijos y nietos, así como todos sus alumnos, lamentan y lloran tan inesperada como repentina pérdida».
Pero nadie se había muerto dos veces en el periodismo español. Y la tragedia, lógicamente, habrá que achacársela al Covid o a la subida de la luz. El doble fallecimiento ha tenido lugar en Pontevedra, ciudad que, es de esperar, dedique una calle a su vecina reincidente en cascarla. Es lo que se llama el periodismo urgente, el nuevo periodismo, consecuencia de la formación académica que reciben los osados periodistas españoles. La fallecida era centenaria. Tenía 103 años cuando exhaló el último suspiro. El milagro es que su exhalación dio paso a un nuevo golpe de respiración, se tomó un caldo, y volvió a morir al día siguiente. Lo del caldo me lo he inventado para darle más alegría al presente texto. Así, por lo directo, el Diario de Pontevedra, informó a sus lectores: «Fallece en Pontevedra por segundo día consecutivo una mujer de 103 años».
No me queda otro remedio que expresar desde esta página mi más sentido pésame a sus familiares y rogar al Obispado pontevedrés que principie las acciones para elevar a la santidad a la protagonista de tan maravilloso milagro. Descanse, al fin, en paz.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 1 de octubre de 2021