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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Érase una vez una jueza a la que quisieron eliminar

El caso cobra una trascendencia indiscutible a partir de hoy con la testifical de Biedma contra los organizadores de esta sentina socialista. Los que conocen a la jueza sostienen que no parará hasta que paguen todos los que, con métodos copiados de la cinta de Coppola, intentaron callarla

La cortina electoral que acaba de correr Pedro Sánchez no va a tapar un testimonio muy gordo que le espera a partir de mañana, cuando la magistrada cordobesa Beatriz Biedma Rojano, que instruyó el caso de su hermano David, condenado a nueve años de inhabilitación, declare ante la Audiencia Nacional. Desde el día en que en Moncloa se enteraron de que la pulcrísima juez se había personado como perjudicada en el caso de las cloacas socialistas afanadas en neutralizar a jueces, fiscales y guardias civiles que haciendo bien su trabajo molestaban a Ferraz, a Pedro no le llega la camisa al cuello y solo confía ya en que los casos judiciales se ralenticen tras la disolución de las Cortes. Durante meses, la titular del juzgado de instrucción número 3 de Badajoz, que sentó en el banquillo al hermanísimo, fue diariamente vigilada en su vida privada. No es que solo indagaran en su pasado o intentaran sacar algún trapo sucio de su juventud –cree el ladrón…–, es que el equipo de Leire y Santos, mandatados por alguien al que querían ayudar, interrogaron a sus allegados y rastrearon sus rutinas familiares, bastante recurrentes al tener hijas pequeñas.

Ella entonces no lo sabía, pero mientras volvía del gimnasio o de llevar a las pequeñas al cole, tarea que compartía con su marido, varios pares de ojos de la stasi sanchista no perdían detalle de sus movimientos. Había unos sujetos, en contacto con el narco gallego Los Rocho, que buscaban apartarla del caso o, en su defecto, hacerla callar por cualquier medio, –insiste la UCO: por cualquier medio–, que preguntaban con insistencia a los vecinos por su forma de vida o aficiones. Se perseguía hallar algún hilo del que tirar para que el hermano de Sánchez pudiera desacreditar la labor de la magistrada, en esencia impoluta y cuyo trabajo fue varias veces ratificado por la Audiencia provincial pacense, y consolidado por la sentencia condenatoria al maestro Azagra y a su padrino, el expresidente de la Diputación, Miguel Ángel Gallardo. Al cabo del tiempo, alguien le contó a Biedma las correrías de los Sherlock de pacotilla que le había enviado Ferraz. En 2025, se le encendieron las alarmas: en unos audios en los que se oía a Leire hablando con un exjuez apartado de la carrera, la citaban con fruición. Este periódico ha publicado, además, que un miembro de ese peligroso clan ha contado que el plan era matar a Biedma a cambio de ventajas fiscales.

A pesar de los métodos mafiosos nada encontraron, porque nada había: todos sus compañeros hablan de la instructora cordobesa con admiración, la misma que, tras 22 años de carrera, ha firmado una media de 300 sentencias anuales. De hecho, sus colegas, una vez terminada las pesquisas del sumario del enchufe del hermano de Pedro, la han elegido jueza decana de Badajoz: la primera mujer en ejercer ese puesto. Su cara no la conocen el común de los mortales. No así su voz que, en cambio, es muy reconocible gracias al vídeo que se hizo viral cuando, de espaldas a las cámaras, puso contra las cuerdas a Azagra durante el famoso interrogatorio en el que le inquirió sobre la ubicación de la Oficina de Artes Escénica y la naturaleza de sus funciones. Cómo olvidar las respuestas infantiles del interrogado y la educada pero contundente labor indagatoria de la juez. Es la misma que pidió informes a Hacienda sobre los movimientos bancarios del pequeño de los Sánchez Pérez-Castejón, por su empadronamiento en Portugal mientras vivía en España –probablemente, en el distrito de Moncloa-Aravaca–, y le fueron enviados sin firma.

El caso cobra una trascendencia indiscutible a partir de hoy con la testifical de Biedma contra los organizadores de esta sentina socialista. Los que conocen a la jueza sostienen que no parará hasta que paguen todos los que, con métodos copiados de la cinta de Coppola, intentaron callarla. Eso, en el mejor de los casos. Apuesten.