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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Renuncien a la violencia

Su espejo está en Francia, donde ya solo quedan los patriotas, acusados de fascistas, y las hordas islamoizquierdistas del terror callejero –los buenos– quemando escuelas, quemando contenedores, quemando bomberos, quemando señoras que pasaban por allí

Que presenten a quien les plazca los de la izquierda del PSOE (inimaginable lugar), que el carnicero de Adamuz se siga luciendo en las redes con sus denuestos áridos y romos, que Sánchez encoja las mejillas y abulte los labios cuanto desee para pavor de subalternas (ellas saben descifrarlo), que nos llamen fascistas a quienes preparamos los gorritos de cartón, los matasuegras y las serpentinas para el día en que caiga el sanchismo. Sin problema. Pero que lo hagan dentro de los cauces de una sociedad civilizada. Hay que pedirle, hay que exigirle a la izquierda española que renuncie a la violencia y respete el libre juego democrático.

Cuanto vienen urdiendo tiene el aire inconfundible de la provocación, que se sabe cómo empieza pero no cómo termina. Está la nueva camada de Sol, los unos dispuestos a emular a los podemitas, hoy marchitos, que capitalizaron la indignación y pasaron de la nada al chalet con piscina. Los otros, ninis profesionales, soñando con la cara que se les va a poner a sus respectivos padres cuando lleguen las cartas llamándoles excelentísimos. Los siguientes arrimándose, pues donde hay acampada improvisada hay tema y hay rollo. Los otros sumándose a un bombardeo. Pero tan heteróclita masa presenta una característica común: la violencia del que ha tomado lo público, lo ha hecho suyo y decide quién puede pasar por allí y quién no. Si a mí se me ocurriera cruzar Sol (¿tengo derecho o no?) se tendría por provocación; pronto resultaría intolerable; en menos de un minuto me gritarían varios sujetos al oído, y en menos de dos me lincharían. Solo evitaría la fase final –no las anteriores– la presencia policial.

Pero, ¿qué pasa cuando la Policía recibe órdenes de no actuar, o cuando los operativos están deliberadamente mal diseñados, o cuando son insuficientes? No nos engañemos: la chispa puede saltar en cualquier momento, y lo cierto es que la izquierda española, como la francesa, se ha encomendado a la violencia, está deseando que la chispa prenda, que se incendie la convivencia. Los reyes de la gamba (así se llamaba un restaurante de la Barceloneta, pero ahora aludo a UGT y CCOO) están desempolvando otra violencia, la de clase, por eso convocan una huelga general contra la oposición. Una cosa ilegal de arriba abajo, de dentro afuera y de un lado a otro. Para eso subvencionamos a la partida de holgazanes con gota, para que nos revienten unas elecciones democráticas elevando sus puñetazos piqueteros a puro factor generador de caos. No lo llamen huelga.

Su espejo está en Francia, donde ya solo quedan los patriotas, acusados de fascistas, y las hordas islamoizquierdistas del terror callejero –los buenos– quemando escuelas, quemando contenedores, quemando bomberos, quemando señoras que pasaban por allí, apaleando profesores y sembrando una guerra civil. En estos «antifascistas» se miran los sindicatos, se miran Sumar, Podemos, Compromís, la CUP, Bildu, clubes de haraganes varios y el PSOE de Sánchez. No cometan el error fatal: renuncien a la violencia. Ya.