¿Quién podía ordenar 'eliminar' a la juez Biedma salvo 'Don Teflón'?
Dando un salto de volatinero, se ha puesto al frente de las manifestaciones contra él incluso después de que la propia Maricarmen lo desenmascarara en una entrevista grabada en TVE horas antes de su lanzamiento judicial como responsable de los desahucios que se registraban
Parafraseando el inspirado poema de John Donne donde realza que la muerte de cualquier persona entraña una pérdida que a todos disminuye al no haber nadie que sea una isla completa en sí mismo, por lo que no cabe preguntarse «Por quién doblan las campanas: doblan por ti», otro tanto obliga la defunción de Maricarmen Abascal, la anciana de 87 años, cuyo desahucio instrumentaliza la izquierda miserabilista tras ocupar 70 años un piso de renta antigua, derogada por el PSOE con Felipe González, que se había subrogado ilegalmente en los aledaños del Parque del Retiro. Sin embargo, en momentos de apuro electoral, era evidente que una carroñera izquierda necesitaba el cadáver de esta octogenaria a la que ha exprimido como un limón grabándole hasta la extenuación vídeos, como si fuera una youtubera adolescente o un tiktoker como Sánchez, en las dos semanas en que ha permanecido hospitalizada en el centro donde falleció este miércoles.
A este respecto, un buitre como Sánchez ha visto en este psicodrama una oportunidad única para tapar sus ocho años de fracaso con la vivienda en el que el mercado de alquiler ha menguado un 30% y sus precios se han disparado en igual porcentaje al no haber promovido más que casitas de papel, de papel, por el fárrago de leyes contra la propiedad y la seguridad jurídica. Dando un salto de volatinero, se ha puesto al frente de las manifestaciones contra él incluso después de que la propia Maricarmen lo desenmascarara en una entrevista grabada en TVE horas antes de su lanzamiento judicial como responsable de los desahucios que se registraban –más de 200.000– y que apostillara con sorna «no se entera o no quiere enterarse».
Es más, un año antes le había remitido una carta a la Moncloa pidiéndole auxilio ante el desalojo que finalmente se ejecutó este 23 de septiembre tras cuatro intentos y un largo litigio al haber prescrito el contrato firmado en 1956 por su padre. No halló respuesta hasta que, con la acampada de la Puerta de Sol, Sánchez entrevió el gong que le evitara su K.O electoral levantándose de la lona y gateando hasta la esquina del ring para resucitar con esos decretos Maricarmen, cuyo contenido había desdeñado por podemitas, pero que ahora le servían para tomar resuello al socaire de las protestas de la extrema izquierda.
Orquestando esta maniobra, la maquinaria de La Moncloa busca infundir un estado de ánimo contra el que choque, a modo de muro sentimental y lacrimógeno, cualquier argumento racional degradando, como ya hace con el Estado de Derecho, la democracia en «emocracia». Este término lo introdujo el gran filósofo británico Bertrand Russell en 1933 para avisar de lo que estaba sucediendo en la Alemania previa a la toma del poder absoluto por el nazismo, pero que podía emerger en cualquier parte del mundo, de la mano de las emociones que, a su juicio, son esa fuerza negra, insidiosa, perversa que puede arrastrar a la humanidad a arrancar de cuajo incluso su propio sentimiento de supervivencia. No obstante, aunque costara encontrar argumentos contra un estado de ánimo creado artificiosamente por el poder, Russell alentaba a que, «si no podemos evitar los demás crímenes, al menos sí el del silencio» porque supone el comienzo para salir finalmente victoriosos.
Blandiendo impúdicamente el óbito de Maricarmen, convertido en un asesinato por una izquierda caníbal que banaliza el terror y blanquea a los terroristas, se procura de borrar la corrupción sistémica y como los artífices de ésta planificaba atentar contra la magistrada Beatriz Biedma, instructora de la causa por la que el hermano del presidente del Gobierno fue condenado a nueve años de inhabilitación por prevaricación por la Audiencia de Badajoz. «Hay que eliminarla» fue el objetivo que se fijó la cloaca socialista reconstituida a raíz de la imputación de Begoña Gómez en abril de 2024 y que antes había prestado otros servicios en las primarias amañadas que encaramaron a Sánchez a la Secretaría General del PSOE para acabar supervisando el voto por correo en las últimas elecciones de julio de 2023 desde la empresa estatal que presidía el exjefe de gabinete de Sánchez, Juanma Serrano, hoy alargando la luenga cuerda de imputados del PSOE.
No en vano, el último atestado de los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil reportado al juez Santiago Pedraz refleja como el fin último de esta «organización criminal» era proteger los procedimientos judiciales «con afectación al PSOE» y, directa o indirectamente, a miembros del Gobierno «o a su presidente». A tal fin, este comando de guerra sucia capitaneado por el entonces secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, con la especialista del partido en estos turbios menesteres, Leire Diez, como fontanera jefe, habría urdido una trama, de la que formarían parte los empresarios Javier Pérez Dolset y Joaquín Parra, además del ex magistrado inhabilitado Sáenz de Tejada, para «causar un daño físico» a la juez Biedma con «un piso franco» de la madrileña calle de Diego de León como centro de operaciones.
Para materializar su tentativa, los confabulados recurrieron a sendos clanes de narcotraficantes de Badajoz a los que entregaron seguimientos de la magistrada, así como de su familia y de su entorno profesional, a la par que se desarrollaba una campaña de persecución, acoso y deshumanización de la magistrada durante su instrucción contra el pequeño de los Sánchez. El complot gozó supuestamente, según una providencia del juez Pedraz, del favor de la cúpula de la Guardia Civil, cuya actual directora general, Mercedes González, y su antecesor Leopoldo Marcos, así como su director adjunto Operativo (DAO), el general Manuel Llamas, y otros altos mandos habrían intimidado con expedientar a los guardias civiles que, en funciones de policía judicial, pugnaban por esclarecer estas vesanias.
Ante delitos de esa trascendencia, nadie puede creerse que ese nuevo Gal socialista, no para hacerle esta vez la guerra sucia al terrorismo etarra, sino para «quitar de en medio» a una jueza por ser «un puto grano en el culo» como el coronel de la UCO Antonio Balas y otros fiscales, pudiera operar sin la permisividad o autorización de «Don Teflón» Sánchez como primer interesado en que su hermano, al igual que su mujer, salieran bien librados de la Justicia. Al apodarlo como al gánster neoyorquino John Gotti, jefe del clan criminal Gambino, por su impunidad judicial embutida en ostentosos trajes de celebridad mediática, un diario de la relevancia e influencia internacional de The Times el martes 17 de junio de 2025 en su demoledor editorial contra Sánchez, su metáfora no ha resultado ninguna hipérbole, sino que se ha revelado certera al retratarlo de cuerpo entero. Si esto le ha pretendido hacer la cloaca sanchista a una jueza, ¿qué no muñirá contra el jurado popular que enjuiciará a la cónyuge de quien emula a aquel capo que humillaba a las agencias estatales norteamericanas amedrentando a testigos claves y manipulando a jurados hasta que un exceso de confianza propició que el FBI enchironara de por vida a aquel aparente intocable?
Si Don Teflón Sánchez era encerrado simbólicamente por The Times en su «cárcel de papel» al equipararlo con el mayor capo de EE.UU., él pretende desatar esta campaña electoral una guerra hibrida yendo con una estampita de Santa Maricarmen mártir en una mano y con el palo en la otra para aplastar la democracia al modo chavista. Entre tanto, una España perpleja deambula de la Sancheztópolis de los grandes latrocinios a la Moncloaca de La Piovra (el pulpo que representa a la Mafia) dispuesta a cualquier crimen. Ello prueba que, con el mal, no hay final, sino treguas si acaso.