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Larga cambiadaJavier Fernández-Mardomingo

Hay que politizar el dolor

Amenazan con que no haya paz en las calles por el problema de la vivienda y callan ante la intención de eliminar a Beatriz Biedma. Que le pregunten a ella. Que le hablen de paz. Que le hablen de paz en las calles cuando le han metido la guerra en casa

Cuando Pablo Iglesias pronunció esa frase, nadie se echó las manos a la cabeza. Tampoco cuando la suscribieron los compañeros del que a la postre sería vicepresidente del gobierno. Nadie se inmutó. Qué cosas tiene este Iglesias, pensaría alguno, pero nadie hizo nada.

Tampoco se hizo cuando comenzaron a llamar jarabe democrático a escupir y zarandear a líderes políticos. A no dejarlos hablar en universidades. Nadie se inmutó cuando hablaron de colonizar las instituciones para llegado el momento de dejar el poder, tener un sistema montado lo suficientemente fuerte como para tardar poco en recuperarlo. Controlar la justicia, la televisión pública con mano de hierro, el CNI, Interior… peccata minuta.

El tiempo ha ido tan deprisa y el consumo de información es tan efímero que todo lo que pasaba en España durante un tiempo comenzó a durar demasiado poco tiempo en primera línea informativa. El presidente y secretario general del PSOE se ha comido a la extrema izquierda de la manera en que mejor y más fácil se come uno a un espacio político, asumiendo sus tesis. También la de politizar el dolor. El suyo propio.

Sánchez ha controlado estos años el país y su partido con mano de hierro. Ha colonizado las instituciones e impuesto en el Tribunal Constitucional una mayoría que jamás le ha llevado la contraria. Ha manejado la radio televisión pública a su antojo y la Fiscalía General del Estado hasta el punto de asumir que se condene al fiscal en ejercicio. Lo va a indultar en plena precampaña, y aquí nadie va a decir nada. Y al que lo diga, se le machaca. Y al que mencione a ETA, se le pide que pase página, que ya hace mucho tiempo de aquello, mientras ve a los verdugos de su familia salir sonrientes de la cárcel. Al que hable se le acusa de enfangar, de ensuciar la campaña. De alentar a las masas. Se dice que no se puede permitir el insulto, pero lo han fomentado.

En España han pasado demasiadas cosas en demasiado poco tiempo. Vivimos demasiado rápido y profundizamos demasiado poco en las cosas. Sabemos que hay un problema con la vivienda, lo sabemos desde hace años, pero ha hecho falta que la policía desahucie con la ley en la mano a una anciana de 87 años que ha muerto para que algunos se den cuenta. ¿Hace falta que veamos la cabeza de caballo en la cama de la juez Biedma para que sepamos que ha tenido que lidiar con una mafia mientras instruía el caso de David Sánchez?

Eso es lo que de verdad debería marcar estas semanas si insistimos en politizar el dolor. Que los españoles sepan, que nosotros se lo contemos, que en Ferraz ha operado, presuntamente si quieren, una cloaca que pide eliminar jueces, que graba a sus hijos, que va a buscarles a la puerta del colegio y que contacta con criminales de profesión para que la cosa parezca un accidente. Que contemos que España se parece hoy un poco más a la Italia de los años noventa. O al Chicago de los años veinte. Aunque lo mismo alguno lo dice y se llevan las manos a la cabeza. Y hablan de ensuciar, de enfangar y de pronosticar el apocalipsis. Y se ríen cuando se compara a España con Venezuela y se les llama agoreros de la catástrofe.

No caigamos en la trampa de olvidar también esto, porque podemos estar ante el mayor escándalo de la democracia moderna en España. Amenazan con que no haya paz en las calles por el problema de la vivienda y callan ante la intención de eliminar a Beatriz Biedma. Que le pregunten a ella. Que le hablen de paz. Que le hablen de paz en las calles cuando le han metido la guerra en casa. Que politicen ese dolor que siente una madre cuando se entera de que alguien, no sabe quién, ha ido a buscar a sus hijas al colegio. Que sabía el recorrido que hacían y el parque en el que jugaban. Que politicen también ese dolor. ¿O acaso es que sólo se puede politizar el que sienten los que están a ese lado del muro?