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tribunaMariano Gomá

De inmortales, simples famosos y estúpidos

El calificativo de estúpido quizás es el más complejo de los tres adjetivos pues agrupa a una gran mayoría de personajes de la vida cotidiana que por alguna razón se han dado a conocer, la sociedad los ha encumbrado a una altura falsa o inadecuada y casi todos ellos se han creído lo que no son

Encabezo el artículo con aun hirviendo la convocatoria de elecciones que por fin ha tenido a bien Su Persona comunicarnos, y el hecho no solo desvirtúa el contenido que pretendo explicar sino que quizás lo acentúa porque espero que en España cambien enormemente las cosas, pero los calificativos que desgrano seguirán siendo los mismos, o peor.

Intentaré tratar de esos tres adjetivos calificativos tras los cuales se esconden mundos totalmente opuestos y de una gran riqueza de matices sobre todo hoy en día en que el grado de confusión de la gente interactúa e interfiere en la compresión de los adjetivos y su significado.

Para empezar para alcanzar la inmortalidad uno tiene que haberse muerto y quién la alcanza por tanto ha muerto sin tener la más mínima sospecha de que lo será. Por otra parte el ser inmortal es un asco porque serlo solo sirve para que se forren los mortales a su costa. Finalmente, si alguien tiene la suerte de alcanzar la inmortalidad en vida, su modestia jamás aceptará dicha condición sin sonrojarse y preguntarse por qué.

El adjetivo de famosos se aplica siempre a seres privilegiados en cualquier disciplina social, ya sea la cultura, la inteligencia, la política, las artes o el deporte, que alcanza una gran y bien reconocida posición y que les lleva a la cima ya sea en su ámbito o especialidad a nivel mundial. En ese adjetivo y sobre todo en el ámbito político suelen colarse paracaidistas y falsos privilegiados que casi siempre ensombrecen a las auténticas personas que sí merecen la fama.

No obstante, el famoso precisamente por su privilegiada inteligencia y superior habilidad o formación entiende perfectamente que la fama es pasajera y, como todo, periclitará con el tiempo decayendo y siendo olvidada o sustituida. También el famoso entiende que mucha gente vive y se forra a su costa, pero precisamente por eso se rodea de asesores profesionales que le protegen garantizando su futuro perdida ya la fama y si por algún azar algún famoso adquiere la condición de inmortal, normalmente ya habrá muerto por lo que ya le dará igual quién se beneficia de su historia.

Por otra parte, la fama no se les suele subir a la cabeza ni altera su humana condición básica, siendo muy conscientes de quiénes son y de su efímera condición por lo que viven su vida disfrutando con orgullo de lo que hicieron o quiénes fueron, pero si a alguno de ellos se les fuera la olla precisamente por trepas y arribistas sería la propia sociedad la que les devolvería a su lugar por aislamiento u olvido.

El calificativo de estúpido quizás es el más complejo de los tres adjetivos pues agrupa en los tiempos que corren a una gran mayoría de personajes de la vida cotidiana que por alguna razón se han dado a conocer, la sociedad los ha encumbrado a una altura falsa o inadecuada y casi todos ellos se han creído lo que no son porque su propio complejo o mediocridad y una vez situados en esa efímera y falsa cumbre de barro sí intentan alcanzar la inmortalidad, además de forma ridícula en vida, entonces les cae la colleja social que les devuelve a su realidad. También aquellos que intentan alcanzar falsa fama que no merecen o perpetuarse en una altura y dimensión en la que solo la estupidez les puede aconsejar, la propia sociedad se encarga de humillarlos, ridiculizarlos y encerrarlos en el baúl de los trastos viejos e indeseables.

Normalmente el ruido que hacen al caer es notorio y directamente proporcional a la altura a la que los medios de comunicación, la propaganda o los malignos intereses de un ambiente social degradado, indocumentado, acomplejado y perdedor, les han situado y abandonado a su suerte.

Quiero acabar este artículo haciendo un ejercicio con los sufridos lectores para que cada cual ponga el calificativo correcto según su entender a los personajes de la siguiente lista que me permito destacar.

Salvador Dalí. Pedro Sánchez. Jordi Pujol. Luis Buñuel. Pablo Iglesias e Irene Montero, que tanto monta. Anna Gabriel. Carles Puigdemont. Groucho Marx. Frida Khalo. Rafael Nadal. Jean Cocteau. Leo Messi. Ada Colau. Picasso. Laura Borrás. Ysaac Newton. Gabriel Rufián. Igor Stravinski. Marta Pascal. Richard Wagner. Donald Trump. Elon Musk. Miriam Nogueras. Serena Williams. Francina Armengol. José Luis Ábalos. Puente o el eslabón perdido. Charles Chaplin. Lady Di. … Y así hasta mil.

Apostillo que la representación terrorista en el Congreso y en la vida ni la nombro porque no son personas, son animales.

Mariano Gomá es presidente del Foro España Cívica