Viaje real a una Ceuta invadida por fragatas que no pateras
Un Rey que carece de poderes ejecutivos como en toda Monarquía Constitucional no debe renunciar a su rol de cabeza de la nación de la mano del ejemplo y de la ejemplaridad, justo aquello de lo que carece quien denigra el cargo. Y eso no lo tolera un rabioso 'Perro Sanxe', como gusta ser nombrado
Después de un viaje real demorado en exceso tras la invasión del 30 de julio por medio de la «marcha azul» de los 80.000 hijos de Mohamed VI, Don Felipe y Doña Letizia realizaron ayer su visita a Ceuta cuando la conveniencia del Gobierno así lo ha considerado. Para ello, los monarcas han debido aguardar 75 días en el que los caballas han vivido en la mayor de las inseguridades. «Una olla a presión a punto de estallar», según su presidente Juan Jesús Vivas, tras rendir Pedro Sánchez sus fronteras al sultán ante el que se postra desde el hackeo de su teléfono móvil en mayo de 2021 al detectar Marruecos la presencia en España del jefe del Frente Polisario, Brahim Gali, quien recibía atención médica en Logroño, lo que propició el asalto masivo de aquel mismo año.
Empero, al estar en su naturaleza de escorpión, Sánchez había aprovechado la víspera para efectuar la voladura controlada de la ocultación durante 74 días de que buques de guerra marroquíes se hubieran adentrado en aguas de Ceuta para escoltar esta operación de guerra híbrida guiada por la gendarmería marroquí y monitorizada por militares alauitas que penetraron de extranjis para comandar la quinta columna que desestabiliza la ciudad para hacerla invivible. En suma, un ataque en toda regla por tierra, mar y aire con soldados vestidos de emigrantes, con fragatas en vez de pateras y con drones surcando el cielo.
Aunque en España no se use la fórmula británica del Gobierno de Su Graciosa Majestad, a Felipe VI no le debió hacerle ninguna gracia desayunarse el Día de la Fiesta Nacional con esta filtración del Ejecutivo al diario gubernamental El País a la espera de verse las caras con el presidente más abucheado de la historia en el desfile de las Fuerzas Armadas. Para tal propósito, la Moncloa ha usado nuevamente la estrategia de comunicación que, en EE.UU., se denomina «viernes de la basura», esto es, sacar en fin de semana o en jornada feriada los asuntos gubernamentales más engorrosos para que su impacto quede amortiguado al estar la gente más pendiente de tareas lúdicas o familiares.
Certificando por enésima vez ser un mentiroso compulsivo, tal revelación pone de manifiesto que Sánchez engañó a la opinión pública, así como al Parlamento, al hurtarle esta incursión naval y al no desclasificar documento alguno que la mencionara, pese a proclamar aquel 3 de septiembre que había ordenado «publicar todos los informes». Después de blasonar de «absoluta transparencia para que se sepa la verdad», se valía de los corrillos de la recepción del Palacio Real para confirmar a hurtadillas un dato de esa gravedad después de haber endilgado la crisis de Ceuta a las mafias, así como a campañas de desinformación «asociadas tanto a Rusia como a Israel». Al mismo tiempo, como habitúa, culpaba a «una internacional ultraderechista que utiliza siempre la migración» contra España y Europa para dividirlas.
Al contrario de otros regímenes de opinión pública, se privó a los españoles de esta grave contingencia para que el dato no matara el relato del Gobierno sobre una invasión que rebajaba a «crisis migratoria», luego de manifestar Sánchez antes de marcharse al Palacio de la Mareta de vacaciones que se trataba de una violación de la integridad territorial de España, para no molestar a Marruecos. De hecho, se difirió esa comunicación hasta el jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas, lo que ahora se utiliza para restar importancia a lo ocurrido. Cosas que pasan cuando se comunica al instante cualquier intervención de ese jaez de los militares españoles desplazados a otros países.
Como era evidente, 80.000 personas no se mueven por Marruecos como Pedro por su casa sin ser divisados por sus servicios de seguridad a 20 kilómetros del lugar donde Mohamed VI festejaba la Fiesta del Trono ni tampoco por los espías españoles que retrataron a los gendarmes custodiando los convoyes que transportaban a los acarreados. Todo ello para darle a Sánchez su dosis de refuerzo por reunirse con el primer ministro argelino y por tramitar, a instancias de Sumar, la naturalización de los descendientes del antiguo Sáhara español contra el que su padre lanzó la «marcha verde» en 1975 durante la agonía de Franco y con don Juan Carlos como jefe de Estado en funciones.
Sin embargo, con más miedo que siete viejas, aunque lo disimule con aire pendenciero y matón, Sánchez ha debido ponderar, al cabo de estos 54 días de bulos desplegados por doquier, que mejor anticiparse a la juez de la Audiencia Nacional, María Tardón. No en vano, la magistrada atesora dosieres que demostrarían que el Centro Nacional de Inteligencia, la Guardia Civil, la Policía y las Fuerzas Armadas sí informaron de la irrupción sin que el Gobierno decidiera actuar por razones que mueven a la sospecha. DE hecho, a diferencia de la Comisión Europea y de su Parlamento, ni el Gobierno español ni las Cortes han condenado el asalto a Ceuta para soslayar la responsabilidad de Marruecos tras encomendársele estúpidamente la custodia de su fachada sur.
Pero el disparate ha adquirido visos de parodia al volverse contra Sánchez como un bumerán su sesgada desclasificación de papeles cifrados infligiendo el daño colateral de desnudar a los servicios de Inteligencia españoles ante terceros países. Un error mayúsculo de quien, por sistema, trata de arroparse dejando sin manta a quienes preservan el Estado al no haber otro que el suyo propio.
El presidente del «¡Pregunten a Vivas!» se ve así comprometido tras ser pillado nuevamente haciendo trampas como con su butrón a la ley de nietos paralizada por el Tribunal Supremo con el argumento inapelable de que, por encima del derecho al voto de los nuevos nacionalizados, debe prevalecer la limpieza en el censo al ser «un valor supremo del que deben despejarse las más mínimas dudas de irregularidad». Pero Sánchez va de trampa en trampa hasta ver si evita su derrota final mientras reclama con desespero el auxilio del presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido. Diríase que casi con los tintes de comicidad de aquel ochentero anuncio televisivo «Rupert, te necesito» con el que el peluquero de las estrellas se catapultó a la fama junto a la actriz Victoria Abril. No en vano, con su enlodada toga, ha quedado para justificar en Derecho cualquier tropelía de Sánchez, y más cuando este se juega el ser o no ser en unas elecciones plebiscitarias con las que entronizarse autócrata.
Dado el éxito cosechado ayer por los Reyes ante una población huérfana de quienes representan la nación, al igual que la Cataluña constitucionalista del 1-0 de 2017 a la que también supo dar calor con su acogedor «no estáis solos», no hay que descartar que Sánchez no se lo perdone a Don Felipe al padecer el síndrome de la madrastra con Blancanieves. Un Rey que carece de poderes ejecutivos como en toda Monarquía Constitucional no debe renunciar a su rol de cabeza de la nación de la mano del ejemplo y de la ejemplaridad, justo aquello de lo que carece quien denigra el cargo. Y eso no lo tolera un rabioso «Perro Sanxe», como gusta ser nombrado.