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El astrolabioBieito Rubido

Cuando la izquierda es propietaria

La hipocresía de la izquierda que cuestiona la propiedad privada mientras sus dirigentes y referentes disfrutan de un patrimonio inmobiliario que no quieren para los demás

A mí no me parece mal que Almodóvar posea un buen número de propiedades inmobiliarias, o el Gran Wyoming. Por no parecer mal, no me irrito porque Pablo Iglesias, el que nunca abandonaría su piso de Vallecas, disfrute ahora en Galapagar de un casoplón con parcela de gran dimensión. Es que yo defiendo justamente eso, que la gente pueda poseer un patrimonio de la índole que sea. Sin propiedad no hay libertad. Sobre ello teorizaron desde Santo Tomás de Aquino hasta Rousseau, pasando por Locke. Este último mantenía que era legítimo y hasta sano para la sociedad que el ser humano aspirase a la acumulación legítima de recursos. Lo que algunos llamaban la Santa ambición. Y es que, sin ambición, el mundo no se mueve, se paraliza.

Por todo ello, entiendo a los simpatizantes y militantes de la izquierda que poseen pisos, casas, parcelas y cuentas bancarias bien nutridas. Lo que quiero para mí, lo defiendo para los demás. Lo que me irrita es la hipocresía de la izquierda española. El papelón de Montse Mínguez, portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, va a centrar más la campaña que la pobre Mari Carmen, 'Paquita' para los Bardem. Lo que me indigna es la permanente manipulación de la sociedad con mentiras, bulos y campañas que, desde luego, se les están volviendo contra ellos. Cada día que se mantiene el secuestro del territorio urbano con la acampada de Sol, son decenas de miles de votos que pierde el PSOE. Un partido, por otro lado, incapaz de defender la integridad física de Ceuta o la libertad de movimientos en el corazón de Madrid.

El PSOE que lidera Sánchez ha renunciado a la racionalidad y a la capacidad argumentativa. Vive en la agitación. El riesgo es que, para que la agitación termine triunfando, hay que estar muy limpio, hay que ser muy coherente. Si la gran parte de la cúpula socialista posee más de una vivienda, algo legal y legítimo, no puedes alentar una campaña contra la propiedad, porque al poco tiempo te explota en la cara.

España es un país de propietarios. Los españoles poseemos un sentimiento atávico con la propiedad. Que se lo digan a los votantes del PNV y Junts. Sabemos que ello es una prolongación de nuestro libre albedrío. En muchas ocasiones, ese espacio de independencia que hoy es la propiedad nos otorga la capacidad de no depender de otros, ni siquiera del Estado.

Insisto, no voy a demonizar por poseer varias viviendas o lujosas estancias a Bardem, ni a Almodóvar, ni a Monzón, ni a Pablo Iglesias, ni siquiera a la pareja de la muy sanchista Montse Mínguez. Me subleva y altera su demagogia, eso sí, su hipocresía, su envidia, su alma negra que no quiere para los demás lo que ellos poseen. Me escandaliza que nos nieguen la libertad de la que ellos disfrutan al contar con posesiones de toda índole. Viejo tic de la izquierda más casposa y reaccionaria. Por eso vuelven los fantasmas del pasado; los alienta Sánchez y el farsante e impostor grupo que lo secunda. No les mueve ninguna idea altruista ni vocación alguna de solucionar los problemas de los demás. Se aprovechan de las miserias de los más desfavorecidos, pero ellos solo aspiran a permanecer en el poder a cualquier precio. Es la prosaica y mezquina mirada corta de quien no tiene nada que ofrecer salvo su egoísmo.