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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Hay tanto bueno que cuesta un riñón elegir

La relación de aspirantes presenta una calidad de ensueño, que nos ilusiona a todas y todos; raro será que esta vez no asaltemos los cielos

En la izquierda a la izquierda del PSOE, eso que la fachosfera y los fondos buitres llaman «la extrema izquierda», estamos muy ilusionadas e ilusionados con nuestro nuevo proyecto, el Frente Amplio. El nombre que hemos elegido para nuestra enésima reencarnación es súper guapo y además se atiene a una característica histórica de nuestra secta: indica lo contrario de lo que en realidad va a pasar. Camaradas y camarados, al final siempre ocurre lo mismo. El Partido Comunista se disfrazó de «eurocomunista» para intentar camuflar su infame historia y su olor a naftalina. Izquierda Unida siempre estuvo desunida. Podemos nunca pudo. Sumar acabó restando. Y el Frente Amplio es en realidad el frente chico de los restos del naufragio.

Pero compañeros y compañeras, como decía uno de nuestros iconos, el brutal fusilador y contumaz homófobo Che Guevara: «La revolución es como una bicicleta, si dejas de pedalear se cae». Así que ante el 29-N de nuevo vamos a por todas. Pero esta vez con un equipazo de «muchos quilates», que diría Zapatero. Cuesta un riñón elegir un candidato, candidata o candidate como cabeza de cartel para pelear por la Moncloa, porque el nivelón de los aspirantes impresiona:

–Mónica García, amarrategui de escaños. Incompetente ministra polvorilla de Sanidad, ha puesto a los médicos en pie de guerra, ha hecho el ridículo en Ceuta, no ha sabido frenar los desabastecimientos de algunos fármacos y dedica el meollo de sus esfuerzos a promover la salvajada del aborto como si fuese la fiesta happy de «los derechos». En la Escala Jeta alcanza un nivel 9 con su exigencia de ir en las listas de las generales tras haberse postulado hace solo unos meses como candidata en la Comunidad de Madrid. ¿Qué busca en realidad García? ¿Qué es lo único que le interesa en esta vida? Garantizarse un escaño como sea para seguir chupando del bote y no volver al hospital.

–Juan Gabriel Rufián, el separatista españolazo. Rufi ha recuperado en el Congreso el estereotipo del chulo de discoteca de toda la vida. Se trata de un supuesto independentista, de ancestros andaluces, que si lo hiciesen abandonar Madrid y volver al paraíso identitario le daría un jamacuco. En la Escala de Jeta está en un 10, pues tras pasarse la vida impartiendo lecciones perdonavidas desde el Congreso ha tragado encantado con todas las ruedas de molino y golfadas del sanchismo. Es a la alta política lo que Arévalo a la comedia sofisticada.

–Irene Montero, hacendada serrana y populista charo-choni. Gran feminista (enchufada por su pareja a puro dedazo machista para iniciar su carrera política). Cantamañanas sin complejos, que criticaba a «los ricos de los áticos» y lo primero que hizo en cuanto se vio con un escaño fue comprarse un chaletazo con piscina naturalizada y jardín (y exigir una garita de picoletos en la puerta). Fue la ministra jurídicamente enajenada que liberó a casi mil violadores y la que intentó dar por superado el sexo biológico como una antigualla reaccionaria. En la actualidad, mantiene al gandul tabernero Pablete con su bicoca de eurodiputada, aunque pasa el triple de tiempo conspirando en Madrid con Ione que en Bruselas. Puntuación en la Escala Jeta: 10.

–Ada Colau, la alcaldesa de los récords. Tiene un mérito enorme, pues es científicamente imposible hacerlo peor. Activista antidesahucios, con ella el precio de los alquileres subió un 54,6% en Barcelona y las okupaciones, un 22,4%. Los hurtos aumentaron un 54% y las violaciones se duplicaron. Este espectacular historial la convierte en una de las aspirantes más destacadas a liderar el glorioso Frente Amplio, la madre de todas las sectas. Puntuación EJ: 9.

Por si todo lo anterior falla, además tenemos más banquillo que don Luis de la Fuente:

Yoli Díaz, la puñales de Fene y Houdini de los fijos discontinuos. Iglesias Turrión, el vicepresidente que logró trabajar menos que la moqueta de su despacho. Ione Belarra, cero horas en una empresa y ministra de la nada con solo 34 años, gracias a ser la compi de chupi-pandi de Ire. Íñigo Errejón, prejubilado por sus entusiasmos salaces. Ernesto Urtasun, pomposo nacionalista catalán encantado de haberse conocido y nieto de un falangista navarro de duro pasado bélico. El profesor Monedero (huelgan comentarios). Sira Rego, que todavía no sabe exactamente de qué es ministra. O Alberto Garzón, ya de vuelta en su hábitat natural, las tertulias de la tele, de donde nunca debió haber salido.

Si esta vez no asaltamos los cielos, poco le va a faltar. Créanme, hay equipo.

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