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VertebralMariona Gumpert

Hasta para robar hay que valer

Para manipular resultados electorales no es necesario intervenir en todas y cada una de las urnas, basta con hacerlo de forma estratégica. Esto se puede lograr de dos maneras: con el voto por correo y con el voto CERA

«Mis abuelos se conocieron en la cárcel», suelto de vez en cuando, muy seria. Me divierte ver la cara que pone la gente, que en dos segundos ya se ha montado la película: represión, posguerra, cartas a escondidas. Nada de eso. Mi abuela vivía en una cárcel de Valencia porque su padre era el director, y mi abuelo, médico recién licenciado, hacía allí la mili pasando consulta a los presos. Entre receta y receta, la fichó.

Lo de la cárcel da para una novela de anécdotas. Mi bisabuelo procuraba conocer a los presos y echarles una mano. Se hizo amigo de un carterista finísimo que le contó cómo había aprendido el oficio: practicando con un maniquí que llevaba la ropa cosida de cascabeles. Paciencia de orfebre. Que te birlen la cartera es una guarrada, desde luego. Pero, puestos a elegir, me quedo con el manilargo de toda la vida. Al menos no te saca un machete ni te escribe con membrete de la Agencia Tributaria.

El PSOE es un carterista de primera, mucho más sofisticado que los caciques de la Restauración, que amañaban las urnas a la vista de todos. Y, al menos, con vistas a turnar gobiernos en nombre de lo que ellos consideraban bien común. El PSOE prefiere ir cambiando las reglas de la partida, como quien no quiere la cosa, para llegar a un momento en el que no les quede margen de reacción a sus adversarios. Lo hemos pillado in fraganti, gracias, entre otros, a la valiosísima investigación de Isabel Durán sobre el voto DGT y la Ley de Nietos. La pregunta es si llegamos a tiempo. Veamos.

Para comprender bien la cuestión, hay que atacarla por varios frentes. En primer lugar, ser conscientes de que hay entre cinco y diez circunscripciones electorales que se juegan por menos de 2.000 votos. Para manipular resultados electorales no es necesario intervenir en todas y cada una de las urnas; basta con hacerlo de forma estratégica. Esto se puede lograr de dos maneras: con el voto por correo y con el voto CERA.

La estrategia del voto por correo es una versión moderna de los «lázaros» de la Restauración, aquellos muertos que seguían votando. Hoy sería más sencillo: bastaría con fijarse en quienes no suelen ir a votar y hacerlo por ellos. En distritos escogidos con precisión quirúrgica, para que no cante el asunto. Todo son suposiciones, claro. Lejos de mí cuestionar la centenaria honradez del PSOE.

Ley de nietos y voto CERA. No haría falta comprar el voto de los nacionalizados allende los mares: bastaría con facilitar los trámites donde se vota socialista y ponerlo difícil en los países donde predomina el voto al PP. Y, para rematar, la misma técnica que en el voto por correo: votar en nombre de quienes nunca lo hacen. Apañado: un resultado ajustado, pero favorable a tu partido.

Esto por lo que respecta a las estrategias a corto plazo. Hay que tener amplitud de miras. No es necesario inventar leyes que regalen nacionalidades si ya existe una que la concede a los hispanoamericanos que residan de forma legal en España durante dos años. El efecto llamada existe, desde 2020 llegaron a España la mitad de los extranjeros que viven aquí. A los extranjeros les encanta presumir en sus redes sociales que en aduanas no cuestionan sus «viajes de turismo» y lo sencillo que resulta conseguir tarjeta sanitaria y educación pública. Algunos hacen de la proporción de información y ayuda con los trámites legales su forma de vida.

La regularización de Sánchez ha supuesto el pistoletazo de salida para muchos de ellos para obtener la nacionalización en un par de años. Antes de las elecciones posteriores a la legislatura que comenzará en 2027. Dato curioso: las provincias donde se juegan escaños por pocos votos son donde más personas nacidas en el extranjero viven. Para las nacionalizaciones de africanos y asiáticos hay que esperar un poco, pero no más de diez años. Jugada maestra. Pues, ¿a quién votaría usted, a quien le facilitó la entrada o a quien reivindica como necesaria su salida?

Uno de cada tres residentes españoles de entre 20 y 39 años es extranjero. La edad en la que uno forma familias. Somos más, de momento. Pero tenemos menos hijos. Por muchos motivos, pero tenemos menos. Es decir, a largo plazo la situación no sólo no se arreglará, sino que se agravará. Por eso nos jugamos tanto en estas elecciones: vayan a votar, por favor.