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El astrolabioBieito Rubido

Gabilondo sigue sin explicarse

El desmedido interés del sanchismo por esta cuestión, hasta el punto de forzar al pobre Ángel Gabilondo a semejante aberración jurídica, es la parte más sospechosa del proceso

¿Cuántas solicitudes de amparo llegaron al Defensor del Pueblo para que se ocupase de la ley de nietos y recurriese al Constitucional? No lo sabemos. Lo que es peor: la institución no ofrece ninguna explicación. El mismo oscurantismo que rodea el interés desmedido del sanchismo por sacar adelante este proceso acompaña ahora al comportamiento de Ángel Gabilondo, cuya biografía va a quedar manchada por una sobrerreacción, bastante impropia de un organismo que está atendiendo el interés de unos señores que todavía no son españoles. Los más diversos juristas encuentran este comportamiento como algo anómalo. Yo lo siento por Gabilondo, porque no se merece manchar su hoja de servicio público con esta indignidad.

Solía dudarse acerca de la capacidad que la figura del Defensor del Pueblo podría tener para influir en la vida política de España. Ahora ya no hay ninguna duda. Contra su propia opinión, si nos atenemos a lo que le dijo a nuestra compañera Isabel Durán sobre la incapacidad del organismo para entrar en causas que están sub iudice, Gabilondo ha optado por significarse, y de qué manera. Su competencia no debería ser un galardón a una carrera, sino el encargo de ejercer una responsabilidad. Traiciona, por tanto, la confianza que los ciudadanos depositamos en él. No está defendiendo a ningún español: nos está agrediendo a la mayoría que exigimos unas elecciones limpias.

Esta ley de nietos que manipuló Sofía Puente, modificando un párrafo del texto legal, va a permitir que personas que no conocen una determinada localidad puedan variar la relación de fuerzas políticas contra el interés de los propios ciudadanos de derecho de ese ayuntamiento concreto. Se da incluso la paradoja de que los sufridos cubanos –a quienes no les dejan votar en su país– van a poder hacerlo en España. Cubanos que, de ser verdadera su papeleta, si no hay pucherazo de por medio, nunca votarían a un partido de izquierdas o comunista.

El desmedido interés del sanchismo por esta cuestión, hasta el punto de forzar al pobre Ángel Gabilondo a semejante aberración jurídica, mientras desoía las quejas de padres catalanes y víctimas del terrorismo, es la parte más sospechosa del proceso. Si tenemos en cuenta que este sanchismo es el que alentó unas cloacas en las que amagaron con agredir a la juez Biedma, acosaron hasta la extenuación a Peinado y cuestionan al Tribunal Supremo… pues haga el lector la cuenta y llegará a un resultado. Seguro que da miedo.