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El ojo inquietoGonzalo Figar

Democracia 21: no se enteran

Aquí no hay dos polos iguales que se niegan a entenderse. Aquí hay un Gobierno que ha amnistiado a quienes dieron un golpe contra la Constitución; que pacta con comunistas, con independentistas y con los herederos de ETA; que coloniza las instituciones y que llama fachas a media España

Supongo que a estas alturas todos ustedes han oído hablar de la última ocurrencia de la política española: Democracia 21, el nuevo partido de Miriam González, mujer de Nick Clegg. Les resumo rápidamente lo que (dice que) ofrece: regeneración democrática, superar los viejos marcos de izquierda y derecha, limpiar y modernizar España, bajar impuestos sin que se resientan los servicios públicos, una inmigración sensata que sea un activo para el país, recortar de golpe el 90% de los asesores y un código ético para el Gobierno. Y todo ello anclado en una especie de lema, «lo arreglo», que apela a la mentalidad de solucionar problemas en lugar de andar tirándose los trastos a la cabeza.

Vaya por delante que nada de esto me parece mal. El problema es que casi todo son lugares comunes vacíos. ¿Quién no quiere regenerar la democracia? ¿Quién se va a oponer a limpiar España, a bajar impuestos sin que se resienta la sanidad o a tener una inmigración que sume? ¿Quién no quiere arreglar problemas? Son frases grandilocuentes que suenan muy bien, pero que no concretan nada; puro wishful thinking.

Lo poco que sí se concreta ya está presente, de una forma u otra, en los programas del PP o de Vox. Y lo que no está ahí ya lo vendieron UPyD y Ciudadanos, con el mismo envoltorio de regeneración y transversalidad, y con el mismo final infeliz. Entonces, me pregunto, ¿qué aporta de nuevo Democracia 21? ¿Para qué sirve?

Pero, más allá de sus propuestas, lo que de verdad me preocupa es lo poco que parece enterarse Democracia 21 de lo que está pasando en España. Todo el discurso de Miriam González rezuma un aire de tecnocracia mal entendida, con un punto de prepotencia bastante evidente. Es el aire de quien viene de fuera, de Londres y de los despachos internacionales, y llega convencido de que los problemas de España son técnicos. Que lo que falla es la gestión pura y dura, y que basta con poner a gente con habilidad y competencia (a ellos) para que todo funcione. De ahí lo de «lo arreglo».

No diré yo que no hagan falta mejores gestores de lo público, pero creer que ése es el principal problema de España ahora mismo es no enterarse de nada. El problema de España es una decadencia moral, económica e institucional mucho más profunda; una decadencia fruto de un relativismo que ha desterrado la verdad y el bien como principios; de un colectivismo identitario que enfrenta a unos grupos contra otros; de un estatismo que da por hecho que lo público es bueno y lo privado malo; de un resentimiento que castiga a quien tiene éxito; y de un emotivismo que juzga las políticas por sus intenciones y no por sus resultados. Todo esto no lo arregla ningún gestor, sino valores claros, ideas prácticas y coraje.

Pero, claro, como para estos tecnócratas todo es cuestión de gestión, la culpa acaba siendo de todos por igual. Y de ahí nace la segunda cosa que me preocupa de Miriam y su pandilla: la equidistancia. En su presentación, González advirtió de que España no puede seguir con «dos bloques férreos sin nada que favorezca consensos». Ya antes había asegurado que no ve «una diferencia real en la forma de gobernar» entre la derecha y la izquierda.

Vamos a ver. Aquí no hay dos polos iguales que se niegan a entenderse. Aquí hay un Gobierno que ha amnistiado a quienes dieron un golpe contra la Constitución; que pacta con comunistas, con independentistas y con los herederos de ETA; que coloniza las instituciones y que llama fachas a media España. Un Gobierno que ha hecho de la mentira y del odio la base de su acción política. Señores de Democracia 21, aquí no hay equidistancia que valga: u os dais por enterados de que hay un bloque, el de la izquierda y los independentismos, que quiere reventar el sistema y reventar España, o, simplemente, estáis a por uvas.

Ese bloque lleva ocho años, por la gracia de Pedro Sánchez, arrasando España y, al fin, tenemos una oportunidad única de librarnos de él el 29 de noviembre. Para aprovecharla, es fundamental que el no-sanchismo no se divida aún más. Por esto, el momento que han elegido los de Democracia 21 me parece la peor de sus decisiones. Lanzar un partido nuevo a menos de dos meses de estas elecciones demuestra una falta de juicio político difícil de exagerar. O no saben lo que nos jugamos, lo cual es grave, o lo saben pero les da igual, lo cual es peor.

Sus aires tecnocráticos, su equidistancia y el momento elegido demuestran una falta profunda de criterio político, de pulso y de comprensión de lo que está pasando en España. Y un partido que no se entera de dónde está no está preparado para nada, salvo para molestar.

Todo esto lo digo con pena, porque Miriam González me cae bien. Creo sinceramente que tiene ganas de aportar a España y que puede hacerlo. Pero su sitio, ahora mismo, no está en la arena electoral. En 2023, Miriam montó «España Mejor», una plataforma para que la sociedad civil proponga ideas y empuje a los partidos a la acción. Ahí es donde suma, y ahí es donde la necesitamos.

Basta de ocurrencias. A aplastar a Sánchez.