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20 de julio de 2024

Cartas al director

Uso, mal uso y abuso de los móviles

En 2019, el neurocientífico francés Michel Desmurger publicó un ensayo extenso, documentado y argumentado, titulado «La fabrique du crétin digital. Les dangers des écrans pour les enfants» (ed. du Seuil, París). Este ensayo es una llamada de atención, que nos invita a reflexionar sobre el uso, mal uso y el abuso de las pantallas: televisores, videoconsolas, ordenadores, tabletas y la reina de las pantallas, los teléfonos móviles. Y este libro va dirigido a padres, profesores y autoridades, preocupados y ocupados por la educación de sus hijos, alumnos y ciudadanos.

A pesar de la gravedad e importancia del daño que causan las pantallas, no se han tomado medidas y el daño causado por las mismas ha continuado agravando los desaguisados. Basta con observar el comportamiento de adultos, jóvenes, adolescentes y niños en cualquier momento y lugar: todos están pegados a sus pantallas, ausentes y alejados de los demás seres humanos, con los que comparten tiempo y espacio. Y esta dependencia de las pantallas deja a los usuarios cada vez más aislados y solos. Por eso, podemos preguntarnos si las personas se conectan a las redes sociales porque se sienten solas o, por el contrario, permanecen aisladas y se sienten solas porque están conectadas a las redes durante demasiado tiempo.

Ante esta pandemia de las pantallas y ante los estragos que causan, sin que nadie mueva un dedo para hacerles frente, un alcalde, el nuevo Astérix de la aldea gala de Seine-Port (2.000 habitantes), situada al sureste de la región parisina, ha decidido tomar las armas para resistir a la peligrosa invasión de los teléfonos móviles. Para ello, organizó un referéndum para decidir si se restringía o prohibía el uso de teléfonos móviles en lugares públicos (mientras se camina por la calle, mientras se está sentado en un banco público, se está en una tienda, cafetería o esperando al niño a la salida de la escuela, etc.). Los partidarios de la prohibición obtuvieron una mayoría.

La aplicación de esta decisión es una medida simbólica: no habrá denuncias ni sanciones y dependerá de la «buena voluntad de los administrados». Ahora bien, las autoridades municipales confían en que los vecinos vigilen mucho más cómo utilizan los móviles y, sobre todo, prediquen con el ejemplo a sus hijos. Las pantallas no pueden ser los canguros de los hijos. Estos lo que necesitan de sus padres es tiempo y que les marquen límites, algo a lo que, en general, los progenitores no están dispuestos. Si no lo hacen, la guerra contra los móviles está perdida.

Manuel I. Cabezas

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