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Cartas al director

Peones de confianza de Sánchez

Pedro Sánchez creyó que con sus dos peones de confianza, Pumpido y García Ortiz, al mando el uno del Constitucional y el otro de la Fiscalía, ya tenía al Poder Judicial estabulado y con crotal. Pero está siendo que no. Por fortuna para España, para nuestros derechos y nuestra Constitución. Los creía cabestros y le tienen al uno empitonado y al otro con ya un aviso de que ande con cuidado y no le den los tres y le manden el toro al corral. Así que ahora están los dos metidos en el mismo burladero y viendo como se pueden arropar el uno al otro. El fiscal imputado busca que el de la toga manchada venga al final en su socorro y como ha hecho con la reata de los ERE lo declare, por gracia de la presidencia sanchista, limpio de polvo y paja. Y el togado de los lamparones recurre ahora al del banquillo cercano para que le designe escribanos amansados para defender lo que nada menos que cinco letrados, de diferentes ganaderías encima, han dicho que es indefendible y aún peor, que pretender impedir a los jueces recurrir a la instancia europea puede constituir ya un delito con solo haberlo intentado.

Sánchez y Pumpido han utilizado el Constitucional como lavandería de los cienos que quieren convertir en vestidos blancos de novia para que la boda, con Zapatero de alcahueta delegada, permita al primero quedarse para siempre en la Moncloa.

Habían comenzado por el inmenso dineral malbaratado y malversado cuando convirtieron Andalucía en su cortijo y tienen ya previsto hacer lo mismo con los separatistas catalanes, a quien después de indultarlos y amnistiarlos, quieren otorgarles también bula para seguir robando. Pero los jueces se han plantado. Les han dicho que «nones». Desde los más humildes, pasando por las Audiencias hasta llegar al Supremo, que es ya la instancia máxima y la última sentencia que no hay otro remedio que cumplir.

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