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Cartas al director

Permisos

«Todo hombre es rico o pobre según el grado en que pueda gozar de las cosas necesarias, convenientes y gratas de la vida». Adam Smith

Debemos reconocer que estamos mejor que hace 200 años, que, muchos, no todos, hemos escapado del hambre, de la enfermedad y la pobreza. Y de ciertas condiciones de trabajo.

Hay muchas maneras de luchar para que cada vez seamos más.

Cuando accedí a trabajar como médico de APD, mi jornada era de veinticuatro horas al día, trescientos treinta y cinco días al año.

Era lo que había.

Circunstancias que reconoció y premió nuestro amigo Guillermo cuando se trató de valorar méritos para la carrera profesional.

Los que aprobamos las oposiciones del 82, estuvimos de doce a quince años sometidos a draconianas normas. Los pacientes y la mayoría de alcaldes eran los que mandaban, lo comprendían y en general el nivel de consideración a sus médicos era elevado. Pertenecíamos, por si no lo saben, al Ministerio de Gobernación.

Después vinieron Sánchez de León, Sancho Rof, el del bichito, y otros que fueron poniendo parches a esta insostenible situación.

A día de hoy, jubilado, y juzgando siempre con los criterios del momento en el que se desarrollaban las cosas, repaso el largo y accidentado viaje que nos tocó vivir a los socorridos médicos de cabecera.

Hasta la fecha de tu boda tenías que negociar.

Ahora, cuando oigo a la ministra de Trabajo, que quiere ampliar los permisos por fallecimiento hasta diez días y la creación de un nuevo permiso para cuidados paliativos, estoy tan deformado por antiguas obligaciones que pienso si la ministra lo que quiere es que no trabajemos.

Tengo un amigo albañil y otro pintor que no pueden trabajar porque sus ayudantes han sido padres y están «de permiso». A mi alrededor mucha gente cobra algo y no quieren trabajar. Ni nadie les obliga.