Cartas al director
De las pensiones, o cómo marear la perdiz
Me parece muy elocuente la coincidencia en la forma de abordar el problema de la escasez de vivienda y el del futuro de las pensiones, en esta llamada 'sociedad del bienestar'.
No hay casas. Pero, apenas se hacen más. Castiguemos a quien las tiene. Repartamos las que hay.
No nacen cotizantes bastantes. Para qué, con el lío que dan.
Tampoco queremos inmigrantes. Se aprovechan de nosotros, son demasiados y hablan mal.
Pensionistas hay de sobra, les cuesta morirse y viven más.
Aumentemos su vida laboral. Que ahorren desde niños para cuando lleguen allá, y no tengamos tanto que abonar. Reduzcamos con disimulo su paga, aunque poco, que es subsidio familiar. Al menos, mientras todavía puedan votar, que son muchos y nos pueden echar.
¿Hasta cuando se podrá aguantar?
¿Por qué no quitarles el voto a partir de una edad? Tampoco lo tienen los jóvenes hasta que la ley dice cuando se les va a dar.
¡Pensionista, que te aferras a la vida, egoísta y vividor a costa del trabajador! Eres una carga demasiado pesada para soportar. ¿Por qué no te quieres ir ya? ¿Te tendremos que matar?
¡Pero, qué barbaridad!
¿Acaso, no lo es más eliminar la vida del niño en las entrañas de mamá?
No mareemos más la perdiz, defendamos la vida desde el principio apoyando la natalidad, y hasta su final natural. Es amor, riqueza y, sobre todo, humanidad.
Y hagámoslo antes de que nuestro egoísmo nos someta, y la Ley de la Selva se imponga sin piedad. Que luego es muy difícil dar marcha atrás.